Siempre saludaba al llegar pero nunca se despedía al marcharse. Tenía los ojos verdes, pero no un verde cualquiera, ese verde abstracto que según el sol se vuelve verde magia o se queda en verde amor. Las manos más suaves del mundo y la cara más bonita del universo. Y cuando cantaba las ondas se volvían corazones en pico, arriba y abajo como cuando me follaba y el mundo ahí fuera dejaba de importar, como si dentro se fuera a derretir.
Todo el mundo me llamaba ingenua pero yo quise seguir soñando contigo.
Aunque ahora duerma sin ti.
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