martes, 22 de agosto de 2017

El funeral


Día 79: El funeral

Hoy es el día del funeral.

Te veo alejarte a kilómetros,
me veo fuera de control.

Con la pausa en sus labios
pero la rabia también.
La angustia en mis ojos
la indiferencia en los de él.

Lluvia ácida
intentos frustrados
que terminan en nadie;
otra vez estoy abrazando a la almohada.

Hoy es el día del funeral.

¿Pensabas que no lo recordaba?

lunes, 21 de agosto de 2017

Día 78.1: Vale

Tu sigue leyéndome 
para luego bloquearme
para luego irte de mi vida 
y que viva la libertad de expresión
y que a los ángeles como tú
les arranquen las alas.

Día 78: Ojalá

Ojalá me echarás de menos. Ojalá alguien me echara de menos. Ojalá no quisiera morir hoy. Ojalá pudiera levantarme de la cama. Ojalá estuvieras pensando en llamarme justamente ahora. Ojalá yo no estuviera pensando en que lo hicieras. Ojalá algo de todo esto fuera cierto. Ojalá no fuera mentira. Ojalá esa cuchilla no cortara. Ojalá la sangre no manchara.

Ojalá mi soledad se evaporara y dejara de sentir que soy solo un trámite por el que ya has pasado. Ojalá supiera salir del bucle. Ojalá no me tuviera más miedo a mí que a ti. Ojalá alguien le hubiese dicho a tu yo de hace cinco años que no era buena idea.

Ojalá esos ojos que miran con rabia no fueran tus ojos. Ojalá tus contradicciones fueran declaraciones de amor.

Ojalá no fuera solo un estorbo en tu vida.

martes, 15 de agosto de 2017

Dia 77.1: 04.57

Me preguntaran mil veces el porque y probablemente la mitad de ellas les mienta. Igual que me intenté anticipar mil veces a esas curvas pero justo cuando pensaba que todo estaba bajo control es cuando me estrellé.
Rota en pequeños pedazos. No consigo recomponerme. No me quiero ver.

Estoy fumándome el quinto porro de buenas noches. Tomándome el tercer diazepam de buenas noches. Buscando un resquicio de tu olor en la almohada y nadando en fracasos. Muriéndome de frío entre los brazos del fantasma de aquello que solías ser tú. Vaciándome el pecho porque si no explotará. Intentando olvidarte o si no explotaré. Quizás si entendiera dónde está exactamente el punto medio y aprendiera a respirar todo cambiaría su lugar en el mapa, pero hoy soy solo un punto más andando hacia ninguna parte. La fuga de lo inestable. Cuando la grandeza comporta inseguridad y la inseguridad la angustia de estar solo de por vida. Y tú qué te pensabas que alguien podría igualarte. Y tú qué te pensabas que no serias solo tú.

En el desierto solo hay sed, como en mis párpados. Dudas. Intentos de volver a volver a olvidarlo. A olvidarte. A olvidarnos.

Para siempre es solo una frase que significa hasta que mañana me canse. Con el tiempo se aprende, dicen que te enseña. A mí me golpea pensándose que así me va a ayudar y yo solo grito y grito y grito y grito. Hasta que el dolor calma despacio mi sed de más. Morir en unos brazos que no sean los tuyos para poder resucitar.

Todo al rojo por su verde. Todo mi odio un quiero y no. Llantos y maullidos. Cicatrices. No soy yo.
Porque no se ni quién soy yo.

Día 77: La primera muerte

— Si ya sabes bien que no te quiere ¿a qué aspiras? ¿quieres ser un comodín toda tu vida?
— Quiero que me quiera. Tener un hombro en el que apoyarme cuando todo vaya mal. No pasar sola el huracán.
— Eres patética.
— Lo sé. Demasiado bien.
— Ese huracán te llevará con él porque es lo que quisiste desde el principio.
— Nadie quiere algo así.
— Por eso no eres nadie. Por eso nunca lo serás. ¿Hacia dónde te crees que caminas?
— Ese acantilado lleva su nombre. Todavía me queda lo peor.
...
— Solo dime, ¿por qué lo has hecho?
...
— ¿Estás ahí?

lunes, 14 de agosto de 2017

Día 76.1: He sido un accidente

Soy la del redbull con diazepam. La de los porros bien cargados cuando intenta no pensar. La del jaggerbomb sola en casa y el café con el chorrito de baileys cuando siento que te echo de menos más de lo que debería. La del tramadol antes del chupito de tequila, la de los sueños que nunca se cumplirán, supongo que esa soy yo. Eh, tú ¿qué tal?

Hoy tengo que agradecerle a esta Cheese Kush el ayudarme a evadirme. A morirme estando viva durante unos segundos y después volver como si no hubiese pasado absolutamente nada. No sé si quiere paz o quiere guerra, pero mi otro yo parece enfadado consigo mismo. Le ha contado a una de nosotras que a veces ve una pequeña luz detrás del túnel pero nunca alumbra tanto como la tuya, y eso la va corrompiendo por dentro hasta que, no se, ¿hasta qué? Tengo que agradecerle a esta Black Sugar el estar anestesiandome para que tu puta voz me deje morirme en paz. O vivir en paz. O ahogarme en paz. Solo intento refugiarme.

No lo entenderían, sabía que no lo entenderían.

Déjame que siga masturbando mi odio como si mañana no existiera y alimenta esta rabia con más rabia cada vez que mi crisis te lo permita, róbame el oxígeno; te lo regalo. Camino sobre la nada, hasta que me doy cuenta de que es la nada y me caigo en los brazos de nadie, hasta que me doy cuenta de que no es nadie y me caigo. Sin protección ni red. Pero sigo caminando en la cuerda floja a ver si consigo descifrar el sentido de mi muerte, de este invierno anticipado, de esta lluvia en pleno agosto.

Mis manos se convierten en tu hoguera mientras mis lágrimas caen hacia dentro y duelen como si fueran pequeños cristalitos rompiéndose y clavándose en cada hueco de mi cuerpo, haciéndome sangrar hasta que desaparece el nudo en la garganta y vuelvo al mismo sitio: a ningún sitio.

Envidio a esas personas que tienen un rincón de no pensar.
Envidio a esas personas capaces de no pensar.
Envidio a esas personas que todavía no te han conocido y no saben lo que es tenerte en la cabeza como si fueras un camaleón, camuflándose constantemente pero apareciendo en el momento justo para congelarme el alma de un lengüetazo.
Envidio esas manos que te tocan.
Y todos los orgasmos que me he perdido por estar mirando hacia otro lado.
Envidio esos labios.
Pero me escondo, y sigo en el bucle aunque ya no me ves.
No deberías ver esto.
Tú no.

Me encontró en el suelo tumbada y solo supo decirme que no era lo que quería para el. Comprendí que mi tristeza a veces es mortal. Que el virus se contagia y que solo soy aire entre más aire, muy alejado del que tú respiras ahora. Muy lejos del que te gustaría respirar. Y yo que sigo quedándome embobada oliendo el aire que se escapa de tus labios, sintiendo tu respiración cerca cuando ese dios de mierda decide permitirme el lujo de vivirte, aunque solo sea a medias. Aunque se haya llevado una mitad. Ese dios sí que era ateo.

Escapar de mí misma como forma de vida, o como forma de huida. Vaciarme de mí es la estrategia perfecta, o al menos lo era antes de saber que lo que no podría hacer jamás era vomitar tus recuerdos. Y me caí encima de la alfombra y me creí inmortal solo un ratito, después vi bien quién era y como no lo supe ver volví a fustigarme en su agonía. Capaz pero incapaz a la vez. Como si estuviera con medio pie rozando el cielo y el otro bien apoyando en el precipicio, con el equilibrio en las manos para tener mi odio en su sitio. Ya lo sé, no lo entenderían. No lo entenderán.

Cuando escupa lo que he sido. Cuando algo me haga fuerte y el universo en lugar de tirarme piedras para que no consiga salir me acerque esa cuerda, o que alguien me acerque esa cuerda. Que se que yo no soy suficiente, que ya sabía que no lo iba a ser. Que sencillamente no soy suficiente. Siempre me han podido las ganas de llorar.

Que bendigan tus latidos, aunque esa taquicardia la produzca ver cómo te mira con cara de guarra y te hace el amor con los ojos. Que tu voz nunca se pierda, aunque sea para susurrarle un te quiero que solo yo me arrebaté. Que cuelguen a tus demonios delante de todos para que sepan lo que implica dolerte, que la lluvia no te moje, que no hayan cargas que te pesen. Que aunque asfixie me recuerde porque sigo. Y no sé del todo porque sigo. Que solo me asfixia y no me alivia de estos ruidos. Me escuece pensarlo y saber que es real. Me escuece cuando mi ansia de saber me obliga a ver qué es real. Pero lo veo. Y me escuece. Y cuanto más escuece más me cuesta respirar.

Yo pensé que el amor le podía a todo.
Pero qué mal se me da pensar.
Y eso que ando en ello todo el día... hasta cuando soñando me da por llorar.
Ahí está, poniendo cara de que ya lo sabia todo. De que no me quería preocupar.
Aquí estoy, sin nada a lo que pueda agarrarme, con todas las quemaduras en carne viva y con el fuego alrededor amenazando porque quiere más. Porque siempre quiere más.
No tengo nada. Ni a mí misma, le dije, al menos de eso estaba segura. Y asintió, así, sin pararse ni a pensar por un momento. Y me dijo, con orgullo "eres el monstruo más bonito que he creado". Y se fue y me dejó con mil preguntas y otra vez volví a empezar.

Me empeñé en un imposible. Tan imposible como que el corazón se regenere sin sangrar. Tan imposible como mis manos por tu cuerpo, como tus gemidos en mis tímpanos o tu cabecita apoyada en mi pecho. Imposibles.

Me duele la cabeza. Solo quiero verla estallar.
Y que no manche... con cuidado.

Día 76: Más es menos

Se supone que debería empezar a pensar por mí misma en lugar de dejar que el amor se me lleve por todas partes hasta hacerme explotar y manchar todas las paredes de sangre y dejar el suelo empapado de cristales. Soy tan consciente que cuando vuelvo me asusto, por eso intento estar fuera de mi todo el tiempo que esas benzos me permitan hoy. Mañana no quiero saber qué va a pasar. Mañana no podré ver lo que va a pasar porque probablemente me habré marchado ya.

Yo y mis intentos siempre frustrados de ocultarme detrás de su sombra, para ver si hoy me confundes con ella, para que me vuelvas a mirar de alguna forma, para que salgas corriendo a por mí risa tonta cuando te falte. Pero no funciona. Somos peces buceando en universos paralelos. Somos dos mundos entrecruzados. Y yo solo un cadaver pidiendo que vuelvan a asesinarle. Una vez detrás de otra, hasta que pierda el rumbo hacia dónde sea que se dirija mi nave.

Vuelo hacia ninguna parte y vuelvo siempre después, me difumino entre las sábanas como un camaleón para poder escucharte respirar por las noches, aunque no estés, has dejado tu respiración atrapada en el espacio tiempo, ¿y ahora?

Echar a correr, pero contradirección. Mancharme las manos pero no de sangre. Ni de tierra. Ni de odio.

Abduceme con tus ojos, o mejor déjame aquí. Me acostumbraré pronto. Espero.

Planté en tu recuerdo esta atmósfera absurda de frío y calor a la vez. De crisis de ansiedad pudriéndose en humo. El paron de mi corazón. El absurdo que es mi vida, el sinsentido de existir y las nubes negras que rodean los parámetros que decidimos crear para que el dolor fuera más llevadero, pero nos olvidamos del todo de que el dolor no es ni puede ser llevadero y de que simplemente es, y existe, y trastorna. Te agarra del cuello como si quisiera follarte pero luego te asfixia y no te queda otra que dejarte ir. El dolor vuela entre vísceras de nuestros mil yos porque siempre estuvo presente en todos.

Porque soy yo.

domingo, 13 de agosto de 2017

Día 75: Shh

Después de arder en odio 100.000 veces, de crucificarme en cualquier otro plano astral, de jurar hasta por mi alma y luego no saber como empezar... quizás marcharme a tiempo es lo mejor. Esos momentos en los que cierro la puerta y pienso ''sal corriendo''. Solo pienso en escaparme, en no verme nunca más.

Supongo que cada uno tiene su forma de afrontar las cosas y la mía se limita a sangrar. A no quererme ver ni de lejos, a no querer ni respirar.

