martes, 22 de agosto de 2017

El funeral


Día 79: El funeral

Hoy es el día del funeral.

Te veo alejarte a kilómetros,
me veo fuera de control.

Con la pausa en sus labios
pero la rabia también.
La angustia en mis ojos
la indiferencia en los de él.

Lluvia ácida
intentos frustrados
que terminan en nadie;
otra vez estoy abrazando a la almohada.

Hoy es el día del funeral.

¿Pensabas que no lo recordaba?

lunes, 21 de agosto de 2017

Día 78.1: Vale

Tu sigue leyéndome 
para luego bloquearme
para luego irte de mi vida 
y que viva la libertad de expresión
y que a los ángeles como tú
les arranquen las alas.

Día 78: Ojalá

Ojalá me echarás de menos. Ojalá alguien me echara de menos. Ojalá no quisiera morir hoy. Ojalá pudiera levantarme de la cama. Ojalá estuvieras pensando en llamarme justamente ahora. Ojalá yo no estuviera pensando en que lo hicieras. Ojalá algo de todo esto fuera cierto. Ojalá no fuera mentira. Ojalá esa cuchilla no cortara. Ojalá la sangre no manchara.

Ojalá mi soledad se evaporara y dejara de sentir que soy solo un trámite por el que ya has pasado. Ojalá supiera salir del bucle. Ojalá no me tuviera más miedo a mí que a ti. Ojalá alguien le hubiese dicho a tu yo de hace cinco años que no era buena idea.

Ojalá esos ojos que miran con rabia no fueran tus ojos. Ojalá tus contradicciones fueran declaraciones de amor.

Ojalá no fuera solo un estorbo en tu vida.

martes, 15 de agosto de 2017

Dia 77.1: 04.57

Me preguntaran mil veces el porque y probablemente la mitad de ellas les mienta. Igual que me intenté anticipar mil veces a esas curvas pero justo cuando pensaba que todo estaba bajo control es cuando me estrellé.
Rota en pequeños pedazos. No consigo recomponerme. No me quiero ver.

Estoy fumándome el quinto porro de buenas noches. Tomándome el tercer diazepam de buenas noches. Buscando un resquicio de tu olor en la almohada y nadando en fracasos. Muriéndome de frío entre los brazos del fantasma de aquello que solías ser tú. Vaciándome el pecho porque si no explotará. Intentando olvidarte o si no explotaré. Quizás si entendiera dónde está exactamente el punto medio y aprendiera a respirar todo cambiaría su lugar en el mapa, pero hoy soy solo un punto más andando hacia ninguna parte. La fuga de lo inestable. Cuando la grandeza comporta inseguridad y la inseguridad la angustia de estar solo de por vida. Y tú qué te pensabas que alguien podría igualarte. Y tú qué te pensabas que no serias solo tú.

En el desierto solo hay sed, como en mis párpados. Dudas. Intentos de volver a volver a olvidarlo. A olvidarte. A olvidarnos.

Para siempre es solo una frase que significa hasta que mañana me canse. Con el tiempo se aprende, dicen que te enseña. A mí me golpea pensándose que así me va a ayudar y yo solo grito y grito y grito y grito. Hasta que el dolor calma despacio mi sed de más. Morir en unos brazos que no sean los tuyos para poder resucitar.

Todo al rojo por su verde. Todo mi odio un quiero y no. Llantos y maullidos. Cicatrices. No soy yo.
Porque no se ni quién soy yo.

Día 77: La primera muerte

— Si ya sabes bien que no te quiere ¿a qué aspiras? ¿quieres ser un comodín toda tu vida?
— Quiero que me quiera. Tener un hombro en el que apoyarme cuando todo vaya mal. No pasar sola el huracán.
— Eres patética.
— Lo sé. Demasiado bien.
— Ese huracán te llevará con él porque es lo que quisiste desde el principio.
— Nadie quiere algo así.
— Por eso no eres nadie. Por eso nunca lo serás. ¿Hacia dónde te crees que caminas?
— Ese acantilado lleva su nombre. Todavía me queda lo peor.
...
— Solo dime, ¿por qué lo has hecho?
...
— ¿Estás ahí?

lunes, 14 de agosto de 2017

Día 76.1: He sido un accidente

Soy la del redbull con diazepam. La de los porros bien cargados cuando intenta no pensar. La del jaggerbomb sola en casa y el café con el chorrito de baileys cuando siento que te echo de menos más de lo que debería. La del tramadol antes del chupito de tequila, la de los sueños que nunca se cumplirán, supongo que esa soy yo. Eh, tú ¿qué tal?

Hoy tengo que agradecerle a esta Cheese Kush el ayudarme a evadirme. A morirme estando viva durante unos segundos y después volver como si no hubiese pasado absolutamente nada. No sé si quiere paz o quiere guerra, pero mi otro yo parece enfadado consigo mismo. Le ha contado a una de nosotras que a veces ve una pequeña luz detrás del túnel pero nunca alumbra tanto como la tuya, y eso la va corrompiendo por dentro hasta que, no se, ¿hasta qué? Tengo que agradecerle a esta Black Sugar el estar anestesiandome para que tu puta voz me deje morirme en paz. O vivir en paz. O ahogarme en paz. Solo intento refugiarme.

