Siento que a veces
tenemos la dudosa necesidad
de hurgar en la herida.
¿Era realmente necesario?
sábado, 22 de julio de 2017
Día 59.3: Despedidas
Me masturbaré imaginando otras manos, auto convenciéndome de que me van a tocar mejor que las tuyas y con el recuerdo clavado de tus labios en cada milímetro de lo que soy, de lo que he sido, pero ya no de lo que seré. Terminaré corriéndome obligándome a no pensarte mientras recuerdo tu mirada dándole un sentido a todo. No asumiré que formas parte de mi pasado hasta que no abra los ojos y vuelva a acordarme de que te has ido, porque me duele como si alguien hurgara en mi pecho con la daga que tengo clavada desde que decidiste que ya no habría más nosotros.
Pero vaya mierda de beso de despedida.
He pensado demasiadas veces en cómo parecerme más a ella, o en cómo parecerme menos a mi. Pero nada ha funcionado, soy como un juguete roto. Con fecha de caducidad. No entiendo en qué momento me creí ese para siempre. También me culpo por eso.
Solo espero que el cambio sea a mejor.
Porque si algún día decides volver me habré marchado para siempre.
Pero vaya mierda de beso de despedida.
He pensado demasiadas veces en cómo parecerme más a ella, o en cómo parecerme menos a mi. Pero nada ha funcionado, soy como un juguete roto. Con fecha de caducidad. No entiendo en qué momento me creí ese para siempre. También me culpo por eso.
Solo espero que el cambio sea a mejor.
Porque si algún día decides volver me habré marchado para siempre.
Día 59.2: Lejos
Al final entendí que no merecías mis lágrimas, pero te seguía llorando. Entendí que no merecías más mi sonrisa pero seguí sonriéndote cada vez que me mirabas. Entendí que no merecías mi odio pero todavía menos mi amor, y me encerré en una cueva lejos de donde pensaste que podrías encontrarme algún día.
Pero seguí rezándote.
Corriendo en círculos. Profanando mi culpa. Blasfemando en tu nombre y viviendo una vida que no es la mía. Recordando cómo me prestabas tu aire cuando me sentía totalmente asfixiada, y asfixiándome mientras le gimes y te recuerdas que puedes ser feliz sin mí. Yo no encuentro el norte, doy vueltas hasta desorientarme del todo, hasta encontrarme con tu yo de hace tres años apagando incendios y secando mares. Hasta encontrarme con tu yo de hace tres meses encendiendo el fuego e inundando océanos. No sé porqué pero alguna vez creí en ese punto de inconsciencia.
Recuerdos de viajes espaciales. Nebulosas en tus ojos. Estrellas inanimadas a las que diste vida de un suspiro. Juntar cinco letras y salvarme del mundo. Viajar a otros planetas. Todo lo que no va a volver a pasar es todo lo que pasa aquí dentro, menos el tiempo, el tiempo no pasa. Es esa zorra mentirosa que dicen que todo lo cura, y la verdad es que no es verdad.
Quizás tus manos han sido las únicas capaces de entenderme. De arreglarme.
Falta un mes para el funeral.
Pero seguí rezándote.
Corriendo en círculos. Profanando mi culpa. Blasfemando en tu nombre y viviendo una vida que no es la mía. Recordando cómo me prestabas tu aire cuando me sentía totalmente asfixiada, y asfixiándome mientras le gimes y te recuerdas que puedes ser feliz sin mí. Yo no encuentro el norte, doy vueltas hasta desorientarme del todo, hasta encontrarme con tu yo de hace tres años apagando incendios y secando mares. Hasta encontrarme con tu yo de hace tres meses encendiendo el fuego e inundando océanos. No sé porqué pero alguna vez creí en ese punto de inconsciencia.
Recuerdos de viajes espaciales. Nebulosas en tus ojos. Estrellas inanimadas a las que diste vida de un suspiro. Juntar cinco letras y salvarme del mundo. Viajar a otros planetas. Todo lo que no va a volver a pasar es todo lo que pasa aquí dentro, menos el tiempo, el tiempo no pasa. Es esa zorra mentirosa que dicen que todo lo cura, y la verdad es que no es verdad.
Quizás tus manos han sido las únicas capaces de entenderme. De arreglarme.
Falta un mes para el funeral.