Cierro los ojos y solo veo colores repitiéndose a lo largo de un bucle que no va a acabar. Que no parece que vaya a terminar. El ciclo de lo imposible, los círculos que te rondan por detrás, el árbol de la vida en tus pupilas y en las mías una cruz, para recordarte que he pecado. Que yo soy el pecado. Que hay un Baphomet en mi pecho y si abro la caja no sé bien que va a pasar.

Vísceras en el suelo. La vida que jamás podré recuperar en el suelo, a trozos. Me espero y los barro. Los miro y los sueño. Recaigo, me siento a esperar a que vuelvan a recomponerse solos aunque se de sobras que no lo harán. Soy la cruz, soy ese algo viejo que ya te has cansado de utilizar. El trasto que molesta más que ayuda, que ha cumplido su función vital y al que le toca ser reemplazado, al final. No sé lo que quiero, solo que no quiero existir nunca más. No sé lo que quiero, solo que hoy no quiero dormir sola, que me atormenta dormir sola. Que echo de menos tu calor. Hasta en agosto, cuando llueve (y cuando no), echo de menos tu calor.

Contaminada, los médicos dijeron que era crónico y simplemente asentí como sin asumir bien esa carga.
Y es que nunca asumí bien esa carga, y hoy me pesa como nunca había pesado.
Se me escapa entre las manos como ganas de llorar.
Como el nudo en la garganta cuando intento no llorar.

Que Dios me fustigue hasta que crea conveniente, hasta que lo haya pagado. Que el error más grande de mi vida ya lo he cometido y ahora el miedo es solo miedo, solo un pasajero en un tren sin ruta, sin principio ni final, en una estación fantasma en algún bucle espacio-temporal.

Sigo haciendo de este cuarto seda cuando monto con el humo estas cortinas, que me salvan de pensar. Aunque en realidad no me salven de pensar si no que solo canalizan mi rabia en algo más sensato que pegarle a las paredes y querer tomarme todas las pastillas que encuentre por la casa. Dios elige, Dios dirá. Mi espacio se evapora como cualquier otro ciclo vital, atrapada en la rueda del hamster sin poder parar de girar, y girar, y girar. Acurrucada en el regazo de alguien que no me piensa valorar.

Irme lejos. Donde no me encontrarán. Donde el odio sea incierto pero el amor de verdad. Donde mi alma sea la cueva y el cuerpo residual. Donde los ojos del enemigo no busquen guerra y vengan a declararme la paz. Donde mi mundo sea mi mundo y se parezca un poco al de los demás. Solo un poco. Solo quiero ser normal. Aspiro a poco (aunque ya es mucho en realidad).

No hay nada ya que sea lo suficientemente fuerte como para seguir adelante. Nada que me diga que salga adelante. Nadie que me diga que soy importante. Que salga adelante, digo. No sé. Pierdo el norte a la vez que la cabeza y de mientras me tiemblan las piernas y los pies. Y tiendo a negativizar antes de verlo claro pero siempre termino por acertar. Maldita manía de mierda que solo me hace dolerme. Maldita manía de mierda que solo me hace odiarme. Maldito odio de mierda que solo me hace...

Respira hondo. Vuelve al sitio. Camina despacio. Agarra bien el aire y luego déjalo ir. Date una ducha de agua fría, agarra hielo hasta que duela, muerdelo. Camina por las cuerdas. Rompe las paredes, los cristales, los jarrones y los muebles. Culpa de eso a todo menos a ti misma y vuelve a repetirte que estás bien. Claro que estás bien. Solo quedan 9 días para el funeral.

Mienteles, mienteles, mienteles.

sábado, 12 de agosto de 2017

Día 74: Es agosto y llueve

A veces veo mi alma evaporarse y pienso que la niebla es de cristal, que cada día de mi vida tendré que seguir barriendo los trocitos que me voy encontrando de mi, que cada vez que me de cuenta estaré frente al barranco, acobardada, pero al borde de saltar. Como el día que te perdí. Mirándome en el espejo y sabiendo que nunca más me iba a volver a ver como antes. Escuchando tus gritos de tan lejos que creí por un momento que esa de ahí no podía ser yo, y escuchando a la vez los míos mientras me tapo las orejas y me repito una vez, y otra vez, y otra vez que yo no. Así que me despedí de mi y dije nunca más. Y me encontré de nuevo abajo como si solo yo me hubiese quedado atrapada en el tiempo pero todo lo demás no dejara de girar.

Y tú, supongo, que giraste demasiado lejos. Me preguntabas si me había tomado la medicación, me intoxicabas de más odio sin saberlo. Veneno. Adictivo, por eso es veneno. Hoy si me muero sé que no será en tus brazos. Hoy sé que ni el amor me dará tregua.

Como dueles cuando quieres, y cuando no, y cuando es un todo a la vez imposible de predecir... a veces me entran ganas de salir corriendo pero pienso en todo y se me escapan de las manos esas ganas, y pienso: maldita yo. Y eso hago, maldecirme hasta que vuelvo a odiarme cien mil veces en tu nombre.... casi como si me fuera la vida en ello. A veces creo que se me va la vida en eso.

Es agosto, y llueve, ¿sabes? faltan solo 10 días para el funeral.

Como cuando te miro sin saber aún bien quien eres. Porque tampoco encuentro ahora mi sitio en esa vida. Ni en ninguna. Y ni la rabia me da tregua ni va a parar esta ansiedad. Aquí estoy yo mientras, peleándome con mis otros yos creyendo que ganaré la partida. No. Sabes que no. Y sabes que la mano esta perdida pero apuestas todo sin pensar, creyendo que quizás verán en tus ojos la escalera y ya todo lo demás será volar, sabiendo que nadie verá esa escalera en mis ojos si no que volverán a odiarme aún más. Y pierdo. Pierdo. Todo lo pierdo.

Es agosto y llueve. Y solo faltan 10 días para el funeral.

Cierro los ojos para ver lo que tenía delante y no quise mirar.

jueves, 10 de agosto de 2017

Día 73: Frío

Me gustaría verlo todo del revés.
Pero si hoy dijera lo que realmente pienso ardería todo. Yo incluida.
Y no quiero eso. Nadie quiere eso.
Si dios quisiera ya me habría salvado. Pero nadie quiere eso.

Las paredes lloran. A veces mares y a veces sangre, pero nunca dejaron de hacerlo desde ese maldito día. Ahora solo me ahogan de vez en cuando y es cuando me toca respirar y volver a ser otra persona.
Más lejos, siempre más lejos.

Decidí no caminar nunca más en sus pestañas porque no quería poner red.

Y diez minutos después caminaba sobre esas pestañas sin nada a lo que agarrarme ni ningún sitio seguro a donde caerme.

Para mí no existían eternidades más grandes. Hasta que me vi sin poder respirar y llamándote sin darme cuenta del todo de que no estabas aquí... y así acabé siendo un recuerdo, un quizás, un imposible al fin y al cabo. Maldiciendo al insomnio y a estas pesadillas. Encerrada en un círculo sin puertas y vallas electrificadas. Acostumbrándome a vivir aquí dentro. Me quiero morir cada vez que veo cómo se va. Soy el odio perfecto. La angustia perfecta.

Hoy hace demasiado frío y es de esos días en los que daría mil días de mi vida por tenerte abrazándome para acurrucarme en tu calor.

Hace mucho frío.

martes, 8 de agosto de 2017

Día 72: No puedo alegrarme

Quería ahogar mi llanto y golpee la pared con fuerza. Pero duele más la caída que cualquiera de los hematomas que haya podido llegar a hacerme en uno de esos intentos de asesinar todos estos malditos sentimientos. O ellos o yo.

No sé, supongo que debería empezar a correr y asumir que volar ya no puedo. Que igual que me miraste, hoy la miras, le apartas el pelo y le sonríes con un te quiero que en realidad me pertenece más a mi. Y aunque sepa que ahora tú amor es más suyo que de nadie me encanta pasarme las noches auto engañándome con que no es así para luego retorcerme de tristeza en una soledad, y en otra, y luego en otra más. Así, como si me gustara nadar en lava. Y tu mirando e intentando poner cara de preocupación, pero es que mientes muy mal cuando no te lo propones y demasiado bien cuando si.

Como me gustaría alegrarme de que seas feliz al lado de otra persona, pero cada vez que te imagino mordiéndole el cuello como solías hacerme quiero reventar las paredes. Cada vez que te imagino dormido a su lado, abrazándola y dándole un beso en la espalda en medio de un sueño, o besándola al despertarte y sonriendo al ver su cara, o cuando me imagino cómo te la follas y no piensas en mi ni por un segundo... me quiero desvanecer y aparecer en otro sitio, lejos, donde ni el sol ni la luna puedan tocarme con ese maldito brillo que ayer parecía precioso reflejado en tus ojos. Soy un maldito cancer. Pero tú te has salvado. Ahora sabemos que hay un antídoto. Una cura. Un antiyo.

Intento mirarme dentro pero hoy estoy demasiado rota, y cuando paso la primera puerta ya me veo sangrando. No quiero verme más.

No puedo alegrarme.

Fuera llueve o hace el amago, eso parece. Entra el viento frío por la ventana y te quiero abrazar como si no hubiera más que eso en el mundo. Y cuando te miro a los ojos tu boca me llama. Y yo tengo que negarle la existencia. Aprender a vivir con ello. Dejar de pisar los cristales que rompimos ayer. Dejar de pensar. Dejarme ser, aunque intuyan la soledad en mi cuerpo cada vez que sin querer me desnudo el alma y miro al techo como esperando a que alguien me dé una respuesta a todos mis porques, aún sabiendo que no hay respuesta. Pero otra vez me despierto pensando en porque me despierto, como si el dolor que me reprimo fuera a destruirme por dentro y lo supiera, como si el dolor me estuviera destrozando por dentro y lo supieras.

Pero jamás podría negarle la existencia a algo tan precioso como tú. Aunque después de que tú me iluminaras sé que no habrá flash que me vaya a cegar más. Desde el primer momento. Desde tu primer rayo de luz.

Yo pensé que no se podía dividir lo indivisible y hoy me veo cuestionada por cientos de matemáticos señalándome con el dedo y diciéndome que me equivoqué al pensar que podría llegar a ser suficiente. No habrá manos que me vayan a conocer mejor aunque ellas ya conozcan mejor otros cuerpos, otras almas, otras pieles. Me acostumbraré tarde o temprano a ser solo un mapa roto. Me beberé todo este odio e intentaré que deje de consumirme por dentro como ese cigarro mal apagado que termina prendiéndole fuego a un bosque entero. Eres un jodido piromano.

Faltan solo 14 días para el funeral.

lunes, 7 de agosto de 2017

Día 71.1: Voy a vomitar

Si supieras a ciencia cierta todo lo que te he llorado por ti creo que entenderías mis lágrimas cuando te salpicaban los pies. Si el odio me mirara tan fijamente como lo has hecho tú probablemente me enamoraría de él.

Si por lo menos algo tuviera sentido.
Si mis cicatrices no llevaran vuestros nombres.
Quizás así...
No.
Pero creo que si supieras a ciencia cierta cómo me ardían esas noches no me culparías del incendio.

En realidad cada vez que moría te daba vida, al fin y al cabo solo somos piezas de distintos rompecabezas y parte de la nada que conforma el mosaico. Acúsame de cobarde, tendrás razón. Que me acusen de suicida, que tendrán toda la razón. Que señalen todos los cortes, no les voy a quitar su razón.

Ahora que la cruz ya está clavada y el tiempo no se ha parado como juraban tus leyendas puedo ver que solo era un espejismo.

Nunca creí que cuando repetías una y otra vez que encontraría a alguien mejor te referías a ti mismo. Hoy me miro, me veo y solo pienso en caerme en la fosa que cavaron todos estos absurdos mientras tu saliva me corroía el alma. Quiero vomitar.

Esos ojos son la peor droga que he probado nunca. Creo que voy a vomitar.

"El miedo a morir no hace efecto si ya te han matado"

Día 71: X

Necesito una doble. No me la traigáis como nueva, no la barnicéis, no le hagáis sonreír. Que de cada cinco palabras tres sean un insulto. Que ande desorientada. Que no me mire a los ojos. Que se mire las uñas como esperando encontrar algo. Que no le apetezca una mierda conocerme.  He dicho una doble.

He dicho una doble donde debería decir multiplicación. Necesito multiplicarme. Por dos o por cero. Esta noche necesito decir matemáticas y dejar de suspenderme; porque la floja soy yo, no la cuerda.

