a que el mundo se termine
para dejar de rezar por ellos:
sé que nunca han existido en realidad.
La sangre, la culpa y
los escrúpulos
en un vaso a medio llenar
y los veo mirándolo fijamente
creyendo que seré yo quien lo hará
pero esta vez no
no les queda labia en la botella.
Estoy a punto de saltar
lo he repetido demasiado,
por eso ahora nadie me creerá, nadie
me vendrá a buscar.
La sangre, la culpa y
el
Dímelo otra vez.
Cúlpame otra vez.
La sangre, la culpa y
mis ganas de saltar.
Y yo
allí
al final.
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