martes, 22 de agosto de 2017

El funeral


Día 79: El funeral

Hoy es el día del funeral.

Te veo alejarte a kilómetros,
me veo fuera de control.

Con la pausa en sus labios
pero la rabia también.
La angustia en mis ojos
la indiferencia en los de él.

Lluvia ácida
intentos frustrados
que terminan en nadie;
otra vez estoy abrazando a la almohada.

Hoy es el día del funeral.

¿Pensabas que no lo recordaba?

lunes, 21 de agosto de 2017

Día 78.1: Vale

Tu sigue leyéndome 
para luego bloquearme
para luego irte de mi vida 
y que viva la libertad de expresión
y que a los ángeles como tú
les arranquen las alas.

Día 78: Ojalá

Ojalá me echarás de menos. Ojalá alguien me echara de menos. Ojalá no quisiera morir hoy. Ojalá pudiera levantarme de la cama. Ojalá estuvieras pensando en llamarme justamente ahora. Ojalá yo no estuviera pensando en que lo hicieras. Ojalá algo de todo esto fuera cierto. Ojalá no fuera mentira. Ojalá esa cuchilla no cortara. Ojalá la sangre no manchara.

Ojalá mi soledad se evaporara y dejara de sentir que soy solo un trámite por el que ya has pasado. Ojalá supiera salir del bucle. Ojalá no me tuviera más miedo a mí que a ti. Ojalá alguien le hubiese dicho a tu yo de hace cinco años que no era buena idea.

Ojalá esos ojos que miran con rabia no fueran tus ojos. Ojalá tus contradicciones fueran declaraciones de amor.

Ojalá no fuera solo un estorbo en tu vida.

martes, 15 de agosto de 2017

Dia 77.1: 04.57

Me preguntaran mil veces el porque y probablemente la mitad de ellas les mienta. Igual que me intenté anticipar mil veces a esas curvas pero justo cuando pensaba que todo estaba bajo control es cuando me estrellé.
Rota en pequeños pedazos. No consigo recomponerme. No me quiero ver.

Estoy fumándome el quinto porro de buenas noches. Tomándome el tercer diazepam de buenas noches. Buscando un resquicio de tu olor en la almohada y nadando en fracasos. Muriéndome de frío entre los brazos del fantasma de aquello que solías ser tú. Vaciándome el pecho porque si no explotará. Intentando olvidarte o si no explotaré. Quizás si entendiera dónde está exactamente el punto medio y aprendiera a respirar todo cambiaría su lugar en el mapa, pero hoy soy solo un punto más andando hacia ninguna parte. La fuga de lo inestable. Cuando la grandeza comporta inseguridad y la inseguridad la angustia de estar solo de por vida. Y tú qué te pensabas que alguien podría igualarte. Y tú qué te pensabas que no serias solo tú.

En el desierto solo hay sed, como en mis párpados. Dudas. Intentos de volver a volver a olvidarlo. A olvidarte. A olvidarnos.

Para siempre es solo una frase que significa hasta que mañana me canse. Con el tiempo se aprende, dicen que te enseña. A mí me golpea pensándose que así me va a ayudar y yo solo grito y grito y grito y grito. Hasta que el dolor calma despacio mi sed de más. Morir en unos brazos que no sean los tuyos para poder resucitar.

Todo al rojo por su verde. Todo mi odio un quiero y no. Llantos y maullidos. Cicatrices. No soy yo.
Porque no se ni quién soy yo.

Día 77: La primera muerte

— Si ya sabes bien que no te quiere ¿a qué aspiras? ¿quieres ser un comodín toda tu vida?
— Quiero que me quiera. Tener un hombro en el que apoyarme cuando todo vaya mal. No pasar sola el huracán.
— Eres patética.
— Lo sé. Demasiado bien.
— Ese huracán te llevará con él porque es lo que quisiste desde el principio.
— Nadie quiere algo así.
— Por eso no eres nadie. Por eso nunca lo serás. ¿Hacia dónde te crees que caminas?
— Ese acantilado lleva su nombre. Todavía me queda lo peor.
...
— Solo dime, ¿por qué lo has hecho?
...
— ¿Estás ahí?

lunes, 14 de agosto de 2017

Día 76.1: He sido un accidente

Soy la del redbull con diazepam. La de los porros bien cargados cuando intenta no pensar. La del jaggerbomb sola en casa y el café con el chorrito de baileys cuando siento que te echo de menos más de lo que debería. La del tramadol antes del chupito de tequila, la de los sueños que nunca se cumplirán, supongo que esa soy yo. Eh, tú ¿qué tal?