Una doble tan exacta que al entrar por la puerta me haga correr tras las cortinas y no querer salir.
Una yo, que espere tras la puerta dos horas antes de decidir irse, pero que no lo haga.
Que venga sabiendo que la necesito para abrazarla. Que la quiero aquí para saber qué leerle hasta que se duerma y en qué zona exacta de la espalda tengo que posar la punta de mí/su lengua para que se contraiga en un espasmo y se ría. Y se ría. Y se ría.
Un junco torcido al que decirle: eres así, el río sobre el que agachas la cabeza no va a llevársela esta vez.
Una astilla arrancada de un vampiro con la que conducir al cementerio de Montjuic cantando Young folks espantosamente mal para que olvide que la gente se muere. Porque la gente se muere. Que no se me olvide decirle que sabe manejar un arma, pero no contra el resto. Que no es culpa suya. Que no se me olvide decirle cien veces que ni es ni fue culpa suya.

Una escapista de la vida a la que llevar de la mano a todas partes para disimular la erosión en las palmas y para atenuar que me pertenece.

Una doble, Una bailarina mutilada a la que llamar Venus para verme sonreír. A la que calentarte las manos con mís/sus piernas ardiendo. A la que ir a buscar en bicicleta a Melbourne a la mínima señal de que pueda irse más lejos. A la que chuparle los dientes. Las lágrimas. Los pezones. A la que recorrer con la nariz y darle la medicación en un beso tan largo que se salga del edificio. Una pieza con forma de libélula que me escuche cuando digo que quién quiere encajar pudiendo copular volando. Un caballito de mar al que confesar que se extinguió el resto, pero que como se intente morir, es consciente de que sólo yo sé cómo acabar con esto.

Necesito el conocimiento de saber qué es recibir un mensaje mío en el que ponga 'me he acordado de ti', 'siento no haberlo hecho antes', 'te juro que quiero verte, pero no quiero que me veas tú así'. 'toma la importancia que no te di en su día', 'Lo siento. Y esta vez no me estoy agarrando a un acantilado ni pretendo que no me empujes. Lo siento de verdad'. 'Te he echado mucho de menos'. 'Te echo muchísimo de menos'. 'Sí me pasa algo'. 'Te quiero'.

Pero sólo tengo un móvil,
dos manos
y ningún mensaje tuyo.

- Irene X

domingo, 6 de agosto de 2017

Día 70: Alaska

En el punto más helado del universo también existen los espejismos.
Oasis de cadenas perpetuas.
Luchas de remordimientos, de culpa y asco. Tempestades y recuerdos. Lluvia ácida. Secretarias con ganas de matar y funcionarios con ganas de morir. Carniceros con fobia a la sangre. Asesinos enamorados.

Me reflejé en tantos espejos que empecé a desconocerme. A ver el diablo en mi, las luces apuntándome y los flashes, tan de cerca que terminaron por cegarme hasta no reconocerme en los mismos espejos en los que tantas veces me había (casi)visto, preguntándome donde estaba ahora el problema, señalándome a mi misma como el problema. Proyecté todo mi odio en la persona equivocada. No eras tú. Era yo quien se odiaba.

Y ahora este recuerdo. Cabizbajos.
Ahora que ya no son buenos tiempos tú me ves rezando por un aquí y por un ahora, que ya fue ayer. Tu olor, a veces, me recuerda que existo y que alguna vez he merecido la pena.

El universo es demasiado grande, y yo quizás demasiado pequeña. Un punto dentro de otros mil puntos que se camuflan entre cristales partidos en cien millones de trozos, que se difuminan entre arena y mar, entre asfalto y cárceles a las que llamamos vida. Nos entregamos a un horizonte y como no vi el final me pensé que era eterno, tú ya sabías la verdad desde el principio y fuiste demasiado bueno al no querer dolerme y decirme que todo termina en algún momento. Hasta nosotros.

Me evadí entre los fractales de un sol pero a la sombra de un árbol cualquiera, que algún día me tatuaré en el pecho para recordamos que fuimos eso.
Me rendí (me rindo) a la perfección que es, simplemente, tu existencia.
Y a veces hasta grito y lloro. A veces soy un desastre, y esta vez me costó el sentir.
Normal.
No podía esperar otra cosa después de tiempo recorriendo el desierto con sed y sin agua potable. Guardándome el mínimo para una emergencia, sin saber que ya era una emergencia. Sin querer escuchar las alarmas, sin querer ver el ruido extraño que hacían tus latidos al acercarte.

Y nos rendimos.
No sé. O te rendiste. O mi rabia te obligó a hacerlo. O mis demonios te apuntaron hasta que cediste. La culpa siempre será mía, déjame a mi la mochila. Átame la piedra. Llorame algún día, como si recordaras que esto algún día existió.
Y fue más de lo que nunca nada será

jueves, 3 de agosto de 2017

69.3: Tengo murciélagos en el estomago

Yo que pensaba que todavía pesábamos un mínimo. Yo que me creía cuando me decías ''que era la persona más importante de tu vida'', sí, te creí. Yo que me creí que me besaste porque me querías y no por simple rutina. Yo que pensaba que eramos diferentes y ahora veo que solo soy una fotocopia, de una fotocopia, de una fotocopia... de algo que nunca seré. Porque no soy como ella. Porque no soy como quieres.

Yo alguna vez pensé que la eternidad existía. Que ese infinito del que hablabas era de verdad, aunque pusiera cara de no creérmelo cuando me lo decías al oído. Me imagino que hoy es otra quien lo escucha de tus labios. Soy una maldita envidiosa, yo también necesito que me quieras.

Mientras me veo congelarme, delante de todos, delante de ti... también lo veo todo estático a mi alrededor. Hasta a ti, que hubieses hecho una hoguera en el ártico si te hubiese dicho que tenía un poco de frío. Hasta tú.

La persona a la que más desconozco es la que más me conoce.
Pero no cree en mi.
Tengo murciélagos en el estomago.
Y no sé si soy yo, ¿tú también sientes la lluvia ácida?
Sin una sola luz que alumbre hacia aquí, todos los focos están ocupados.

Dios bendiga tu libertad, y mis cadenas. Que se lleve esta plaga de sentimientos absurdos. Que me ayude a olvidarme de ti. Las paredes se me caen encima y tú estás en cada esquina para recordarme que fui yo quien lo hizo mal. No quiero revivir mi odio otra vez. No quiero ser el blanco de ese francotirador con cara de hijo de puta. No quiero.

Mirar al frente y ver la realidad; que ya no estás. Que no vas a estar. Que tus labios no volverán a rozar los míos y que yo no voy a poder escuchar tus gemidos otra vez. A no ser que sea al otro lado de la pared. Y ni gritarle a todos tus dioses me sirve hoy. Ni apuñalarme cien mil veces me vale hoy. Quiero desaparecer sin dejar rastro, que no me encuentren si es que alguien se permite el lujo de buscarme. Que me sigan odiando tus amigos por ser lo que se creen que soy, pero no serlo jamás.

El amor. Ese cabrón que sabe justo donde apuntar para que te desangres.
Tú, mi amor, ese milagro que tal y como vino se fue.
Ese milagro que hizo de mi vida la novena maravilla: porque la octava eres tú.
Siempre lo fuiste.

Pero creo que debería marcharme. Creo que solo soy un estorbo en la vida de alguien que no me quiere realmente en su vida. Alguien que solo busca odiarme. Yo no sé si puedo seguir aquí.
Ya no sé si puedo seguir aquí. Ni así.

Nadie habla del bien y el mal. La verdad es mucho más que eso. La sinceridad siempre estuvo por encima de eso. Tú y yo lo estuvimos algún día, antes de que lo jodiera todo con estas manos.

"La caída del millón de millones"

Día 69.2: Recuerdos de mierda


Se va.

Día 69.1: Adiós

No seremos la misma mierda pero hace cinco años era mi ropa la que te metías en la mochila para olerla cuando me echabas de menos. Hoy cambian las tornas y es la suya.

Yo me largo de aquí.
No pinto nada, no tengo nada que hacer.
No quiero seguir siendo la versión a medias de alguien a quien amas.
De esa otra a la que dices que amas.

Me encantaría decirte que te odio, pero todavía no puedo. Dame tiempo para asimilar. Dame tiempo y me iré para siempre.

Porque crecer es aprender a despedirse.

Adiós.
Te amo, pero ¿sabes?
Que te jodan.

Día 69: Mundos

En una realidad paralela yo conseguía hacerte feliz, y no me pasaría las noches llorando tu ausencia como un niño pequeño que vela a sus padres.

En ese mundo paralelo tus ojos no me corroerían el alma como ácido, ni el amor sería solo un sustantivo de usar y tirar. Ni yo solo un obstáculo en tu camino.

En un mundo paralelo te hubiese despertado con un beso al ver que estabas aquí y no me hubiese puesto a llorar como si acabara de nacer otra vez, y en ese mundo quizás no existiría porque si no, ¿cómo te haría feliz?

Solo soy una zorra más, pero soy esa que te escribe hasta desangrarse, y ¿quién te escribe lo que yo? ¿quién te escribirá lo que yo? Mis sentimientos son un puñado de papeles rotos y mojados. Y tú ya no eres tú. Y puede que yo ya no sea yo... solo ese obstáculo en tu camino.

En un mundo paralelo cuando me caigo estas para ayudarme, cuando grito por las noches tú me abrazas, cuando lloro me aprietas contra tu hombro, cuando duele solo quitas la espina.

En este mundo
solamente
debería importarme más
(o tu menos).
Al menos en este
me merezco
algo mejor.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Día 68.3: Cartas

"Te quiero más de lo que pensé que podría querer a alguien, como si fueses un brazo o un órgano vital; aunque me lo arrancarán viviría eternamente con un miembro fantasma."

"Hasta gastar la última bala me pienso quedar aquí, porque eres lo único que le da sentido a este mundo, tu calor, tu voz, tu música, tus demonios y la luz que tienes dentro, lo único por lo que mi voluntad me hace seguir adelante, lo único por lo que merece la pena despertarse: tú."

Cuando te leo mi cuerpo se quiere asfixiar en las sombras.
Desvanecerse. Olvidar. Reaccionar.
Cuando te leo siento que vuelvo a la vida cuando en realidad lo que estoy haciendo solo es volver al pasado. Pero qué bonito es el pasado.

Día 68.2: Definiciones

Traje las pupilas emborronadas y el corazón a medio hacer. Un par de clavos en el abdomen y una sonrisa que alguien me obligó a coserme el día en el que te fuiste, supongo que pensó que sería buena idea, pero no fue buena idea. Sangré hasta inundar toda la habitación y al salir dejé mis huellas por toda la casa, de un rojo chillón difícil de comparar.

sustituir, substituir (verbo transitivo)1. Ocupar [una persona o una cosa] el lugar o puesto de otra.sinónimos: reemplazar, suplir2. Poner una cosa o a una persona en el lugar o puesto de otra.sinónimos: cambiar, reemplazar

A veces vuelvo a casa andando y tengo la sensación de caerme de todas esas ventanas a las que observo. A veces al mirar al suelo incluso veo el cadáver pero ya no me asusto. Así al menos alguien se sentiría importante por un segundo.

amor (nombre masculino)1.Sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno.2.Sentimiento de intensa atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común.3.Afición apasionada que se tiene hacia una cosa.4.Persona, animal o cosa que es objeto de uno de estos sentimientos.5.Relación amorosa o sexual.6.Gusto, esmero y cuidado con que se hace algo.7.al amor de la lumbre, cerca de la lumbre (o del fuego), sintiendo su calor.8.amor cortés: amor idealista y vasallático que cantan los trovadores en la poesía trovadoresca.9.de (o con) mil amores: con mucho gusto o con muy buena voluntad.10. (coloquial) por amor al arte: por afición, sin esperar recompensa ni recibir nada a cambio.11.¡por (el) amor de Dios!: se utiliza para expresar sorpresa, protesta o indignación, o para rogar algo encarecidamente.12.requerir de amores: solicitar [una persona] una relación amorosa o sexual a otra, especialmente un hombre a una mujer.13.Realizar el acto sexual [una persona] con otra, generalmente como expresión de amor mutuo.14.Cortejar a una persona, especialmente a una mujer.

Otras veces me difumino entre la brisa fresquita en verano y me acuerdo de noches que quizás nunca debieron haber pasado. Le digo ''arráncame los ojos" y me dice algo así como que no me va a mirar, cuando le digo "rompeme lo que me queda" me observa de arriba a abajo para decirme, con mirada turbia ''a ti que te va a quedar, si yo ya me he ido y a ti poco te falta''. Tiene razón. Al final me ha hecho creer que tiene razón.

Por amor al odio.

El del otro lado me dice que me largue ya de aquí, que no pinto nada, que soy un estorbo y que quizás en una realidad paralela todo hubiese funcionado, pero que en esta no, en esta soy yo quien no funciona. Asiento. Me aguanto las ganas de llorar y se me forma ese nudo en la garganta tan molesto, asfixiándome lentamente como si le gustara ver como sufro. Me clavó un boli en la traquea pensando que me salvaría pero eso fue lo que me mató. ¿Tú crees en las casualidades? Yo no. Ya no.

