miércoles, 2 de agosto de 2017

Día 68.1: Dicen que va a llover

Hace tiempo que el porro de buenas noches me lo fumo escribiendo sobre ti y no contigo. Desde ese día me sabe peor. Yo, que creía en los imposibles hasta que nos conocí. Que creí en el amor hasta que nos desconocí.

Ahora estoy frente a una señal de stop corroída por la lluvia, preguntándome si debería o no pasar al otro lado o quizás ir marcha atrás y encontrar otro camino que por lo menos no me haga pisar todo ese barrizal plagado de medusas venenosas. O eso o asfixiarme contra una pared de ladrillo. O eso o golpear un panal de abejas con la piedra más grande que consiga encontrar.

Miré al fondo y ya no estabas, ni tu silueta a lo lejos, ni la sombra del recuerdo. Ni mi cuerpo. Ni tu risa. Y quise romperlo todo pero ya era tarde porque estaba roto. Y al querer recomponerlo era tarde porque estaba roto. Allí sigue a día de hoy, principalmente roto.

Tenía humo en las pestañas y restos de speed en el corazón, supongo que de todos los sustos que le di. Supongo que de todas las bocas de las que bebió. Supongo que del cáncer que le terminé provocando de tanto intentar mirarme de cerca el alma. No lo sé.

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