Hoy tengo que agradecerle a esta Cheese Kush el ayudarme a evadirme. A morirme estando viva durante unos segundos y después volver como si no hubiese pasado absolutamente nada. No sé si quiere paz o quiere guerra, pero mi otro yo parece enfadado consigo mismo. Le ha contado a una de nosotras que a veces ve una pequeña luz detrás del túnel pero nunca alumbra tanto como la tuya, y eso la va corrompiendo por dentro hasta que, no se, ¿hasta qué? Tengo que agradecerle a esta Black Sugar el estar anestesiandome para que tu puta voz me deje morirme en paz. O vivir en paz. O ahogarme en paz. Solo intento refugiarme.

No lo entenderían, sabía que no lo entenderían.

Déjame que siga masturbando mi odio como si mañana no existiera y alimenta esta rabia con más rabia cada vez que mi crisis te lo permita, róbame el oxígeno; te lo regalo. Camino sobre la nada, hasta que me doy cuenta de que es la nada y me caigo en los brazos de nadie, hasta que me doy cuenta de que no es nadie y me caigo. Sin protección ni red. Pero sigo caminando en la cuerda floja a ver si consigo descifrar el sentido de mi muerte, de este invierno anticipado, de esta lluvia en pleno agosto.

Mis manos se convierten en tu hoguera mientras mis lágrimas caen hacia dentro y duelen como si fueran pequeños cristalitos rompiéndose y clavándose en cada hueco de mi cuerpo, haciéndome sangrar hasta que desaparece el nudo en la garganta y vuelvo al mismo sitio: a ningún sitio.

Envidio a esas personas que tienen un rincón de no pensar.
Envidio a esas personas capaces de no pensar.
Envidio a esas personas que todavía no te han conocido y no saben lo que es tenerte en la cabeza como si fueras un camaleón, camuflándose constantemente pero apareciendo en el momento justo para congelarme el alma de un lengüetazo.
Envidio esas manos que te tocan.
Y todos los orgasmos que me he perdido por estar mirando hacia otro lado.
Envidio esos labios.
Pero me escondo, y sigo en el bucle aunque ya no me ves.
No deberías ver esto.
Tú no.

Me encontró en el suelo tumbada y solo supo decirme que no era lo que quería para el. Comprendí que mi tristeza a veces es mortal. Que el virus se contagia y que solo soy aire entre más aire, muy alejado del que tú respiras ahora. Muy lejos del que te gustaría respirar. Y yo que sigo quedándome embobada oliendo el aire que se escapa de tus labios, sintiendo tu respiración cerca cuando ese dios de mierda decide permitirme el lujo de vivirte, aunque solo sea a medias. Aunque se haya llevado una mitad. Ese dios sí que era ateo.

Escapar de mí misma como forma de vida, o como forma de huida. Vaciarme de mí es la estrategia perfecta, o al menos lo era antes de saber que lo que no podría hacer jamás era vomitar tus recuerdos. Y me caí encima de la alfombra y me creí inmortal solo un ratito, después vi bien quién era y como no lo supe ver volví a fustigarme en su agonía. Capaz pero incapaz a la vez. Como si estuviera con medio pie rozando el cielo y el otro bien apoyando en el precipicio, con el equilibrio en las manos para tener mi odio en su sitio. Ya lo sé, no lo entenderían. No lo entenderán.

Cuando escupa lo que he sido. Cuando algo me haga fuerte y el universo en lugar de tirarme piedras para que no consiga salir me acerque esa cuerda, o que alguien me acerque esa cuerda. Que se que yo no soy suficiente, que ya sabía que no lo iba a ser. Que sencillamente no soy suficiente. Siempre me han podido las ganas de llorar.

Que bendigan tus latidos, aunque esa taquicardia la produzca ver cómo te mira con cara de guarra y te hace el amor con los ojos. Que tu voz nunca se pierda, aunque sea para susurrarle un te quiero que solo yo me arrebaté. Que cuelguen a tus demonios delante de todos para que sepan lo que implica dolerte, que la lluvia no te moje, que no hayan cargas que te pesen. Que aunque asfixie me recuerde porque sigo. Y no sé del todo porque sigo. Que solo me asfixia y no me alivia de estos ruidos. Me escuece pensarlo y saber que es real. Me escuece cuando mi ansia de saber me obliga a ver qué es real. Pero lo veo. Y me escuece. Y cuanto más escuece más me cuesta respirar.