Día 59.1: Hoy no existe
Si algún día lees esto quiero que sepas que no fuiste tú el culpable, yo fui la culpa. Maté al 22 de un disparo en la cabeza y no pudo ni articular alguna ecuación entendible, jugué con el a la ruleta y me ganó el impulso del all-in. Ahora estoy gritando, ciega de diazepam y de malestar. De la angustia de no sentirte respirar cerca de mis labios. Ciega de lo poco que me queda de ti y de lo mucho que me llené a tu lado.
Espejismos disfrazados de realidad alternativa. Y litros, y mares de preguntas que resultaron ser solo oasis de arenas movedizas.
Ilusiones ópticas con el cristal roto, pretendiendo que alguien crea en la mentira que es vivir. Que los sueños se evaporan en medio descuido y ahí es cuando ya no hay vuelta atrás. Te siento feliz aunque tan lejos que me apuñala pensar que yo no puedo hacerte eso. Que no puedo hacerle nada. Que rozo tu piel bajo esa armadura de papel albal y camino de puntillas cada vez que me rozas la mejilla con tus labios, inevitable. Soy la misma tonta que recubrió de hielo su guarida para no echar de menos tu calor. La misma que llora como una niña cada vez que escucha como se cierra la puerta pero sonríe cuando escucha el portalón pensando que quizás esta vez sí serás tú. Me he visto siendo kamikaze de tus besos y mentiría si dijera que hoy no mataría por uno de esos. Todo es consecuencia.
Canto desde aquí dentro; como un pájaro enjaulado que odiaría su libertad. Como una Barbie a la que le da igual que le arranques la cabeza con tal de que juegues con ella un rato. Cruzando los dedos por mi apuesta a sabiendas de que todo está amañado. Lo que pasa es que quererte así me pasa factura. Y al final odiarme así también me acabará pasando factura, para encontrarme tarde o temprano allí donde todo comenzó. Indefensa. De nuevo.
Es el caos sin represalias. El juego del todo o nada.
"No llores más."
Por lo menos no me recuerdes por lo malo. Déjame ser esa chica dulce que te abrazaba como si no existiese más mundo. Déjame ser tu musa otra vez, tu poeta maldita. La lluvia que te cala hasta el alma, purificandote. La que te follaba como si mañana no existiera, como si pasado fuera ayer y el planeta estuviera al borde de la implosión. Déjame ser ese billete de diez euros que encuentras en la chaqueta del invierno pasado. La que te calentaba las manos cuando se te congelaban en enero. Déjame ser una mujer. Déjame ser el amor de tu vida. Al menos en tu recuerdo.
Veo el cielo derrumbarse y cuando ya es tarde me doy cuenta de que esas nubes no eran precisamente de algodón. Me veo esculpiendo tu cara en mis sueños y cuando me despierto no estás. Nada es real. Solo desatame y vuelve a tu sitio, sabes que voy a seguir aquí desangrándome como si el mundo fuera tuyo y me hubieses negado la existencia. En la puerta de tu iris escribiste "no vuelvas a no irte", y yo volví a lo inevitable. Me senté a esperar, a ver el minutero recorrer tu cuerpo mientras cualquier lengua lo acompaña. Me acostumbré a esperar, mirando solo el reloj y tapándome los oídos para no escuchar más vuestros gemidos en forma de tic-tac, y negué de nuevo mi existencia.. por eso terminé viendo el final. La niebla y el ruido me perturban como voces que me acusan y repiten "no volverá", como si yo ya no lo supiera a ciencia cierta. Como si no fuera una daga pensarte así, tan lejos. Tu boca es un muro inquebrantable, insensato es el que no moriría electrocutado por saltarlo. Insensato es quien no daría su alma por amor pero la vendería al diablo por unos centavos de más en el banco.
Yo solo soy una imagen borrosa de mi yo.
O quizás soy otro yo.
Que de buena he sido tonta y de tonta he sido esclava. Que desde que me han diagnosticado esta nostalgia he impregnado la almohada con tu colonia cada vez que tú no estabas. Y no es rabia esta vez, es que no consigo desprenderme. No es mi fe quien dicta tus leyes, ni mi carcel tu refugio. Ya no es mi sistema solar el que te hace poner cara de sorpresa, o de guarra, o de amor desbordado. No es conmigo tu futuro. No es conmigo ni tu presente, a estas alturas.... me acaricia el vértigo. Arráncame los ojos. Dame por vencida.