Es el día en el que termino por darme cuenta de que soy solo la piedra en el camino de alguien, que quizás alguna vez fui bifurcación pero hace tiempo ya de eso. La típica piedra que te pincha la rueda del coche y que seguramente ni siquiera hubieses visto si no hubiese sido porque te acaba de joder el viaje, y nada, te cagas en sus muertos cien veces sin saber que esa piedra soy yo, y que me acabas de atropellar, que solo fue en defensa propia. Tú no sabes que ese lago allí a lo lejos ha sido todo lo que te he llorado, que cuando suben las mareas es porque estoy cerca de donde solíamos bañarnos de noche llorándole al recuerdo. Que todo el día estoy llorando aunque solo sea por dentro. No me pienso mostrar vulnerable delante de quien acaba de atropellarme.

Hoy, un mes después del incendio y sigue oliéndome a quemado. Sigo encontrando cenizas, y rastros, y cenizas cada vez que vuelve ese viento.
Que solo quiere
cortarme
las manos.

miedo (nombre masculino)1.Sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario.2.Sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea.

Como cuando me ve caminando por la cuerda sin temblar y tiembla.
Ahora más bien soy un juguete roto.

Día 68.1: Dicen que va a llover

Hace tiempo que el porro de buenas noches me lo fumo escribiendo sobre ti y no contigo. Desde ese día me sabe peor. Yo, que creía en los imposibles hasta que nos conocí. Que creí en el amor hasta que nos desconocí.

Ahora estoy frente a una señal de stop corroída por la lluvia, preguntándome si debería o no pasar al otro lado o quizás ir marcha atrás y encontrar otro camino que por lo menos no me haga pisar todo ese barrizal plagado de medusas venenosas. O eso o asfixiarme contra una pared de ladrillo. O eso o golpear un panal de abejas con la piedra más grande que consiga encontrar.

Miré al fondo y ya no estabas, ni tu silueta a lo lejos, ni la sombra del recuerdo. Ni mi cuerpo. Ni tu risa. Y quise romperlo todo pero ya era tarde porque estaba roto. Y al querer recomponerlo era tarde porque estaba roto. Allí sigue a día de hoy, principalmente roto.

Tenía humo en las pestañas y restos de speed en el corazón, supongo que de todos los sustos que le di. Supongo que de todas las bocas de las que bebió. Supongo que del cáncer que le terminé provocando de tanto intentar mirarme de cerca el alma. No lo sé.

Día 68: Dzpn

Siempre saludaba al llegar pero nunca se despedía al marcharse. Tenía los ojos verdes, pero no un verde cualquiera, ese verde abstracto que según el sol se vuelve verde magia o se queda en verde amor. Las manos más suaves del mundo y la cara más bonita del universo. Y cuando cantaba las ondas se volvían corazones en pico, arriba y abajo como cuando me follaba y el mundo ahí fuera dejaba de importar, como si dentro se fuera a derretir.

Todo el mundo me llamaba ingenua pero yo quise seguir soñando contigo.
Aunque ahora duerma sin ti.

martes, 1 de agosto de 2017

Día 67: X

"Algo no ha cicatrizado aquí dentro. Son mis heridas abiertas dentro de la herida. Esta última soy yo. Vuelvo a llorar sangre tras años sin hacerlo, pero no puedo llorar. Me vomitas el corazón por los ojos sin previo aviso y mi cara es como un accidente en autopista.

He destapado a las víctimas para mirarme a los ojos. Sus cuerpos son una taza de café ardiendo y yo una esquimal odiando el verano.
Nunca me preocupa quién les vuelva a hacer sonreír; sino quién será, el que por fin, les haga olvidar que han llorado.
Me siento tan culpable que me levanto inocente como una niña que no sabe usar el arma que tampoco sabe que tiene.

Tú no lo entenderías. Le repito todas las noches al espejo.
Y lo entiendo.

Hoy quiero odiarme. hacerme una bola en la cama. Tirarme derrotada contra la pared. Empezar de cero. Escribirme otra historia.

Y mañana ya veremos.

Ojalá alguien me tapase los ojos por la espalda y no volviese a apartar las manos. Ni más sustos, ni más sorpresas.
Ojalá el regalo siempre fuese la caja. Esta vez no he venido a jugar.

En la calle la gente busca el amor como si al encontrarlo no fuesen a hallar también el miedo a perderlo.
Como si enamorarse no fuese quedarse de una pieza, que deformada por el paso del tiempo, no volverá a encajar en un puzzle.

Una vez perdí un dedo en una guerra de estado civil.
En una fría la pierna izquierda.
En la revancha la derecha
y en la tregua el corazón.
Ahora que no me queda nada de tu cuerpo, la paz me parece la capital más ridícula del mundo.

Nunca viviré en todas las ciudades que he imaginado.
A veces creo que fueron subterraneas
que sólo existían
allá donde pisases."

(Irene X)

lunes, 31 de julio de 2017

Día 66: No habrá paz

No hay remedio
ni paz en una tormenta polar
ni rabia en los besos que callo
ni alegría en esta carita que ves.

Rompeme ya
que al final inundaré la casa entera.

Hazlo
y ya.

domingo, 30 de julio de 2017

Día 65.1: Calladita estoy más guapa

La rabia de explotarlo todo acariciándome el vientre con esas uñas en forma de cuchillas. Sonríe. Me mira. Aprieta un poco más esta vez. La sangre que sale de mis ojos deslizándose por todo mi cuerpo como tus dedos solían hacer. Mi miedo patológico. Las alas que no tengo.

Intento ponerle nombre a cada intento de desinfectar la herida. Todos en vano. Todo son fallos. Trato de esconderme tras la imagen de lo que fuiste ayer, solo trataba de esconderme. Pero todo desapareció como una aurora boreal desvaneciéndose entre las nubes de Noruega, esas nubes que parecían tener el mismo tacto que sus labios.

Bebiendo del humo que sale de su boca. Apagando el incendio que causa en la mía. Susurrándole al Diablo que me lama las heridas, que me rescate de tu cielo. Blasfemando en tu nombre. Y en el mío también. Castigando cada golpe de viento que se atreve a erizarte la piel sin permiso. Cada vez más rota, y los trocitos esparcidos por todo el asfalto. Alguno de mis yos me dijo que no era posible la reconstrucción, y le creí porque al final soy yo. Yo entre miles de personas vacías. Caras y caras de gente vacía. Gestos y voces de extraños, vacíos. Por eso supongo que he terminado yo también al borde del vacío.

Me he quemado las manos con ese fuego y rehuido a mis demonios hasta que se me terminaron los escondites. Ahora divago. Me arrastro y condeno cada acto de fe que todavía soy capaz de prever. Me lucho, y pierdo. Te lucho, y pierdo. Algunos nacen para vivir pero otros lo hacemos para perder, supongo que ya te habrás dado cuenta de que yo soy más bien lo segundo.

Callo más de lo que digo, y mira que escribo.

Día 65: Caerme

Que si, que me estoy odiando por estar aquí, por el simple hecho de existir, de no saber qué hago aquí. En el metro caras extrañas. En la calle caras extrañas. Hoy un extraño me ha pedido un cigarro y yo se lo he dado. He vuelto a perder un clipper y a inundar la cama por la mañana cuando no he sentido tu calor.

Que si, que me estoy dejando llevar a un abismo que ni yo misma conocía aún. Sé que no puedo sacar nada bueno ya de esto, sé que estoy en constante autodestrucción.

Y tú te vas, cada vez más lejos. Y tengo que quedarme mirando y sonriendo como si todo fuera normal. Y tengo que luchar contra mis demonios y contra los tuyos cuando me atacan hasta lastimarme más la herida. Que boba soy, nadando sin dirección, esperando la señal que no va a llegar, pero esperando. Inocente, hoy no es 28 de diciembre.

Corro hacia ninguna parte, pero estoy corriendo ¿no me ves? estoy soportando el peso como si fuera fácil, haciendo ver que lo es cuando te tengo enfrente. Solo quiero desaparecer. Solo quiero desvanecerme. Dejar de pensar en toda la mierda que hace que todo sea cada vez más mierda y dejar de sufrir por un imposible que no va a llegar en toda mi puta vida. Que a veces hay que asumirlo, que se me han agotado las posibilidades, que no tengo opción, que la que tengo es olvidar. Pero no puedo olvidarte.

Abre el cajón y encuentra todo lleno de folios con su nombre escrito, no sé que esperaba exactamente después de la explosión. No sé qué quería decirme con esos ojos. Me confundo cada vez que le veo reír. Soy un tren a punto de descarrilar. Lo peor que te puedas imaginar. Compárame. Complácela. Róbame el alma cada vez que se me regenere.

Mátame tú.
Lo prefiero a hacerlo yo.

¿Qué cojones hago aquí? En serio. No lo entiendo. No se como he acabado aquí, no sé que he hecho para merecerme esto. Necesito que me saques de aquí, pero ya no vas a volver para sacarme de ningún sitio en el que yo misma me haya metido. Lo veo todo consumiéndose. Lo veo todo derritiéndose. No entiendo que hago aquí.

No lo entiendo.

Somos las piezas de dos puzzles que se mezclaron en la misma caja. Muriéndose por encajar pero sin una sola posibilidad de hacerlo. Absurdo como el día en el que respire dióxido de carbono de esos labios. Como el día que morí, cuando perdí los restos de inocencia que todavía pudieran quedarme dentro. Somos un espacio en blanco que nadie quiere rellenar.

Un porro, otro porro, me voy a hacer un cigarro para no sentirme tan mal esta vez. Bueno, mejor me hago un porro.

Abrumada.

Me sabe el odio a sangre fresca. A rabia ardiendo. A ver en sus ojos el atardecer, el sol apuñalandome despacio. Su sonrisa es como el láser de un francotirador. Yo la víctima perfecta. Soy la víctima perfecta. Soy... el intento de un intento de persona. El intento fracasado de un intento de persona.

"Seré un error en tu vida, un rallajo y cuenta nueva; lo vi en tus ojos"

Soy el perro de un perro con rabia. La angustia en las voces de la cabeza del esquizofrénico. El lóbulo frontal agujereado. La vida entera a cachos. Soy la zorra de esta culpa, le daré lo que me pida. Soy el miedo en los ojos del asesino antes de cometer su séptimo homicidio pero también el placer en ellos. Soy tantas cosas que olvidé lo que soy antes de nacer, pero por lo visto también estuve ahí. Soy el tren estrellado hace unos días en la estación en donde nos recogimos tantos otros, besándonos como si fuera la primera vez. Besándonos como si al menos no fuera la ultima.

Dile a esos dioses a los que les rezas que no, no funcionarán esos trucos conmigo. Ni cien mil veces más al borde. Ni una vida entera al borde, ni otra vida entera al borde.

Yo no querría arrastrarte conmigo al precipicio pero tampoco quiero caerme sola.

O sí.

Caerme.

Sola.

Asustarme cada vez que me veo en algún reflejo, como diciendo "¿quién coño es esta?"... Y no me sé contestar. Huelo a una cualquiera pero estoy deseando llegar a casa para impregnar la almohada de tu olor. No estarás. Yo creo que tampoco.

No hay momento para escapar, pero si motivos de sobra para echar a volar y no volver. Incapaz. Como otras tantas veces que te he mirado y no he sabido decirte que no. El agujero cada vez es más grande y la sangre sigue corriendo por mis piernas como todo aquello que hemos callado durante años que parecieron siglos. Asústame, ven, dime que te vas y luego no lo hagas. Escúpeme todo ese fuego que andas guardando desde hace tanto tiempo. Escúpelo.

Estoy ciega. Buscando el punto de enfoque. Acariciando mi tristeza como si fuera la ultima vez que la veo, pero sé perfectamente que mañana cuando me levante seguirá ahí pendiente de mí para agarrarme por el cuello y volver a amenazarme con romperlo todo... otra vez más. Desastre sobre desastre. La angustia contemplando esos intentos amañados de falsa honestidad. La angustia, mi risa enclaustrada. Mi caja de Pandora.

El odio y yo, una historia de amor barata.

sábado, 29 de julio de 2017

Día 64.3: Perdí un clipper el día que se fue

Estoy caminando entre los escombros de lo que algún día fuimos. Escupiéndole a cada recuerdo que me encuentro por el camino, creyéndome a ciegas que eso va a cambiar algo y sabiendo que eso no cambiará nada. Me gustaría atreverme a hablar, por lo menos a dejar de asfixiar mis sentimientos con esta soga hecha de rencor y absurdos entrelazados, como tus manos y las mías lo estuvieron algún día, con esa sinergia que asusta. Con la misma magia con la que te dio por desaparecer después.