Yo pensé que el amor le podía a todo.
Pero qué mal se me da pensar.
Y eso que ando en ello todo el día... hasta cuando soñando me da por llorar.
Ahí está, poniendo cara de que ya lo sabia todo. De que no me quería preocupar.
Aquí estoy, sin nada a lo que pueda agarrarme, con todas las quemaduras en carne viva y con el fuego alrededor amenazando porque quiere más. Porque siempre quiere más.
No tengo nada. Ni a mí misma, le dije, al menos de eso estaba segura. Y asintió, así, sin pararse ni a pensar por un momento. Y me dijo, con orgullo "eres el monstruo más bonito que he creado". Y se fue y me dejó con mil preguntas y otra vez volví a empezar.

Me empeñé en un imposible. Tan imposible como que el corazón se regenere sin sangrar. Tan imposible como mis manos por tu cuerpo, como tus gemidos en mis tímpanos o tu cabecita apoyada en mi pecho. Imposibles.

Me duele la cabeza. Solo quiero verla estallar.
Y que no manche... con cuidado.

Día 76: Más es menos

Se supone que debería empezar a pensar por mí misma en lugar de dejar que el amor se me lleve por todas partes hasta hacerme explotar y manchar todas las paredes de sangre y dejar el suelo empapado de cristales. Soy tan consciente que cuando vuelvo me asusto, por eso intento estar fuera de mi todo el tiempo que esas benzos me permitan hoy. Mañana no quiero saber qué va a pasar. Mañana no podré ver lo que va a pasar porque probablemente me habré marchado ya.

Yo y mis intentos siempre frustrados de ocultarme detrás de su sombra, para ver si hoy me confundes con ella, para que me vuelvas a mirar de alguna forma, para que salgas corriendo a por mí risa tonta cuando te falte. Pero no funciona. Somos peces buceando en universos paralelos. Somos dos mundos entrecruzados. Y yo solo un cadaver pidiendo que vuelvan a asesinarle. Una vez detrás de otra, hasta que pierda el rumbo hacia dónde sea que se dirija mi nave.

Vuelo hacia ninguna parte y vuelvo siempre después, me difumino entre las sábanas como un camaleón para poder escucharte respirar por las noches, aunque no estés, has dejado tu respiración atrapada en el espacio tiempo, ¿y ahora?

Echar a correr, pero contradirección. Mancharme las manos pero no de sangre. Ni de tierra. Ni de odio.

Abduceme con tus ojos, o mejor déjame aquí. Me acostumbraré pronto. Espero.

Planté en tu recuerdo esta atmósfera absurda de frío y calor a la vez. De crisis de ansiedad pudriéndose en humo. El paron de mi corazón. El absurdo que es mi vida, el sinsentido de existir y las nubes negras que rodean los parámetros que decidimos crear para que el dolor fuera más llevadero, pero nos olvidamos del todo de que el dolor no es ni puede ser llevadero y de que simplemente es, y existe, y trastorna. Te agarra del cuello como si quisiera follarte pero luego te asfixia y no te queda otra que dejarte ir. El dolor vuela entre vísceras de nuestros mil yos porque siempre estuvo presente en todos.

Porque soy yo.

domingo, 13 de agosto de 2017

Día 75: Shh

Después de arder en odio 100.000 veces, de crucificarme en cualquier otro plano astral, de jurar hasta por mi alma y luego no saber como empezar... quizás marcharme a tiempo es lo mejor. Esos momentos en los que cierro la puerta y pienso ''sal corriendo''. Solo pienso en escaparme, en no verme nunca más.

Supongo que cada uno tiene su forma de afrontar las cosas y la mía se limita a sangrar. A no quererme ver ni de lejos, a no querer ni respirar.

Cierro los ojos y solo veo colores repitiéndose a lo largo de un bucle que no va a acabar. Que no parece que vaya a terminar. El ciclo de lo imposible, los círculos que te rondan por detrás, el árbol de la vida en tus pupilas y en las mías una cruz, para recordarte que he pecado. Que yo soy el pecado. Que hay un Baphomet en mi pecho y si abro la caja no sé bien que va a pasar.

Vísceras en el suelo. La vida que jamás podré recuperar en el suelo, a trozos. Me espero y los barro. Los miro y los sueño. Recaigo, me siento a esperar a que vuelvan a recomponerse solos aunque se de sobras que no lo harán. Soy la cruz, soy ese algo viejo que ya te has cansado de utilizar. El trasto que molesta más que ayuda, que ha cumplido su función vital y al que le toca ser reemplazado, al final. No sé lo que quiero, solo que no quiero existir nunca más. No sé lo que quiero, solo que hoy no quiero dormir sola, que me atormenta dormir sola. Que echo de menos tu calor. Hasta en agosto, cuando llueve (y cuando no), echo de menos tu calor.