Hoy el calendario está roto, los relojes están rotos y yo estoy rota. Hoy Romeo y Julieta están de luto y el tipo guapo de El Diario de Noah se ha pegado un tiro mientras miraba una foto tuya. La almohada huele a ti. Mis lágrimas son un reflejo de ti, y vuelvo a dibujar lo improbable tirando mis poemas en forma de aviones de papel por el balcón... pero (spoiler) nunca llegarás a leerlos. Ya te perdí de vista.
Encerrada en este vacío absurdo, dando vueltas a su alrededor como un satélite estropeado. Buscando las pistas con la excusa de que me conduzcan a ti. Calmando el dolor con dolor. Calmando la rabia con dolor. Hoy no nacerá ningún niño en la Tierra ni morirá ningún corrupto, si sale el sol será solo para que tus ojos brillen todavía más. La luna no la verás porque la baje por ti hace ya un tiempo, y cada estrella será uno de esos poemas en forma de avión de papel. Dirás que fui un error y yo nunca negaré que fueras mi mayor acierto.
Y yo esforzándome por no repetirte eso de "escápate conmigo" o más bien por no volver a escuchar ese no por respuesta. La casa está vacía. Empiezo a estarlo yo también.
Estoy oliendo otra vez la almohada y cuando cierro los ojos todavía parece que estás aquí.
Espejismos disfrazados de realidad alternativa. Y litros, y mares de preguntas que resultaron ser solo oasis de arenas movedizas.
Ilusiones ópticas con el cristal roto, pretendiendo que alguien crea en la mentira que es vivir. Que los sueños se evaporan en medio descuido y ahí es cuando ya no hay vuelta atrás. Te siento feliz aunque tan lejos que me apuñala pensar que yo no puedo hacerte eso. Que no puedo hacerle nada. Que rozo tu piel bajo esa armadura de papel albal y camino de puntillas cada vez que me rozas la mejilla con tus labios, inevitable. Soy la misma tonta que recubrió de hielo su guarida para no echar de menos tu calor. La misma que llora como una niña cada vez que escucha como se cierra la puerta pero sonríe cuando escucha el portalón pensando que quizás esta vez sí serás tú. Me he visto siendo kamikaze de tus besos y mentiría si dijera que hoy no mataría por uno de esos. Todo es consecuencia.
Canto desde aquí dentro; como un pájaro enjaulado que odiaría su libertad. Como una Barbie a la que le da igual que le arranques la cabeza con tal de que juegues con ella un rato. Cruzando los dedos por mi apuesta a sabiendas de que todo está amañado. Lo que pasa es que quererte así me pasa factura. Y al final odiarme así también me acabará pasando factura, para encontrarme tarde o temprano allí donde todo comenzó. Indefensa. De nuevo.
Es el caos sin represalias. El juego del todo o nada.
"No llores más."
Por lo menos no me recuerdes por lo malo. Déjame ser esa chica dulce que te abrazaba como si no existiese más mundo. Déjame ser tu musa otra vez, tu poeta maldita. La lluvia que te cala hasta el alma, purificandote. La que te follaba como si mañana no existiera, como si pasado fuera ayer y el planeta estuviera al borde de la implosión. Déjame ser ese billete de diez euros que encuentras en la chaqueta del invierno pasado. La que te calentaba las manos cuando se te congelaban en enero. Déjame ser una mujer. Déjame ser el amor de tu vida. Al menos en tu recuerdo.
Veo el cielo derrumbarse y cuando ya es tarde me doy cuenta de que esas nubes no eran precisamente de algodón. Me veo esculpiendo tu cara en mis sueños y cuando me despierto no estás. Nada es real. Solo desatame y vuelve a tu sitio, sabes que voy a seguir aquí desangrándome como si el mundo fuera tuyo y me hubieses negado la existencia. En la puerta de tu iris escribiste "no vuelvas a no irte", y yo volví a lo inevitable. Me senté a esperar, a ver el minutero recorrer tu cuerpo mientras cualquier lengua lo acompaña. Me acostumbré a esperar, mirando solo el reloj y tapándome los oídos para no escuchar más vuestros gemidos en forma de tic-tac, y negué de nuevo mi existencia.. por eso terminé viendo el final. La niebla y el ruido me perturban como voces que me acusan y repiten "no volverá", como si yo ya no lo supiera a ciencia cierta. Como si no fuera una daga pensarte así, tan lejos. Tu boca es un muro inquebrantable, insensato es el que no moriría electrocutado por saltarlo. Insensato es quien no daría su alma por amor pero la vendería al diablo por unos centavos de más en el banco.