Sigo entre los escombros y a veces me pregunto ¿realmente algún día aquí vivió alguien?, pero no me puedo responder. Aunque si te digo la verdad recuerdo el primer beso como si hubiese pasado hace dos días. Recuerdo la primera vez que durmió a mi lado y me abrazó para salvarme de todos esos monstruos. Recuerdo también que me salvó, que me entregué, que me dejé caer y me caí. Y sigo en el fondo esperando el rescate. Llamé al 112 y no respondieron. Llamé a sus ojos pero no respondieron. Me llamé a mi pero ni yo me quería responder.

Perdí un clipper el día en que se fue. Y media vida.
Y todo el tiempo que nos quedaba por vivir.
Juntos.

Pensé que poco a poco cicatrizaría, pensé mucho pero solo me llevó a divagar entre más absurdos rodeados de dinamita. Y yo aquí, al borde de explotar. Sigo sangrando. Ha pasado un mes y para mi son solo horas. Entonces es cuando decido hacerme otro porro y olvidarme de una vez de quien soy, o de quien he sido a su lado, para que no me duela tanto lo que soy ahora. Para que no me duelas tanto tú. Para dejar de inundar la cama cada vez que te busco y ya no estás. Para entender. Aunque termino olvidándome de todo eso tan supuestamente racional y pensando en follarte en cualquier parte de la puta casa, y enseñarte que puedo quererte de las cien mil formas que se nos puedan ocurrir. Hasta dar la vuelta al mundo tantas veces como quieras. Dibujar formas en los espejos y asomar la cabeza desde las azoteas en países a los que nunca hemos ido.

Antes te brillaban los ojos al mirarme. Ahora ya solo brilla la sangre.

Haz que me desvanezca. Solo un rato.
Pero hazlo.

Día 64.2: Calambres


Día 64.1: Ni palabras tengo ya

Yo no me enamoraría de mí, soy la definición perfecta de desastre, supongo que es por eso que no te culpo. Aquí sigue lloviendo desde entonces y he descubierto que el paraguas se ha vuelto un complemento inútil.

Quiero ahogarme en el llanto del que llora por otro alguien y dejar de sentirte. Volar. Quizás encontraré el camino y volveré a elegir el incorrecto.

Nada que se ajuste a la realidad, sólo somos paradigma. La lógica dentro de lo insustancial. Una circunstancia.

Solo somos niños pequeños envolviéndose en papel Albal.

Día 64: Fuego

Mi vida se incendia en cada paso que no doy. Soy lo que no puedo ser, vivo del aire que no respiro y me asfixia tu estúpido oxigeno a 1 euro.

A veces lo llamo estar rota y otras desconectada. Me reinicio y vuelvo a empezar.

Pero no hay reinicio.
Estoy en esta jaula de cristal.
Roto.
Pero cristal.

Lo intento mil veces y nada. Lo intentare mil más. No va a funcionar.

Encontraré el camino correcto.

Entre el fuego de mi vida incendiándose por cada paso que no doy, ya no te encuentro, quizás te confundo entre toda esta gente con máscaras. Estoy rezando pero hasta Dios se ha vuelto ateo. Hasta mi psiquiatra se ha vuelto loco. Hasta mi verdad se ha vuelto mentira.

Escupo demasiado odio cuando ando por esos cables. Te juro que creo que dibujo demasiada rabia por metro cuadrado. Hasta mis crisis te echan en falta. Hasta mis mejores días te echan en falta. Y yo discutiendo con ese hijo de puta que me dijo que no podría.

Llámame si me echas de menos. No sé.
Espero. O tal vez no. No espero.
No sé.

Me escondo. Es mejor así. Que nadie me vea la cara de muerta, que nadie se fije en estas ojeras, que nadie interrogue mis ojos. Que no me vean despierta. Inundé tantas veces la casa que creo que he jodido los muebles. Ten cuidado, que no me vean.

Dentro de mi cuerpo solo hay fuego.

jueves, 27 de julio de 2017

Día 63.2: Olvido nº 2

Indagar dentro de mi. Encontrar esa ciudad fantasma. Caminar por las calles oliendo a apocalipsis. Llover encima tuyo, para que me recuerdes. Ser nube. Ser mar. Ser sol. Ser montaña. Ser pájaro. Y metal. Horizonte y viento frío. Comerme mi propio corazón, antes de que todos estos sentimientos decidan que ya es el momento de que vomite; y así es como llené todas las paredes del cuarto de sangre, de amor y odio y de despedidas a medias que nunca sabré olvidar. Soy aire, a veces cristal. Tormenta de verano e hija de Lucifer.

Saldré de aquí, me lo prometo.

En algún momento dejaré de seguir esas huellas que me llevan a pecar. Dejaré de mirarte los labios como si algún día de estos fueras a decidir besarme, como antes y como nunca nadie lo hará. Pero algo me dice "despierta, has de empezar a olvidar". Alguien me apunta y me dice "o olvidas o morirás". Me pone el cuchillo en el cuello y repite "olvídate o morirás".

Y sigo llorando como esa niña el día que nadie recordó que era su cumpleaños.
Como el día en el que se le escapó el globo.
O como cuando fue la policía a casa y volaron ceniceros.
Pero seguía esperando a que el amor la hiciera libre.

Realidades alternativas (escondidas en tus ojos).

Saldré de aquí.

Atrapada en la paradoja de que cuanto más duela más viva me sentiré. En un lago plagado de caimanes con la cara de todos los errores que cometí en el pasado. Abrazándolo de puntillas, para no despertarlo. Atrapada en el nunca que es todo. En el todo que es la nada. En ti, en definitiva. Solo tienes que imaginar esa vez que te doliste tanto que deseaste no existir... y multiplicarla por infinito. Solo tienes que mirar mis ojos para entender el vacío que crece a medida que asumo el destrozo, mi propio desastre. Con las piernas bañadas de sangre. El odio bañado de negro. El amor teñido del color de tus ojos cuando les alumbra el solecito de las nueve de la mañana y la prisa del que sabe que le quedan solo dos suspiros de vida. La excusa bañada en excusas, que se convierte en una excusa más para que asuma ese no. No puedo no echarte de menos. Así que decidí arrancarme los ojos.

Ponle mi nombre al odio. Ponle mi cara cuando te sientas explotar. Yo haré lo mismo. Para siempre, como restos de lejía en la ropa, mientras mi mundo se tuerce y ninguna voz se parece a la tuya, ningunos ojitos se parecen a los tuyos. No hay calor que se parezca al que desprendes ni aura más dorada que la que veo en esos días en los que todavía consigo verte. Tú eres mi Santo Grial.

Pero me lo prometo, saldré de aquí, solo me queda esperar a que el cielo deje de estar nublado para que sepa bien por donde echar a volar. Hacía donde estoy yo. Las coordenadas exactas de tu cuerpo. Solo me queda encontrarme entre escombros. Encontrar el valor que determina la crisis. Dibujarte y tacharlo después. Como si fuera a solucionar algo.

Le estoy aullando a tu dios a ver si me escucha y nos cambia el destino.
Aunque ya sé que nacemos para morir.

Día 63.1: Ahora sí que ojalá

Ojalá
las noches fueran eternas
solo cuando las paso a tu lado
y no al revés.

Aunque tu cuerpo ya no busque mi cuerpo
y mis manos tengan
este desconcertante autocontrol.

Ojalá estuviera yo ahí dormida a tu lado
abrazándote
y haciéndote el amor.

Pero hay sueños que jamás se cumplen
y cosas que no tienen perdón.

Día 63: Asúmelo

Siento llorar océanos en esta despedida, pero te lo juro, no sé como amortiguar el golpe. La caída ha sido tan grande que me ha agujereado el pecho, atravesándolo. Casi me dieron por muerta durante veintidós segundos. Luego volví, pero ya te habías marchado, y me quedé sin alas, sin fuerzas y sin un sol al que llamar Dios. Rompí a llorar tantas veces que dejé un trocito de mi en cada rincón de la casa en donde nos habíamos hecho el amor con la mirada demasiadas veces. Pero ni al borde de la sobredosis serían demasiadas. Ni tiñéndolo de negro lo vi oscuro, quizás porque solo podía pensar en todos los cristales que empañamos, las sonrisas que me robabas cuando más necesitaba y en esas veces que me ponías todo mi mundo del revés, como a mi me gusta. O como me solía gustar. Tengo que aprender a hablar en pasado, o a no hablar.

Me voy por no ver como te vas, solo quiero mantener el recuerdo intacto. Dejar de ser solo lo que pierdo. Que pienses en mi en tus días libres, en tus días tristes, en tus buenos días, en tus buenas noches... que mi lengua sea tu llave maestra y caminar junto a ti hasta la eternidad.

Acércate y repiteme otra vez eso de que te has ido, que se ha acabado, que no existió. Dime también que cuando la besas, a veces, piensas en mis labios. Dime otra vez que somos imposible pero al menos reserva alguna de esas noches para correrte pensando en mi. Acaríciame sin tocarme y prometo sentirlo desde lejos. Cálmame un poco la sed, solo un poco. Quiero sobrevivir a este desastre, pero te sienta tan bien... congelaría el tiempo en todas esas veces que me miras y vuelvo a sentir ese jodido calambre de mierda recorriendo desde mis pies hasta mi cabeza, rompiéndome las costillas hasta astillarlas y convertir mi cuerpo en cenizas, ásperas y malsonantes. En cicatrices con la forma de tus huellas dactilares.

Solo
asúmelo;
no te quiere.
No eres tú esa persona.

No lo soy.

miércoles, 26 de julio de 2017

Día 62.1: Dolor

Me pierdo en el recuerdo, pero entonces aparece el para decirme, con toda la seguridad del mundo: "no vamos a ser eternos, olvida tu utopía". Y aún así sigo abrazándole y creyendo que quizás algún día el destino decide jugar a mi favor. Que si le demuestro a la vida que puedo con esto voy a poder con todo. Que para mí, siempre serás eterno. Que tus gemidos se quedarán atrapados en mi espacio-tiempo hasta el día en el que, por fin, deje de respirar. Y aún así no se porque pero intuyo que seguirán ahí, atrapados, esperándonos por si algún día decidimos volver.

Sigo aquí, no sé si los ruidos allí fuera te han hablado de mí pero estoy segura de que mienten. O de que solo dicen la verdad a medias. De vez en cuando me escapo a escribir a algún lugar en donde no pueda olerte o verte en cada esquina sonriéndome como si solo yo pudiera hacerte feliz. Mi utopía.

Camino despacio, intentando no pisar las minas.
Y al rato me veo sangrando.
Aún no he muerto, te lo prometo.

Escalo entre nubes y lluvia. Desde el día en el que te fuiste el invierno le declaró la guerra al verano y creo que va ganando el primero. A veces no sé ni dónde estoy, pero luego me acuerdo: escalando entre nubes y lluvia, aunque lo peor de todo sigue siendo no saber ponerle nombre a este dolor. No saber coartar mis ganas. Estar presenciando la caída en vivo. La impotencia de estar presenciando esta caída en vivo. Me miro y creo que ya no estoy escalando... solo presencio mi caída. Lo veo todo pudrirse y aunque no quiero arrastrarte conmigo, no soporto que me arrastré sin ti.

Solo quiero volver a encontrarte donde me encontraré a mi. Pido a gritos tu presencia y cuánto más me concentro más lejos te vas. Quiero huir de todo a tu lado, nadar por el Pacífico y caminar por Egipto. Burlar al mundo entero y olvidarnos de nuestros propios nombres en Holanda, pero sin olvidar quiénes somos: solo nosotros. Sobrevolar África en una avioneta escuchando tu risa. Recorrer Tailandia y perdernos, bailar juntos en Las Vegas y caminar despacio por las calles de Dublín mientras hablamos del todo que es la nada. Que tus ojos me enseñen Berlín y tu risa París. Andar por Japón como dos niños pequeños en una juguetería y alegrarnos de ese para siempre que no existirá jamás. Visitar los supermercados de todo el mundo y comer en todos los Pizza Hut que sigan abiertos en el puto planeta, como te prometí. Como nos prometimos, ese día que nunca existió.

Soy como esa flor a la que cortan, por mucho que se bañe en mil aguas nunca va a recuperar su verdadera esencia. La vida.


dolor
1. Percepción sensorial localizada y subjetiva que puede ser más o menos intensa, molesta o desagradable y que se siente en una parte del cuerpo; es el resultado de una excitación o estimulación de terminaciones nerviosas sensitivas especializadas.
2. Sentimiento intenso de pena, tristeza o lástima que se experimenta por motivos emocionales o anímicos.


