En el punto más helado del universo también existen los espejismos.
Oasis de cadenas perpetuas.
Luchas de remordimientos, de culpa y asco. Tempestades y recuerdos. Lluvia ácida. Secretarias con ganas de matar y funcionarios con ganas de morir. Carniceros con fobia a la sangre. Asesinos enamorados.
Me reflejé en tantos espejos que empecé a desconocerme. A ver el diablo en mi, las luces apuntándome y los flashes, tan de cerca que terminaron por cegarme hasta no reconocerme en los mismos espejos en los que tantas veces me había (casi)visto, preguntándome donde estaba ahora el problema, señalándome a mi misma como el problema. Proyecté todo mi odio en la persona equivocada. No eras tú. Era yo quien se odiaba.
Y ahora este recuerdo. Cabizbajos.
Ahora que ya no son buenos tiempos tú me ves rezando por un aquí y por un ahora, que ya fue ayer. Tu olor, a veces, me recuerda que existo y que alguna vez he merecido la pena.
El universo es demasiado grande, y yo quizás demasiado pequeña. Un punto dentro de otros mil puntos que se camuflan entre cristales partidos en cien millones de trozos, que se difuminan entre arena y mar, entre asfalto y cárceles a las que llamamos vida. Nos entregamos a un horizonte y como no vi el final me pensé que era eterno, tú ya sabías la verdad desde el principio y fuiste demasiado bueno al no querer dolerme y decirme que todo termina en algún momento. Hasta nosotros.
Me evadí entre los fractales de un sol pero a la sombra de un árbol cualquiera, que algún día me tatuaré en el pecho para recordamos que fuimos eso.
Me rendí (me rindo) a la perfección que es, simplemente, tu existencia.
Y a veces hasta grito y lloro. A veces soy un desastre, y esta vez me costó el sentir.
Normal.
No podía esperar otra cosa después de tiempo recorriendo el desierto con sed y sin agua potable. Guardándome el mínimo para una emergencia, sin saber que ya era una emergencia. Sin querer escuchar las alarmas, sin querer ver el ruido extraño que hacían tus latidos al acercarte.
Y nos rendimos.
No sé. O te rendiste. O mi rabia te obligó a hacerlo. O mis demonios te apuntaron hasta que cediste. La culpa siempre será mía, déjame a mi la mochila. Átame la piedra. Llorame algún día, como si recordaras que esto algún día existió.
Y fue más de lo que nunca nada será
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