Contaminada, los médicos dijeron que era crónico y simplemente asentí como sin asumir bien esa carga.
Y es que nunca asumí bien esa carga, y hoy me pesa como nunca había pesado.
Se me escapa entre las manos como ganas de llorar.
Como el nudo en la garganta cuando intento no llorar.

Que Dios me fustigue hasta que crea conveniente, hasta que lo haya pagado. Que el error más grande de mi vida ya lo he cometido y ahora el miedo es solo miedo, solo un pasajero en un tren sin ruta, sin principio ni final, en una estación fantasma en algún bucle espacio-temporal.

Sigo haciendo de este cuarto seda cuando monto con el humo estas cortinas, que me salvan de pensar. Aunque en realidad no me salven de pensar si no que solo canalizan mi rabia en algo más sensato que pegarle a las paredes y querer tomarme todas las pastillas que encuentre por la casa. Dios elige, Dios dirá. Mi espacio se evapora como cualquier otro ciclo vital, atrapada en la rueda del hamster sin poder parar de girar, y girar, y girar. Acurrucada en el regazo de alguien que no me piensa valorar.

Irme lejos. Donde no me encontrarán. Donde el odio sea incierto pero el amor de verdad. Donde mi alma sea la cueva y el cuerpo residual. Donde los ojos del enemigo no busquen guerra y vengan a declararme la paz. Donde mi mundo sea mi mundo y se parezca un poco al de los demás. Solo un poco. Solo quiero ser normal. Aspiro a poco (aunque ya es mucho en realidad).

No hay nada ya que sea lo suficientemente fuerte como para seguir adelante. Nada que me diga que salga adelante. Nadie que me diga que soy importante. Que salga adelante, digo. No sé. Pierdo el norte a la vez que la cabeza y de mientras me tiemblan las piernas y los pies. Y tiendo a negativizar antes de verlo claro pero siempre termino por acertar. Maldita manía de mierda que solo me hace dolerme. Maldita manía de mierda que solo me hace odiarme. Maldito odio de mierda que solo me hace...

Respira hondo. Vuelve al sitio. Camina despacio. Agarra bien el aire y luego déjalo ir. Date una ducha de agua fría, agarra hielo hasta que duela, muerdelo. Camina por las cuerdas. Rompe las paredes, los cristales, los jarrones y los muebles. Culpa de eso a todo menos a ti misma y vuelve a repetirte que estás bien. Claro que estás bien. Solo quedan 9 días para el funeral.

Mienteles, mienteles, mienteles.

sábado, 12 de agosto de 2017

Día 74: Es agosto y llueve

A veces veo mi alma evaporarse y pienso que la niebla es de cristal, que cada día de mi vida tendré que seguir barriendo los trocitos que me voy encontrando de mi, que cada vez que me de cuenta estaré frente al barranco, acobardada, pero al borde de saltar. Como el día que te perdí. Mirándome en el espejo y sabiendo que nunca más me iba a volver a ver como antes. Escuchando tus gritos de tan lejos que creí por un momento que esa de ahí no podía ser yo, y escuchando a la vez los míos mientras me tapo las orejas y me repito una vez, y otra vez, y otra vez que yo no. Así que me despedí de mi y dije nunca más. Y me encontré de nuevo abajo como si solo yo me hubiese quedado atrapada en el tiempo pero todo lo demás no dejara de girar.

Y tú, supongo, que giraste demasiado lejos. Me preguntabas si me había tomado la medicación, me intoxicabas de más odio sin saberlo. Veneno. Adictivo, por eso es veneno. Hoy si me muero sé que no será en tus brazos. Hoy sé que ni el amor me dará tregua.

Como dueles cuando quieres, y cuando no, y cuando es un todo a la vez imposible de predecir... a veces me entran ganas de salir corriendo pero pienso en todo y se me escapan de las manos esas ganas, y pienso: maldita yo. Y eso hago, maldecirme hasta que vuelvo a odiarme cien mil veces en tu nombre.... casi como si me fuera la vida en ello. A veces creo que se me va la vida en eso.

Es agosto, y llueve, ¿sabes? faltan solo 10 días para el funeral.

