Traje conmigo el gen del mal, grabado en el ADN. Me repito el mismo bucle. Como un error que algún día me tatué en la piel y ni el láser puede extirpar.
Soy la torpeza en las manos de un cirujano en una operación a vida o muerte y todo aquello que te planteas cuando estás frente al precipicio. Solo un saco de mierda regodeándose en su miseria y castigándose por existir. Soy el vacío al que me debo cada día cuando me despierto y es como si al final, o quizás al principio, hubiese muerto. Pero entonces vuelve. Todo ese mar de pensamientos vuelve a empapar mi cabeza y vuelve a apuntarme sin disparar nunca. Solo quería meterme miedo. Otra vez. Pero nunca termina de decirme "ahora".
Y eso soy. Solo el cancer de un perdón y la angustia del contratiempo, esos diez minutos de retraso del metro que te hacen perder el vuelo y te joden la entrevista del trabajo de tu vida. Soy el gilipollas que está al otro lado riéndose de ti en tu puta cara sin que te atrevas a decir nada porque era demasiado bonito, tan bonito que a la vez era obvio que algo iba a llegar y a explotarlo todo por los aires. Y si no ya lo hago yo. Porque al final es lo que siempre acabo siendo.
Basura cósmica.
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