Y a mí, cariño, me duelen las pupilas cuando te miro y el alma cuando te observo. Me duele la cabeza al pensarte y la tristeza cuando recuerdo que te has ido. Muy lejos. Siento toda la sangre recorriéndome el cuerpo, bañándome en esa culpa que aprieta más la herida cada vez... dice que es precioso verme sangrar. Dice que el rojo es precioso. Y tiene razón.

Creedme, tiene razón.
¿Cómo iba a negarle yo la existencia?

Día 62: Ojalá (y otros desperfectos)

Todos los caminos llevan a ninguna parte.

Te abrazo como si fuera la ultima vez que pudiera hacerlo y rezo para que no lo sea. Te huelo, te siento dormido a mi lado y el mundo se para... pero el tiempo no. Rezo por qué nunca suene la alarma que me separe esta mañana de ti y sé que eso es jugar con la improbabilidad, pero siempre he sido de apostar fuerte y ir de all in aunque fuera de farol. Tu respiración es el mantra perfecto. Tu forma de moverte sin ser consciente de tus movimientos. Cuando me abrazas fuerte y me siento en el séptimo cielo... donde nadie más que tú y yo hemos podido llegar. Ese que nadie más que tú y yo hemos tocado, rozándolo primero con las yemas de los dedos para después quedarnos a vivir en él un tiempo. Hasta que me desterraste.

Te miro. Te hago una foto. Y ahora entiendo más la palabra perfección. Me nublo como el cielo en días grises como este cada vez que pienso que tus labios ya no me darán de beber... y todo a mi alrededor se nubla. Quiero acariciarte la espalda, que se te ponga la piel de gallina y notes mi ser en cada trazo. Quiero besarte el cuello y despertarte siendo uno. Quiero apartarte el pelo y decirte al oído que te amo.

Pero no puedo.

domingo, 23 de julio de 2017

Día 60.3: Olvido nº 1

Hoy tengo que sincerarme conmigo misma. Asumir que soy la única que añora un pasado que no llegó a existir. Creer en el reemplazo, creerme un objeto de fácil sustitución. Viendo la misma película que protagonicé hace cinco años siendo otro personaje más en ella, sin interés ni relevancia, sin una sola frase en el guión. Ese personaje al que todos terminaran odiando al final. Y hoy es el final.

A veces tengo tantos sentimientos enclaustrados que siento estar al borde de explotar.
Amor. Odio. Envidia. Celos. Miedo. Rabia. Tristeza. Culpa.
Y a veces hasta exploto.

Hoy tengo que sincerarme, decidir entre el bien y el mal y dejar que mi instinto haga el resto. Confiarme mi vida y ahogarme en la tuya, Vivir en el malestar, para que el pueda dejar de vivir en mi. Y olvidar tus caricias. Sobretodo, olvidar tus caricias. Olvidar esos labios que me piden guerra a gritos. Olvidar esos ojos abduciendo mi cerebro en cada pestañeo. Olvidar esta impaciencia que me hace esperarte mientras me muerdo las uñas y pienso en como hacer para estar más guapa cuando llegues... que consigas ver a otra persona en mi, quizás. Pero no. Hoy tengo que sincerarme y olvidarte.

Y olvidarte.

O recordar que nunca más voy a beber de tu boca, que ya no habrá más cielo, que tu olor se difuminara entre el olor de otra y dejarás de pensar en mi mientras la follas. Una vez. Y otra. Y otra. Mientras te corres en su boca. Una vez. Y otra. Y otra. Hasta olvidarme. Hasta que yo me vea recordando que ya nunca más tus manos harán de guía por mi cuerpo, que tus ojos cambiaron de órbita. Que tus orgamos ya no serán más nuestros, ni los míos más tuyos. Que me perdí entre tanta mierda. Te perdí por tanta mierda. Por esperar a que pasara algo. Por no entender. Por no vivir.

Solo
soy
esta
mierda.

Incapaz de olvidarte.

Día 60.2: Hielo

Una vez una psicóloga, en uno de esos intentos de parecer inteligente, me dijo que la mejor solución para cortar el bucle de mi cabecita de raíz era morder hielo. Pues bien, hay un pequeño problema:

No me dejas morderte.

Se lo dije y se reía a carcajadas.

Pero a mi no me hace ni puta gracia.

Día 60.1: Miedo

Tengo miedo
solo sé
que tengo miedo.

Escribo un:
"te necesito"
y lo borro sin haberlo enviado
porque tengo miedo.

Cobarde
o racional
llámalo X.

Pero
yo lo llamo miedo.
A quererte. A desearte.
A que el pedestal donde te puse
esté demasiado alto.
Miedo al miedo,
a chocar en pleno vuelo
con tu hambre
y no saber aletargarla
como merecerías.

Tengo miedo,
escribo y borro.

Me paraliza el miedo.

Día 60: Stranger in a room




La soledad se me acerca, impertinente. Enciende las luces de toda la casa para que cuando me despierte piense que sigues aquí. Apunta a perder y acierta justo en el centro de la diana. Me apago como cuando se funde una bombilla, avisando con un leve parpadeo y después muriendo entre destellos de (no) luz, y vuelvo a llorar bajo el agua fría de la ducha en donde hace unos días te desprendiste de mi olor. Es difícil apartarme cuando en cada curva de mi cuerpo tengo escrito tu nombre. No hay camino en donde no hayas dejado tus huellas, ni pensamiento del que no desvíes mi atención, ni palabra que pueda pronunciar sin bañarme de nuevo en tu recuerdo. En tus ojos. En el mar. Cinco kilómetros que casi parecen cinco-mil cuando pronuncias mi nombre desde lejos. Y lo escucho porque eres tú. Y te escucho porque soy yo.

Ya no hay gato para este ratón.

Dispuesta a caerme si te voy a encontrar en el fondo. Pero creo que hoy nos limitaremos a ser ceniza, excusas encima de excusas que con el tiempo han creado un muro prácticamente inquebrantable que no voy a poder saltar. Del que no vas a querer salir. Nos limitaremos a ser extraños. Me limitaré a esta decadencia de saber que nunca más te voy a encontrar, y que si lo hago probablemente no te reconozca ya. Pero te lo juro, que con tu saliva mis heridas se curaban mejor. Que después de que dieras tu primera calada los porros me sabían mejor. Que me has matado de amor en cada orgasmo y me has resucitado después, enseñándome lo maravilloso que podía llegar a ser vivir y sonreírte al mismo tiempo. Pero hoy me rindo a la caída aún sabiendo que ya no están tus brazos para sostenerme, que esta vez dolerá. Que no hay red que soporte todo este peso.

Me entrego a la vida.
Me entrego a la muerte.
Me desnudo ante ti.
Desapareces.
Desaparezco.

Acaricio el muro por si es la última vez que puedo tocarte, rodeándolo tantas veces como me permita el día. Me trago mis palabras antes de que me traguen ellas a mi, ya sabes bien que cuando se encienden van a mecha suelta y no entienden de escrúpulos. Intento escaparme de mi, y en esa extraña distopía todos mis yos me dan la razón, aún sabiendo que no tengo posibilidades, soy yo contra la banca (y la banca siempre gana). Que voy a contarte yo a estas alturas. Seguiré pensando que los que están equivocados son ellos, y aunque no merezca tu risa seguiré deseándola cada noche al acostarme... seguirá faltandome cada mañana al despertar. Esas mañanas en las que me doy cuenta de que me dormí sin darme cuenta, cerrando los ojos cuando huelo tu lado de la cama y creyéndome mi sueño. No voy a ser yo quien diga que están equivocados, pero están equivocados. O quizás soy yo quien se equivoca. Quizás en lugar de sentarme a esperar debería sentarme y olvidar lo que algún día quise recordar para siempre. Pero vuelvo a tumbarme en tu lado mientras miro el reloj. Parado. Mientras siento tu olor... y me evado, respiro, y me voy de mi, y vuelvo a ti. Y al cerrar los ojos, por un segundo, vuelvo a sentirme alguien.

Ojalá vuelvas algún día a sacarme de esta pesadilla.

Ojalá pudiera alegrarme de que seas feliz.

sábado, 22 de julio de 2017

Día 59.5: Llámame

Prometo dejar el cadaver más bonito que hayas visto nunca. Prometo ser el desastre natural más hermoso que hayas presenciado jamás. Pero no puedo prometer que vaya a olvidarte, que no te vaya a echar de menos como la arena de mi playa echaría de menos a tus veintidós mares. Seca, estremeciéndome al recordar que fuimos lo más grande en el universo... aunque solo fuera un ratito.

Quiéreme, solo puedo pedirte que me quieras, que me ames de forma incondicional... como hiciste alguna vez. Quiéreme. Piensa en mí cuando necesites el calor de unos brazos que sepan apreciar la totalidad de tu ser, piensa en mí cuando te corras en otras manos, piensa en mí. Quiéreme. Injustamente, pero quiéreme. Sin merecerlo, pero quiéreme. Con rabia, con deseo, con odio y hasta con amor. Quiéreme como te quiero yo, hasta que te produzca angustia olvidarme. Hasta que te produzca esta misma angustia... no me olvides.

Vive. Sonríe. Disfruta. Replica. Discute. Baila. Folla. Escupe. Vomita. Drogate. Bebe hasta perder el conocimiento. Cúlpame. Ríete hasta ahogarte. Descúbrete. Defínete. Dibújate. Canta. Escribe. Pincha. Observa el mundo. Cambia de prisma dos mil veces. Sé feliz. Mírate a contraluz y deléitate con tu silueta. Mírate al espejo y ríete de quién dijo que no podrías con todo. Come. Gasta. Habla. Ama. Odia. Confía. Aprende. Encuéntrate. Pero ven a buscarme luego. Recuérdame como tú constante. Recuérdame dentro de diez años, de quince, de veinte, cuando necesites que recoja tus pedazos del suelo. Llámame cuando estés solo y no soportes el frío.

Vuelve.
Cuando sea.
Pero vuelve.

Ese día sentí un calambre, como un golpe de electricidad, como si tu ser fuera puro magnetismo, y supe que iba a ser la única vez, la última vez que sentiría algo así. Recuerdo cada detalle cómo si alguien lo hubiese ilustrado para nosotros. Y sabía que iba a ser la última vez.

Ese día vi en tus ojos el final. Y supe que era el final.

Pero esto me queda grande.

Tú
me quedas grande.

Día 59.4: La herida

Siento que a veces
tenemos la dudosa necesidad
de hurgar en la herida.

¿Era realmente necesario?

Día 59.3: Despedidas

Me masturbaré imaginando otras manos, auto convenciéndome de que me van a tocar mejor que las tuyas y con el recuerdo clavado de tus labios en cada milímetro de lo que soy, de lo que he sido, pero ya no de lo que seré. Terminaré corriéndome obligándome a no pensarte mientras recuerdo tu mirada dándole un sentido a todo. No asumiré que formas parte de mi pasado hasta que no abra los ojos y vuelva a acordarme de que te has ido, porque me duele como si alguien hurgara en mi pecho con la daga que tengo clavada desde que decidiste que ya no habría más nosotros.

Pero vaya mierda de beso de despedida.

He pensado demasiadas veces en cómo parecerme más a ella, o en cómo parecerme menos a mi. Pero nada ha funcionado, soy como un juguete roto. Con fecha de caducidad. No entiendo en qué momento me creí ese para siempre. También me culpo por eso.

Solo espero que el cambio sea a mejor.
Porque si algún día decides volver me habré marchado para siempre.

Día 59.2: Lejos

Al final entendí que no merecías mis lágrimas, pero te seguía llorando. Entendí que no merecías más mi sonrisa pero seguí sonriéndote cada vez que me mirabas. Entendí que no merecías mi odio pero todavía menos mi amor, y me encerré en una cueva lejos de donde pensaste que podrías encontrarme algún día.

Pero seguí rezándote.

Corriendo en círculos. Profanando mi culpa. Blasfemando en tu nombre y viviendo una vida que no es la mía. Recordando cómo me prestabas tu aire cuando me sentía totalmente asfixiada, y asfixiándome mientras le gimes y te recuerdas que puedes ser feliz sin mí. Yo no encuentro el norte, doy vueltas hasta desorientarme del todo, hasta encontrarme con tu yo de hace tres años apagando incendios y secando mares. Hasta encontrarme con tu yo de hace tres meses encendiendo el fuego e inundando océanos. No sé porqué pero alguna vez creí en ese punto de inconsciencia.