Como cuando te miro sin saber aún bien quien eres. Porque tampoco encuentro ahora mi sitio en esa vida. Ni en ninguna. Y ni la rabia me da tregua ni va a parar esta ansiedad. Aquí estoy yo mientras, peleándome con mis otros yos creyendo que ganaré la partida. No. Sabes que no. Y sabes que la mano esta perdida pero apuestas todo sin pensar, creyendo que quizás verán en tus ojos la escalera y ya todo lo demás será volar, sabiendo que nadie verá esa escalera en mis ojos si no que volverán a odiarme aún más. Y pierdo. Pierdo. Todo lo pierdo.

Es agosto y llueve. Y solo faltan 10 días para el funeral.

Cierro los ojos para ver lo que tenía delante y no quise mirar.

jueves, 10 de agosto de 2017

Día 73: Frío

Me gustaría verlo todo del revés.
Pero si hoy dijera lo que realmente pienso ardería todo. Yo incluida.
Y no quiero eso. Nadie quiere eso.
Si dios quisiera ya me habría salvado. Pero nadie quiere eso.

Las paredes lloran. A veces mares y a veces sangre, pero nunca dejaron de hacerlo desde ese maldito día. Ahora solo me ahogan de vez en cuando y es cuando me toca respirar y volver a ser otra persona.
Más lejos, siempre más lejos.

Decidí no caminar nunca más en sus pestañas porque no quería poner red.

Y diez minutos después caminaba sobre esas pestañas sin nada a lo que agarrarme ni ningún sitio seguro a donde caerme.

Para mí no existían eternidades más grandes. Hasta que me vi sin poder respirar y llamándote sin darme cuenta del todo de que no estabas aquí... y así acabé siendo un recuerdo, un quizás, un imposible al fin y al cabo. Maldiciendo al insomnio y a estas pesadillas. Encerrada en un círculo sin puertas y vallas electrificadas. Acostumbrándome a vivir aquí dentro. Me quiero morir cada vez que veo cómo se va. Soy el odio perfecto. La angustia perfecta.

Hoy hace demasiado frío y es de esos días en los que daría mil días de mi vida por tenerte abrazándome para acurrucarme en tu calor.

Hace mucho frío.

martes, 8 de agosto de 2017

Día 72: No puedo alegrarme

Quería ahogar mi llanto y golpee la pared con fuerza. Pero duele más la caída que cualquiera de los hematomas que haya podido llegar a hacerme en uno de esos intentos de asesinar todos estos malditos sentimientos. O ellos o yo.

No sé, supongo que debería empezar a correr y asumir que volar ya no puedo. Que igual que me miraste, hoy la miras, le apartas el pelo y le sonríes con un te quiero que en realidad me pertenece más a mi. Y aunque sepa que ahora tú amor es más suyo que de nadie me encanta pasarme las noches auto engañándome con que no es así para luego retorcerme de tristeza en una soledad, y en otra, y luego en otra más. Así, como si me gustara nadar en lava. Y tu mirando e intentando poner cara de preocupación, pero es que mientes muy mal cuando no te lo propones y demasiado bien cuando si.

Como me gustaría alegrarme de que seas feliz al lado de otra persona, pero cada vez que te imagino mordiéndole el cuello como solías hacerme quiero reventar las paredes. Cada vez que te imagino dormido a su lado, abrazándola y dándole un beso en la espalda en medio de un sueño, o besándola al despertarte y sonriendo al ver su cara, o cuando me imagino cómo te la follas y no piensas en mi ni por un segundo... me quiero desvanecer y aparecer en otro sitio, lejos, donde ni el sol ni la luna puedan tocarme con ese maldito brillo que ayer parecía precioso reflejado en tus ojos. Soy un maldito cancer. Pero tú te has salvado. Ahora sabemos que hay un antídoto. Una cura. Un antiyo.

Intento mirarme dentro pero hoy estoy demasiado rota, y cuando paso la primera puerta ya me veo sangrando. No quiero verme más.

No puedo alegrarme.

Fuera llueve o hace el amago, eso parece. Entra el viento frío por la ventana y te quiero abrazar como si no hubiera más que eso en el mundo. Y cuando te miro a los ojos tu boca me llama. Y yo tengo que negarle la existencia. Aprender a vivir con ello. Dejar de pisar los cristales que rompimos ayer. Dejar de pensar. Dejarme ser, aunque intuyan la soledad en mi cuerpo cada vez que sin querer me desnudo el alma y miro al techo como esperando a que alguien me dé una respuesta a todos mis porques, aún sabiendo que no hay respuesta. Pero otra vez me despierto pensando en porque me despierto, como si el dolor que me reprimo fuera a destruirme por dentro y lo supiera, como si el dolor me estuviera destrozando por dentro y lo supieras.