No lo entenderían, sabía que no lo entenderían.

Déjame que siga masturbando mi odio como si mañana no existiera y alimenta esta rabia con más rabia cada vez que mi crisis te lo permita, róbame el oxígeno; te lo regalo. Camino sobre la nada, hasta que me doy cuenta de que es la nada y me caigo en los brazos de nadie, hasta que me doy cuenta de que no es nadie y me caigo. Sin protección ni red. Pero sigo caminando en la cuerda floja a ver si consigo descifrar el sentido de mi muerte, de este invierno anticipado, de esta lluvia en pleno agosto.

Mis manos se convierten en tu hoguera mientras mis lágrimas caen hacia dentro y duelen como si fueran pequeños cristalitos rompiéndose y clavándose en cada hueco de mi cuerpo, haciéndome sangrar hasta que desaparece el nudo en la garganta y vuelvo al mismo sitio: a ningún sitio.

Envidio a esas personas que tienen un rincón de no pensar.
Envidio a esas personas capaces de no pensar.
Envidio a esas personas que todavía no te han conocido y no saben lo que es tenerte en la cabeza como si fueras un camaleón, camuflándose constantemente pero apareciendo en el momento justo para congelarme el alma de un lengüetazo.
Envidio esas manos que te tocan.
Y todos los orgasmos que me he perdido por estar mirando hacia otro lado.
Envidio esos labios.
Pero me escondo, y sigo en el bucle aunque ya no me ves.
No deberías ver esto.
Tú no.

Me encontró en el suelo tumbada y solo supo decirme que no era lo que quería para el. Comprendí que mi tristeza a veces es mortal. Que el virus se contagia y que solo soy aire entre más aire, muy alejado del que tú respiras ahora. Muy lejos del que te gustaría respirar. Y yo que sigo quedándome embobada oliendo el aire que se escapa de tus labios, sintiendo tu respiración cerca cuando ese dios de mierda decide permitirme el lujo de vivirte, aunque solo sea a medias. Aunque se haya llevado una mitad. Ese dios sí que era ateo.

Escapar de mí misma como forma de vida, o como forma de huida. Vaciarme de mí es la estrategia perfecta, o al menos lo era antes de saber que lo que no podría hacer jamás era vomitar tus recuerdos. Y me caí encima de la alfombra y me creí inmortal solo un ratito, después vi bien quién era y como no lo supe ver volví a fustigarme en su agonía. Capaz pero incapaz a la vez. Como si estuviera con medio pie rozando el cielo y el otro bien apoyando en el precipicio, con el equilibrio en las manos para tener mi odio en su sitio. Ya lo sé, no lo entenderían. No lo entenderán.

Cuando escupa lo que he sido. Cuando algo me haga fuerte y el universo en lugar de tirarme piedras para que no consiga salir me acerque esa cuerda, o que alguien me acerque esa cuerda. Que se que yo no soy suficiente, que ya sabía que no lo iba a ser. Que sencillamente no soy suficiente. Siempre me han podido las ganas de llorar.

Que bendigan tus latidos, aunque esa taquicardia la produzca ver cómo te mira con cara de guarra y te hace el amor con los ojos. Que tu voz nunca se pierda, aunque sea para susurrarle un te quiero que solo yo me arrebaté. Que cuelguen a tus demonios delante de todos para que sepan lo que implica dolerte, que la lluvia no te moje, que no hayan cargas que te pesen. Que aunque asfixie me recuerde porque sigo. Y no sé del todo porque sigo. Que solo me asfixia y no me alivia de estos ruidos. Me escuece pensarlo y saber que es real. Me escuece cuando mi ansia de saber me obliga a ver qué es real. Pero lo veo. Y me escuece. Y cuanto más escuece más me cuesta respirar.

Yo pensé que el amor le podía a todo.
Pero qué mal se me da pensar.
Y eso que ando en ello todo el día... hasta cuando soñando me da por llorar.
Ahí está, poniendo cara de que ya lo sabia todo. De que no me quería preocupar.
Aquí estoy, sin nada a lo que pueda agarrarme, con todas las quemaduras en carne viva y con el fuego alrededor amenazando porque quiere más. Porque siempre quiere más.
No tengo nada. Ni a mí misma, le dije, al menos de eso estaba segura. Y asintió, así, sin pararse ni a pensar por un momento. Y me dijo, con orgullo "eres el monstruo más bonito que he creado". Y se fue y me dejó con mil preguntas y otra vez volví a empezar.

Me empeñé en un imposible. Tan imposible como que el corazón se regenere sin sangrar. Tan imposible como mis manos por tu cuerpo, como tus gemidos en mis tímpanos o tu cabecita apoyada en mi pecho. Imposibles.

Me duele la cabeza. Solo quiero verla estallar.
Y que no manche... con cuidado.