jueves, 11 de mayo de 2017

Día 27: 愚か

Solo soy
una espiral de autodestrucción,
el hielo con el que intento encender su hoguera,
un bucle aburrido, un intento de algo, de alguien,
que no sé ni yo.

Le lloro a una imagen que yo misma he inventado,
la miro y me empapo de ella
como si eso me fuera a salvar,
como si me fuera a ayudar a asumir
algo. La verdad está en sus manos y yo
pues también.

Maldita hemorragia,
por más que apriete
aún sangra.

Me duele más cuanto más me atrapa
y es que soy yo quien se atrapa, al final,
como autosaboteandome de nuevo
porque nunca aprendo,
de verdad que nunca aprendo.

Por manchar mis manos de excusas,
de odio, de rabia y suposiciones,
sin pruebas de lo que es o no es real,
apuntándome a mi
porque es más fácil
que creer en cualquier otra cosa
que no sea irme y no volver.

No entiendo que pasa, ni hacia donde voy,
solo soy una espiral
de autodestrucción,
volviendo a lo mismo de ayer, al mismo punto exacto
en donde al final
todo salía mal, aprendí el cuento tropezando
una vez, y otra vez...
y cuando pensé que todo estaba resuelto
volví a tropezar
una vez, y otra vez...
para caerme justo 
en donde tú no me estarías esperando,
en realidad ya sé que no hay nadie esperando.

Pierdo el sentido,
o quizás ya lo perdí,
hoy no sé ni quien soy
nunca lo supe en realidad pero hoy
todo se nubla
y a la vez
los rayos se acumulan dentro, esperando
hasta que sea el momento
si es que llega el momento.

No soy nada, no soy nadie,
no puedo serlo.

Una espiral infinita
de autodestrucción,
una lucha contra mi misma
en la que solo puedo perder yo.

Y así perdí
todo lo que me quedaba,
hasta a mi.

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