Pero jamás podría negarle la existencia a algo tan precioso como tú. Aunque después de que tú me iluminaras sé que no habrá flash que me vaya a cegar más. Desde el primer momento. Desde tu primer rayo de luz.

Yo pensé que no se podía dividir lo indivisible y hoy me veo cuestionada por cientos de matemáticos señalándome con el dedo y diciéndome que me equivoqué al pensar que podría llegar a ser suficiente. No habrá manos que me vayan a conocer mejor aunque ellas ya conozcan mejor otros cuerpos, otras almas, otras pieles. Me acostumbraré tarde o temprano a ser solo un mapa roto. Me beberé todo este odio e intentaré que deje de consumirme por dentro como ese cigarro mal apagado que termina prendiéndole fuego a un bosque entero. Eres un jodido piromano.

Faltan solo 14 días para el funeral.

lunes, 7 de agosto de 2017

Día 71.1: Voy a vomitar

Si supieras a ciencia cierta todo lo que te he llorado por ti creo que entenderías mis lágrimas cuando te salpicaban los pies. Si el odio me mirara tan fijamente como lo has hecho tú probablemente me enamoraría de él.

Si por lo menos algo tuviera sentido.
Si mis cicatrices no llevaran vuestros nombres.
Quizás así...
No.
Pero creo que si supieras a ciencia cierta cómo me ardían esas noches no me culparías del incendio.

En realidad cada vez que moría te daba vida, al fin y al cabo solo somos piezas de distintos rompecabezas y parte de la nada que conforma el mosaico. Acúsame de cobarde, tendrás razón. Que me acusen de suicida, que tendrán toda la razón. Que señalen todos los cortes, no les voy a quitar su razón.

Ahora que la cruz ya está clavada y el tiempo no se ha parado como juraban tus leyendas puedo ver que solo era un espejismo.

Nunca creí que cuando repetías una y otra vez que encontraría a alguien mejor te referías a ti mismo. Hoy me miro, me veo y solo pienso en caerme en la fosa que cavaron todos estos absurdos mientras tu saliva me corroía el alma. Quiero vomitar.

Esos ojos son la peor droga que he probado nunca. Creo que voy a vomitar.

"El miedo a morir no hace efecto si ya te han matado"

Día 71: X

Necesito una doble. No me la traigáis como nueva, no la barnicéis, no le hagáis sonreír. Que de cada cinco palabras tres sean un insulto. Que ande desorientada. Que no me mire a los ojos. Que se mire las uñas como esperando encontrar algo. Que no le apetezca una mierda conocerme.  He dicho una doble.

He dicho una doble donde debería decir multiplicación. Necesito multiplicarme. Por dos o por cero. Esta noche necesito decir matemáticas y dejar de suspenderme; porque la floja soy yo, no la cuerda.

Una doble tan exacta que al entrar por la puerta me haga correr tras las cortinas y no querer salir.
Una yo, que espere tras la puerta dos horas antes de decidir irse, pero que no lo haga.
Que venga sabiendo que la necesito para abrazarla. Que la quiero aquí para saber qué leerle hasta que se duerma y en qué zona exacta de la espalda tengo que posar la punta de mí/su lengua para que se contraiga en un espasmo y se ría. Y se ría. Y se ría.
Un junco torcido al que decirle: eres así, el río sobre el que agachas la cabeza no va a llevársela esta vez.
Una astilla arrancada de un vampiro con la que conducir al cementerio de Montjuic cantando Young folks espantosamente mal para que olvide que la gente se muere. Porque la gente se muere. Que no se me olvide decirle que sabe manejar un arma, pero no contra el resto. Que no es culpa suya. Que no se me olvide decirle cien veces que ni es ni fue culpa suya.

Una escapista de la vida a la que llevar de la mano a todas partes para disimular la erosión en las palmas y para atenuar que me pertenece.

Una doble, Una bailarina mutilada a la que llamar Venus para verme sonreír. A la que calentarte las manos con mís/sus piernas ardiendo. A la que ir a buscar en bicicleta a Melbourne a la mínima señal de que pueda irse más lejos. A la que chuparle los dientes. Las lágrimas. Los pezones. A la que recorrer con la nariz y darle la medicación en un beso tan largo que se salga del edificio. Una pieza con forma de libélula que me escuche cuando digo que quién quiere encajar pudiendo copular volando. Un caballito de mar al que confesar que se extinguió el resto, pero que como se intente morir, es consciente de que sólo yo sé cómo acabar con esto.

