Soy como una nube de metal
que en lugar de flotar
vuela hundiéndose
pero quiero respirar de su humo.
El mismo equilibrista que se tropezó
justo cuando no había red
habiendo ensayado el número
más de cien malditas veces.
El silencio de la noche
a los que algunos miran perturbados
pero lo miro y me hace sentir
que existo. Por lo menos.
Existo. Todavía.
No sé cómo
ni el porque
pero aún existo.
O eso pensaba yo.
O eso pensaba yo.
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