Recuerdos de viajes espaciales. Nebulosas en tus ojos. Estrellas inanimadas a las que diste vida de un suspiro. Juntar cinco letras y salvarme del mundo. Viajar a otros planetas. Todo lo que no va a volver a pasar es todo lo que pasa aquí dentro, menos el tiempo, el tiempo no pasa. Es esa zorra mentirosa que dicen que todo lo cura, y la verdad es que no es verdad.

Quizás tus manos han sido las únicas capaces de entenderme. De arreglarme.

Falta un mes para el funeral.

Día 59.1: Hoy no existe

Si algún día lees esto quiero que sepas que no fuiste tú el culpable, yo fui la culpa. Maté al 22 de un disparo en la cabeza y no pudo ni articular alguna ecuación entendible, jugué con el a la ruleta y me ganó el impulso del all-in. Ahora estoy gritando, ciega de diazepam y de malestar. De la angustia de no sentirte respirar cerca de mis labios. Ciega de lo poco que me queda de ti y de lo mucho que me llené a tu lado.

Espejismos disfrazados de realidad alternativa. Y litros, y mares de preguntas que resultaron ser solo oasis de arenas movedizas.

Ilusiones ópticas con el cristal roto, pretendiendo que alguien crea en la mentira que es vivir. Que los sueños se evaporan en medio descuido y ahí es cuando ya no hay vuelta atrás. Te siento feliz aunque tan lejos que me apuñala pensar que yo no puedo hacerte eso. Que no puedo hacerle nada. Que rozo tu piel bajo esa armadura de papel albal y camino de puntillas cada vez que me rozas la mejilla con tus labios, inevitable. Soy la misma tonta que recubrió de hielo su guarida para no echar de menos tu calor. La misma que llora como una niña cada vez que escucha como se cierra la puerta pero sonríe cuando escucha el portalón pensando que quizás esta vez sí serás tú. Me he visto siendo kamikaze de tus besos y mentiría si dijera que hoy no mataría por uno de esos. Todo es consecuencia.

Canto desde aquí dentro; como un pájaro enjaulado que odiaría su libertad. Como una Barbie a la que le da igual que le arranques la cabeza con tal de que juegues con ella un rato. Cruzando los dedos por mi apuesta a sabiendas de que todo está amañado. Lo que pasa es que quererte así me pasa factura. Y al final odiarme así también me acabará pasando factura, para encontrarme tarde o temprano allí donde todo comenzó. Indefensa. De nuevo.

Es el caos sin represalias. El juego del todo o nada.
"No llores más."

Por lo menos no me recuerdes por lo malo. Déjame ser esa chica dulce que te abrazaba como si no existiese más mundo. Déjame ser tu musa otra vez, tu poeta maldita. La lluvia que te cala hasta el alma, purificandote. La que te follaba como si mañana no existiera, como si pasado fuera ayer y el planeta estuviera al borde de la implosión. Déjame ser ese billete de diez euros que encuentras en la chaqueta del invierno pasado. La que te calentaba las manos cuando se te congelaban en enero. Déjame ser una mujer. Déjame ser el amor de tu vida. Al menos en tu recuerdo.

Veo el cielo derrumbarse y cuando ya es tarde me doy cuenta de que esas nubes no eran precisamente de algodón. Me veo esculpiendo tu cara en mis sueños y cuando me despierto no estás. Nada es real. Solo desatame y vuelve a tu sitio, sabes que voy a seguir aquí desangrándome como si el mundo fuera tuyo y me hubieses negado la existencia. En la puerta de tu iris escribiste "no vuelvas a no irte", y yo volví a lo inevitable. Me senté a esperar, a ver el minutero recorrer tu cuerpo mientras cualquier lengua lo acompaña. Me acostumbré a esperar, mirando solo el reloj y tapándome los oídos para no escuchar más vuestros gemidos en forma de tic-tac, y negué de nuevo mi existencia.. por eso terminé viendo el final. La niebla y el ruido me perturban como voces que me acusan y repiten "no volverá", como si yo ya no lo supiera a ciencia cierta. Como si no fuera una daga pensarte así, tan lejos. Tu boca es un muro inquebrantable, insensato es el que no moriría electrocutado por saltarlo. Insensato es quien no daría su alma por amor pero la vendería al diablo por unos centavos de más en el banco.

Yo solo soy una imagen borrosa de mi yo.
O quizás soy otro yo.

Que de buena he sido tonta y de tonta he sido esclava. Que desde que me han diagnosticado esta nostalgia he impregnado la almohada con tu colonia cada vez que tú no estabas. Y no es rabia esta vez, es que no consigo desprenderme. No es mi fe quien dicta tus leyes, ni mi carcel tu refugio. Ya no es mi sistema solar el que te hace poner cara de sorpresa, o de guarra, o de amor desbordado. No es conmigo tu futuro. No es conmigo ni tu presente, a estas alturas.... me acaricia el vértigo. Arráncame los ojos. Dame por vencida.

Hoy el calendario está roto, los relojes están rotos y yo estoy rota. Hoy Romeo y Julieta están de luto y el tipo guapo de El Diario de Noah se ha pegado un tiro mientras miraba una foto tuya. La almohada huele a ti. Mis lágrimas son un reflejo de ti, y vuelvo a dibujar lo improbable tirando mis poemas en forma de aviones de papel por el balcón... pero (spoiler) nunca llegarás a leerlos. Ya te perdí de vista.

Encerrada en este vacío absurdo, dando vueltas a su alrededor como un satélite estropeado. Buscando las pistas con la excusa de que me conduzcan a ti. Calmando el dolor con dolor. Calmando la rabia con dolor. Hoy no nacerá ningún niño en la Tierra ni morirá ningún corrupto, si sale el sol será solo para que tus ojos brillen todavía más. La luna no la verás porque la baje por ti hace ya un tiempo, y cada estrella será uno de esos poemas en forma de avión de papel. Dirás que fui un error y yo nunca negaré que fueras mi mayor acierto.

Y yo esforzándome por no repetirte eso de "escápate conmigo" o más bien por no volver a escuchar ese no por respuesta. La casa está vacía. Empiezo a estarlo yo también.

Estoy oliendo otra vez la almohada y cuando cierro los ojos todavía parece que estás aquí.

Día 59: Refugio

Que si, que lo sé, que todas estas letras se morirán en un silencio incomodo al que ni tú ni yo querremos hacer frente. Lloverá sobre mojado cada vez que grite tu nombre y se me empaparan los ojos de más lluvia cuando te gires diciendo adiós, otra vez.

Volverás a tu refugio, lejos de mi.

viernes, 21 de julio de 2017

Día 58: Arañazos en la pared

Te quiero como si llevara tatuados nuestros nombres entrelazados y ensangrentados, desde el día en el que mi madre decidió traerme al mundo. Como si el amor se me llevara contigo cada vez que te escapas (otra vez), cada vez que te escapas (más), cada vez que (me) escapas. Como si me fuera a explotar la sien cada vez que parpadeas con esos aires de ser tú y solo tú quien puede controlar el tiempo, la tormenta y el viento que consiga secarme por fin las lagrimas. De los restos de eyeliner ya me encargaré yo después. Hoy, simplemente, me siento morir entre los brazos de nadie. Acurrucada en un recuerdo que jamás podré volver a creer real y atrapada en ese pasado que me tortura como si yo fuera su jodido prisionero de guerra.

Me ata las cuerdas a la espalda, mientras me dice: "tú puedes con esto".
Yo solo pienso: "¿quien es el gilipollas que te ha dicho a ti que pueda?".

Y ahora es cuando las mariposas empiezan a distorsionarme la realidad. Las mariposas que ya no son mariposas, si no abejas reina llenándome el cuerpo de ese zumbido inestable, de esos "venid a rescatarme". Pero de verdad, callaos ya. No va a venir nadie. Nadie. Tal vez en algún momento de todo esto estuvimos a tiempo, estuve a tiempo, o tal vez no. Pero levanto la cabeza y sigo buscándote en otras caras. En otros labios. En otros cuerpos. El problema es que mi imaginación es prácticamente nula y no te encuentro en ninguno de ellos. Las miro pensando "nunca estaréis a su altura". Y en cada primer beso pienso en esa jodida iglesia. En esa perfección convertida en caricia. En ese precipicio que eres y al que decidí saltar aún con el miedo a caerme. Y hoy estoy abajo, y sigo viva aunque huela a muerte, limpiándome los arañazos con mi saliva y sin cobertura para llamar a una ambulancia. Quiero que me hagas el amor, no que me lo sigas deshaciendo... pero este pulso no lo gano yo.

El recuerdo está intacto aunque me duelen las manos de intentar doblarlo para que dejara de intoxicarme con tu risa. La culpa a un lado, intentando hacerse notar y llamando mi atención a toda costa. Mis ojos rojos, rotos... como papel de periódico mojado. Mi sonrisa escéptica, de plástico. Mis gritos insonorizados. El margen de error al borde del colapso. El mismo sitio en donde me dijiste adiós. El mismo adiós que ya me habías dicho semanas antes.

"Que quizás si vuelvo, vuelves tú" - me digo
"Que dejes de engañarte" - replico
Y entonces veo que ya no hay posible vía de escape. Ni salida de emergencia.
Ni paz para alguien tan cobarde como yo.

Eres como una cascada en medio del bosque, descontrolada. El mejor paisaje que podrás ver jamás. El peligro en tus rocas, pero lo eterno de ver como el agua las golpea sin remordimiento. La calma en la orilla, el como se enturbia creando fractales impredecibles en cuanto te acercas. Y ojalá tu sonrisa en un llavero como souvenir de que sí, hubo un día en el que estuve allí. Ese día en el que besé su arena y caminé en sus aguas. Cuando saltaba, corriendo, sin importarme lo fría que pudiera estar.

Asumí muchas culpas y después, simplemente, miré hacia otro lado. Como si eso fuera a hacer que desapareciera. Lo curioso es que a tu lado todo desaparecía. Y ahora me enfrento a mi miedo, así, cara a cara. Me mira con cara de malo y se piensa que me va a intimidar. Y un poco sí que lo hace. Quizás más de lo que me gustaría. A veces es él quien sujeta los mandos y yo me dejo ser nada, porque siendo nada es más simple no existir. Así que sí, si te soy sincera, a veces no existo.

Adicta a mirarte y en plena desintoxicación, con la aguja en la mano y el pensamiento apuntándome. Y yo sin poder evitarlo empiezo a entender a todos esos locos que hablaban del séptimo cielo.

Me rescato de mi, otra noche más.

jueves, 20 de julio de 2017

Día 57: Puta yonki

Tu amor me ha dado la vida y después me la ha quitado, hoy creo que te siento inhumanamente lejos. Tan viva y tan muerta a la vez, y que mi renacer dependa solo de tus besos... solo soy una yonki del dolor, o de tu cariño, o de tu amor, o de las benzos que me han recetado para que deje de pensar en ti, o de... soy solo una yonki. Déjalo en eso.

Aún sabiendo que no debo quiero deshacerme en ti, vaciarme en ti. Sigo pendiente de un meteorito que jamás caerá sobre mi planeta, de un destello que tu luz jamás será capaz de regalarme. Culpándome por lo que hice y hasta por lo que no y lamentándome un día detrás de otro porque solo tengo sed de tu saliva, de tus palabras, de ti, y lo demás... son solo derivados de la morfina que no le van a quitar el mono a esta jodida heroinomana. Dispuesta a matar por un tiro. Dispuesta a morir de sobredosis.

Algunas veces me abrazas al dormir y siento que solo puedo despertar del sueño, pero cuando no estás... me gusta llamarlo apología al terrorismo. Calculo cada milímetro de esa sonrisa forzada de la que presumes y, a cada minuto que paso fuera, le tengo más miedo al mar. Me repito que puedo sin ti pero solo es otro falso posado del que vacilar cuando me doy cuenta de que todas las batallas están perdidas, y tú, perdido. Y yo... esperando el "te quiero" que no va a llegar, el beso que me hará despertar, la duda que resuelves con tu simple presencia... pero los relojes están todos rotos desde el día que me dijiste que no debía seguir luchando.