Necesito el conocimiento de saber qué es recibir un mensaje mío en el que ponga 'me he acordado de ti', 'siento no haberlo hecho antes', 'te juro que quiero verte, pero no quiero que me veas tú así'. 'toma la importancia que no te di en su día', 'Lo siento. Y esta vez no me estoy agarrando a un acantilado ni pretendo que no me empujes. Lo siento de verdad'. 'Te he echado mucho de menos'. 'Te echo muchísimo de menos'. 'Sí me pasa algo'. 'Te quiero'.

Pero sólo tengo un móvil,
dos manos
y ningún mensaje tuyo.

- Irene X

domingo, 6 de agosto de 2017

Día 70: Alaska

En el punto más helado del universo también existen los espejismos.
Oasis de cadenas perpetuas.
Luchas de remordimientos, de culpa y asco. Tempestades y recuerdos. Lluvia ácida. Secretarias con ganas de matar y funcionarios con ganas de morir. Carniceros con fobia a la sangre. Asesinos enamorados.

Me reflejé en tantos espejos que empecé a desconocerme. A ver el diablo en mi, las luces apuntándome y los flashes, tan de cerca que terminaron por cegarme hasta no reconocerme en los mismos espejos en los que tantas veces me había (casi)visto, preguntándome donde estaba ahora el problema, señalándome a mi misma como el problema. Proyecté todo mi odio en la persona equivocada. No eras tú. Era yo quien se odiaba.

Y ahora este recuerdo. Cabizbajos.
Ahora que ya no son buenos tiempos tú me ves rezando por un aquí y por un ahora, que ya fue ayer. Tu olor, a veces, me recuerda que existo y que alguna vez he merecido la pena.

El universo es demasiado grande, y yo quizás demasiado pequeña. Un punto dentro de otros mil puntos que se camuflan entre cristales partidos en cien millones de trozos, que se difuminan entre arena y mar, entre asfalto y cárceles a las que llamamos vida. Nos entregamos a un horizonte y como no vi el final me pensé que era eterno, tú ya sabías la verdad desde el principio y fuiste demasiado bueno al no querer dolerme y decirme que todo termina en algún momento. Hasta nosotros.

Me evadí entre los fractales de un sol pero a la sombra de un árbol cualquiera, que algún día me tatuaré en el pecho para recordamos que fuimos eso.
Me rendí (me rindo) a la perfección que es, simplemente, tu existencia.
Y a veces hasta grito y lloro. A veces soy un desastre, y esta vez me costó el sentir.
Normal.
No podía esperar otra cosa después de tiempo recorriendo el desierto con sed y sin agua potable. Guardándome el mínimo para una emergencia, sin saber que ya era una emergencia. Sin querer escuchar las alarmas, sin querer ver el ruido extraño que hacían tus latidos al acercarte.

Y nos rendimos.
No sé. O te rendiste. O mi rabia te obligó a hacerlo. O mis demonios te apuntaron hasta que cediste. La culpa siempre será mía, déjame a mi la mochila. Átame la piedra. Llorame algún día, como si recordaras que esto algún día existió.
Y fue más de lo que nunca nada será

jueves, 3 de agosto de 2017

69.3: Tengo murciélagos en el estomago

Yo que pensaba que todavía pesábamos un mínimo. Yo que me creía cuando me decías ''que era la persona más importante de tu vida'', sí, te creí. Yo que me creí que me besaste porque me querías y no por simple rutina. Yo que pensaba que eramos diferentes y ahora veo que solo soy una fotocopia, de una fotocopia, de una fotocopia... de algo que nunca seré. Porque no soy como ella. Porque no soy como quieres.

Yo alguna vez pensé que la eternidad existía. Que ese infinito del que hablabas era de verdad, aunque pusiera cara de no creérmelo cuando me lo decías al oído. Me imagino que hoy es otra quien lo escucha de tus labios. Soy una maldita envidiosa, yo también necesito que me quieras.

Mientras me veo congelarme, delante de todos, delante de ti... también lo veo todo estático a mi alrededor. Hasta a ti, que hubieses hecho una hoguera en el ártico si te hubiese dicho que tenía un poco de frío. Hasta tú.

La persona a la que más desconozco es la que más me conoce.
Pero no cree en mi.
Tengo murciélagos en el estomago.
Y no sé si soy yo, ¿tú también sientes la lluvia ácida?
Sin una sola luz que alumbre hacia aquí, todos los focos están ocupados.

Dios bendiga tu libertad, y mis cadenas. Que se lleve esta plaga de sentimientos absurdos. Que me ayude a olvidarme de ti. Las paredes se me caen encima y tú estás en cada esquina para recordarme que fui yo quien lo hizo mal. No quiero revivir mi odio otra vez. No quiero ser el blanco de ese francotirador con cara de hijo de puta. No quiero.

Mirar al frente y ver la realidad; que ya no estás. Que no vas a estar. Que tus labios no volverán a rozar los míos y que yo no voy a poder escuchar tus gemidos otra vez. A no ser que sea al otro lado de la pared. Y ni gritarle a todos tus dioses me sirve hoy. Ni apuñalarme cien mil veces me vale hoy. Quiero desaparecer sin dejar rastro, que no me encuentren si es que alguien se permite el lujo de buscarme. Que me sigan odiando tus amigos por ser lo que se creen que soy, pero no serlo jamás.

El amor. Ese cabrón que sabe justo donde apuntar para que te desangres.
Tú, mi amor, ese milagro que tal y como vino se fue.
Ese milagro que hizo de mi vida la novena maravilla: porque la octava eres tú.
Siempre lo fuiste.

Pero creo que debería marcharme. Creo que solo soy un estorbo en la vida de alguien que no me quiere realmente en su vida. Alguien que solo busca odiarme. Yo no sé si puedo seguir aquí.
Ya no sé si puedo seguir aquí. Ni así.

Nadie habla del bien y el mal. La verdad es mucho más que eso. La sinceridad siempre estuvo por encima de eso. Tú y yo lo estuvimos algún día, antes de que lo jodiera todo con estas manos.

"La caída del millón de millones"

Día 69.2: Recuerdos de mierda


Se va.

Día 69.1: Adiós

No seremos la misma mierda pero hace cinco años era mi ropa la que te metías en la mochila para olerla cuando me echabas de menos. Hoy cambian las tornas y es la suya.

Yo me largo de aquí.
No pinto nada, no tengo nada que hacer.
No quiero seguir siendo la versión a medias de alguien a quien amas.
De esa otra a la que dices que amas.

Me encantaría decirte que te odio, pero todavía no puedo. Dame tiempo para asimilar. Dame tiempo y me iré para siempre.

Porque crecer es aprender a despedirse.

Adiós.
Te amo, pero ¿sabes?
Que te jodan.

Día 69: Mundos

En una realidad paralela yo conseguía hacerte feliz, y no me pasaría las noches llorando tu ausencia como un niño pequeño que vela a sus padres.

En ese mundo paralelo tus ojos no me corroerían el alma como ácido, ni el amor sería solo un sustantivo de usar y tirar. Ni yo solo un obstáculo en tu camino.

En un mundo paralelo te hubiese despertado con un beso al ver que estabas aquí y no me hubiese puesto a llorar como si acabara de nacer otra vez, y en ese mundo quizás no existiría porque si no, ¿cómo te haría feliz?

Solo soy una zorra más, pero soy esa que te escribe hasta desangrarse, y ¿quién te escribe lo que yo? ¿quién te escribirá lo que yo? Mis sentimientos son un puñado de papeles rotos y mojados. Y tú ya no eres tú. Y puede que yo ya no sea yo... solo ese obstáculo en tu camino.

En un mundo paralelo cuando me caigo estas para ayudarme, cuando grito por las noches tú me abrazas, cuando lloro me aprietas contra tu hombro, cuando duele solo quitas la espina.

En este mundo
solamente
debería importarme más
(o tu menos).
Al menos en este
me merezco
algo mejor.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Día 68.3: Cartas

"Te quiero más de lo que pensé que podría querer a alguien, como si fueses un brazo o un órgano vital; aunque me lo arrancarán viviría eternamente con un miembro fantasma."

"Hasta gastar la última bala me pienso quedar aquí, porque eres lo único que le da sentido a este mundo, tu calor, tu voz, tu música, tus demonios y la luz que tienes dentro, lo único por lo que mi voluntad me hace seguir adelante, lo único por lo que merece la pena despertarse: tú."

Cuando te leo mi cuerpo se quiere asfixiar en las sombras.
Desvanecerse. Olvidar. Reaccionar.
Cuando te leo siento que vuelvo a la vida cuando en realidad lo que estoy haciendo solo es volver al pasado. Pero qué bonito es el pasado.