Quizás sí que no debo. Estoy viviendo una ilusión que yo misma he fabricado con metal en lugar de algodón para que el golpe duela más todavía, siempre lo hago todo del revés. Amándote hasta no saber ni qué significa amarte y entregándome al ruido de saber que no vas a volver, que ya no vas a volver, como gritos desesperados a esa persona que nunca podré llegar a ser, o los dedos con los que ya no tocaré más la cima de esa montaña, o el algoritmo que me separó de esas manos que me recubrían de sentido de existir y ahora buscan otros tactos que le sean más agradables que este negro áspero al que nadie se puede llegar a acostumbrar jamás. Que a las espinas uno no se acostumbra... jamás. Es como mis sueños rotos cuando a ti te gustaba andar siempre descalzo por casa, dolerte por dolerme y que me duelas hasta ahogar en ese futuro absurdo que ni me incluye, ni pretende, solo aprieta más la cuerda y me aleja lo suficiente como para que contemple como todo se derrumba... y me derrumbo yo entonces.

Y la verdad, siendo sinceros. Espero que nunca ames como yo te amo. Espero que no te duelan como tú me dueles, o quizás si, para que entiendas que es doler. Espero despertar algún día y que me beses en los labios y me digas "hoy sí", pero vaya, que hoy no. Ni mañana. Ni aunque te escribiera diez mil poemas y cien mil canciones de amor, porque cariño... te sienta demasiado bien no tenerme cerca aunque me siente tan mal perderte. Como si de un día para otro una estrella fugaz hubiese boicoteado el plan maestro. Como si el arquitecto del universo no quisiera esto realmente, pero tú que me subiste al cielo probablemente tengas más potestad que ese hijo de puta que se hace llamar Dios. Y eso que yo solo le pedía que me dejara descansar en paz... pero ni en mis peores guerras.

Te sonrío porque para eso ya me lloro yo encima, así por fin me limpio del pecado de arrastrarte hasta mi infierno y no saber cómo volver. Camino con las cruces a la espalda y al final son más de las que consigo ver, me pesas tú o me pesa el alma... y no sé si soy yo o es que el aire que sale de tu nariz es cada vez más dulce, aunque a veces también me huela a derrota. Me muerdo los labios hasta que sangren mientras cruzo los dedos: hoy si. Pero hoy no. Ni mañana.

El amor es solo odio y el odio es solo amor, y al final me disfrazo de los dos. Vuelvo a mi sitio, donde sabes que estaré, a esperarte mientras me convenzo de que no vas a volver. De que somos como Oniria e Insomnia. De que ya no puede ser.

domingo, 16 de julio de 2017

Día 56: Mute

¿Recuerdas aquella serie a la que estaba tan enganchado?
Creo que era tu compañía lo que la hacía buena.
Se va a quedar a medias, como mi vida.

Estoy anclado en un capítulo que se repite,
despierto y no estás,
lloro sin lágrimas
y digo algo en voz alta sobre el fracaso.
Luego me masturbo,
nunca pienso en ti,
me da vergüenza manchar el amor.

Sin ti soy una abeja en una flor de plástico.

Lo jodido es cuando uno echa de menos
esas cosas que antes le ponían enfermo.
Tus retrasos, por ejemplo.
Ahora me visto y añoro hasta el dolor
de no tener que esperarte.
A veces, incluso, me siento en el sofá
y calculo de memoria cuánto tardabas
en alisarte el pelo,
o en colocarte tres vestidos
para acabar poniéndote el de siempre,
solo entonces salgo a la calle.
También es sin ti,
pero el reloj no lo sabe.

De vez en cuando le doy al play a mi vida
y te quedas tirada en mitad del destino
y vivo sin ti y muero por otra
y ensucio tu nombre con otra saliva
o hinco mis piernas al sabor de otras olas.
A veces sonrío aunque no lo creerías,
o canto en la ducha y le bailo al espejo
y digo te quiero después de un orgasmo
o hago promesas que no cumpliría,
a veces parece que tú no existieras.

Luego rebobino y apareces de nuevo.
Pidiendo disculpas,
rogando una copa,
diciéndome aquello de amor para siempre,
jurando que nunca te irás de mis labios,
dejando tu olor pegado a mi cuerpo,
lamiéndome heridas que llevan tu nombre.

Yo le doy al pause antes del te amo
y vivo una vida que ya no es la mía.

No se puede evitar lo que nunca se olvida.

Por eso estoy aquí, sentado en el sofá que tú misma elegiste,
con toda la impaciencia que me cabe en el pecho,
vestido de idiota para el cumpleaños de Ainara
fingiendo que aún vas por el segundo vestido,
el cabello rebelde
y un espejo farsante.

Y que vamos a llegar tarde, como siempre.


- Ernesto Pérez Vallejo

martes, 11 de julio de 2017

Día 55.2: Amor XXX


Hoy hace una semana y dos dias que te fuiste
pero aún huele a ti la habitación.
Se que no vas a volver
pero miro hacia la puerta
cuando hay ruido en el rellano
esperando a que seas tú
pero nunca eres tú.
Me despierto de madrugada
y no eres tú
es que me dejé las luces del pasillo encendidas.

Estoy mirándome al espejo y solo veo
a esta yonki del control.
Me estoy torturando
porque sé que solo uno creía en los dos.
Asumo la carga y me llevo mi culpa a la tumba.
Pero odio este adiós.

Cuando tenía que hacerlo no supe
y cuando sabía no pude.
El bucle absurdo. Tú y yo un absurdo
que de imperfecto se hacía grande.
Si vuelvo estorbo
pero al irme me hundo.
No habrá sitio para mí
y todos estos demonios juntos.

Y mientras como sushi pensando en ti
y me fumo otro más pensando en ti,
está empezando una canción que me recuerda a ti,
pero cuando termine empezará otra
que me recordará a ti mañana,
y otra vez más suena el móvil
con su estupido brrrr brrrr
pero no eres tú aunque piense en ti.
No eres tú.

A mil por hora el corazón
cuando veo tu nombre en la pantalla
aunque solo sea para decirme
"que descanses"
...
¿como voy a descansar sin ti a mi lado?
Explícate.

Día 55.1: Amor XXIX

&

Tú vienes de un lugar cálido,
aunque te haya dolido,
caerte de esa palmera.
Yo,
sin embargo,
vengo del puro hielo de una copa de bourbon que abandonaron en una barra,
antes de vomitar las anteriores.
Por eso te digo,
derretir un iceberg con la piel también es jugar con fuego.
Ten cuidado,
para cuando lo necesite.

Sé muy bien que comparto
tu barba con otras chicas
que saben cuánto mido,
y no hasta dónde llegarías por mí.
Que eres un salado,
aunque te pases de empalagoso .
Que Madrid es un gamberro al que dejas quedarse a dormir.
Que todos están invitados.
Sé muy bien que eres libre
y libre te quiero
porque te quiero.
Sabes muy bien que en mi espacio no hay estrellas
tampoco puertas o atajos.
Hay muros que levanté con cemento
para que ni siquiera tú pudieses pasar.
Que iría a buscarte a Groenlandia,
pero no te cogería el teléfono.
Que llevo muy mal eso de que lleven bien quedarse a dormir.
Que a veces soy tan egoísta que se me escapa mi propio nombre en la cama.
Que desprendo esa ternura de niñata que denota que me importas al enfadarme,
pero nunca te lo diría.

Como sabes también
que me salen tulipanes por los ojos cuando abres la boca.
Fíjate si es bonito lo que dices,
que ignoro que lo acabes con un “nena” .
Que si me vuelves a meter mano,
me la voy a llevar a casa para jugar con ella cuando quiera.
Que una ducha sin ti es una guarrada.
Que si me quedo,
aunque sea lejos,
es para que alguna vez me eches de menos.

Aquí hemos venido a jugar,
y gana el que aprenda a perder.

- Irene X

lunes, 10 de julio de 2017

Día 55: Amor XXVIII

No quiero sentir este vacío
que anida en mi y poco a poco va pudriéndome la piel,
pintando con eyeliner negro mis pulmones,
amenazando con poner una bomba en mi cabeza,
con apretar el botón
y sentenciando mis días más malos.

Lloro y pataleo, soy como esa niña
a la que se lo han permitido todo
pero de pronto nada.
Y lloro y pataleo. Me busco en otros ojos.
Pero solo los tuyos me enseñaron quien era en realidad.
Y de pronto nada.

Decidí que era mejor dejar que doliera
y el final está tan cerca
que si miro hacia atrás todavía lo veo
clavándose en mi hasta encontrarme atravesada.
Miro hacia adelante y aun veo tus manos
pero también como se alejan.
Y desde tan alto solo puedo gritar.

El amor no es más que una puta sin remordimiento.
Una mordaza.
Un agujero en el tiempo.
Tan real cuando aún existe
aunque letal cuando está muerto.

Por mi insomnio. Por mi fe.
Por los hijos que no tengo.
Y que tal vez nunca tendré.
Por ti. Por mi absurdez.
Lloro y pataleo:
porque no se que puedo hacer.
Por mi orgullo y mis porqués.
Por el odio que me tengo y por la rabia que guardé,
los susurros que me faltan por cantarte
y los versos de ''nunca te olvidaré''.

Ábreme el pecho
solo encontraras todo el amor que no te di
por miedo a que supieras lo que guardaba dentro
y probablemente te desborde
como me desborda ahora a mi.

Día 54.6: Amor XXVII

No me merezco tus días buenos.
Ni tú mis días malos.
Por eso te estás yendo:
yo ya nos he fallado.

Te quiero.
Solo eso. No se apaga
aunque lo intente.

No se apaga.

Día 54.5: Amor XXVI

Odio el helado de chocolate.

Un día quiero despertarme
siendo una de esas mujeres que ante la adversidad come helado.
Que no cierra los ojos y se ve tirándose del pelo
y los abre y se ve sonreírse traviesa.

Que se conforma con un puesto de trabajo sencillo
con el que comprarse vestidos que le queden lo suficientemente bien para seducir a cualquier gilipollas
que, con tranquilidad sustituirá por otro gilipollas.

Que no busca respuestas en los libros
y cuando siente pinchazos en el estómago
llama a su ejército de mejores amigas
(siendo estas muchas e iguales),
y tras un jo, tía
Inicia una conversación que la llevará al sosiego.

Una mujer que duerme una media de nueve horas al día.
Con un peluche hasta los treinta
o un novio desde los diecisiete.

Una mujer de hoy,
de las de hace mil quinientos años.
Que sigue los pasos de su madre.
Siempre hacia atrás.
Siempre hacia atrás.

Que cuando tiene un mal día va al psicoterapeuta
que le recomendó Laura
(la de pilates).
y sale sintiéndose nueva.

Una mujer coñazo.
De esas que no te partirían la cara en una discusión
ni coquetearían con otro para decirte: "mira, puedo irme"
ni te gritarían en la calle: "vuelve, que te mato"
ni se matarían si no vuelves.

Una mujer normal, sencilla
de esas que no te tiran de la mano para follar en la iglesia
ni lloran como niñas con barro en las rodillas.

De esas que prefieren que te duela a mentirte.

Un día quiero despertarme siendo una mujer de esas
para que la próxima vez que me acusen de romper un plato,
me pillen fregándolo sumisa,
tranquila
e
indiferente.

- Irene X.

Día 54.4: Amor XXV

Tengo tantas cosas que callarme
que no sé ni por donde podríamos empezar.
Todavía tengo tus orgasmos guardados
en el cajón en donde guardo mis poemas
bajo llave, para que no se te ocurra abrir.

Y ahí va este agosto acercándose, diciéndome
''no lo has conseguido''
y está bien. No lo he conseguido.
Esta vez tiene razón.
Pero yo solita me torturo.
No te necesito.

Esa forma de acercarse, como con miedo a despertarme,
aunque no estuviera ni dormida.
La forma de asentir pero sin querer que adivinase
que era aquello que escondía.
La verdad.

Un día la vi de frente
y el gusano dentro mío se retorcía
como si lo estuviesen aplastando
lentamente. Hasta dolerme.
Sin control.

Contigo el mundo era más mundo.
Más humano. Y yo más capaz.
Solo pienso:
''si no ha venido conmigo
será porque así está bien,
será porque bastará".
Yo sola ya me torturo.
No te necesito más.

Vi tus ojos como platos cuando viste mis cortes
y tu los míos saliendose de tu mar.
La sangre seca con tu nombre. Con el mío.
Con las noches que ya nunca volverán.
Los ojos rojos. Inhalo. Me miro.
Te miro y lloro. Y ¿que más da?

Es verano.
Pero echo de menos tu calor
y paso frío por las noches desde que te has ido.
Pero ¿que más da?...
Si ya no te necesito.

Es veneno.
Como el que escupo cuando pierdo la razón.
Como quererte. Como sentir. Como tu voz.
Y baño en él mis cicatrices
para que abran las heridas o las curen ya del todo.
Para que me maten en vida
o me respondan al "¿como?".
No existe. No existes.
Y a veces
hasta dudo de si hemos llegado a hacerlo
alguna vez.

Es verano pero echo de menos tu calor.