Yo solo soy una imagen borrosa de mi yo.
O quizás soy otro yo.
Que de buena he sido tonta y de tonta he sido esclava. Que desde que me han diagnosticado esta nostalgia he impregnado la almohada con tu colonia cada vez que tú no estabas. Y no es rabia esta vez, es que no consigo desprenderme. No es mi fe quien dicta tus leyes, ni mi carcel tu refugio. Ya no es mi sistema solar el que te hace poner cara de sorpresa, o de guarra, o de amor desbordado. No es conmigo tu futuro. No es conmigo ni tu presente, a estas alturas.... me acaricia el vértigo. Arráncame los ojos. Dame por vencida.
Hoy el calendario está roto, los relojes están rotos y yo estoy rota. Hoy Romeo y Julieta están de luto y el tipo guapo de El Diario de Noah se ha pegado un tiro mientras miraba una foto tuya. La almohada huele a ti. Mis lágrimas son un reflejo de ti, y vuelvo a dibujar lo improbable tirando mis poemas en forma de aviones de papel por el balcón... pero (spoiler) nunca llegarás a leerlos. Ya te perdí de vista.
Encerrada en este vacío absurdo, dando vueltas a su alrededor como un satélite estropeado. Buscando las pistas con la excusa de que me conduzcan a ti. Calmando el dolor con dolor. Calmando la rabia con dolor. Hoy no nacerá ningún niño en la Tierra ni morirá ningún corrupto, si sale el sol será solo para que tus ojos brillen todavía más. La luna no la verás porque la baje por ti hace ya un tiempo, y cada estrella será uno de esos poemas en forma de avión de papel. Dirás que fui un error y yo nunca negaré que fueras mi mayor acierto.
Y yo esforzándome por no repetirte eso de "escápate conmigo" o más bien por no volver a escuchar ese no por respuesta. La casa está vacía. Empiezo a estarlo yo también.
Estoy oliendo otra vez la almohada y cuando cierro los ojos todavía parece que estás aquí.
Día 59: Refugio
Que si, que lo sé, que todas estas letras se morirán en un silencio incomodo al que ni tú ni yo querremos hacer frente. Lloverá sobre mojado cada vez que grite tu nombre y se me empaparan los ojos de más lluvia cuando te gires diciendo adiós, otra vez.
Volverás a tu refugio, lejos de mi.
Volverás a tu refugio, lejos de mi.
viernes, 21 de julio de 2017
Día 58: Arañazos en la pared
Te quiero como si llevara tatuados nuestros nombres entrelazados y ensangrentados, desde el día en el que mi madre decidió traerme al mundo. Como si el amor se me llevara contigo cada vez que te escapas (otra vez), cada vez que te escapas (más), cada vez que (me) escapas. Como si me fuera a explotar la sien cada vez que parpadeas con esos aires de ser tú y solo tú quien puede controlar el tiempo, la tormenta y el viento que consiga secarme por fin las lagrimas. De los restos de eyeliner ya me encargaré yo después. Hoy, simplemente, me siento morir entre los brazos de nadie. Acurrucada en un recuerdo que jamás podré volver a creer real y atrapada en ese pasado que me tortura como si yo fuera su jodido prisionero de guerra.
Me ata las cuerdas a la espalda, mientras me dice: "tú puedes con esto".
Yo solo pienso: "¿quien es el gilipollas que te ha dicho a ti que pueda?".
Y ahora es cuando las mariposas empiezan a distorsionarme la realidad. Las mariposas que ya no son mariposas, si no abejas reina llenándome el cuerpo de ese zumbido inestable, de esos "venid a rescatarme". Pero de verdad, callaos ya. No va a venir nadie. Nadie. Tal vez en algún momento de todo esto estuvimos a tiempo, estuve a tiempo, o tal vez no. Pero levanto la cabeza y sigo buscándote en otras caras. En otros labios. En otros cuerpos. El problema es que mi imaginación es prácticamente nula y no te encuentro en ninguno de ellos. Las miro pensando "nunca estaréis a su altura". Y en cada primer beso pienso en esa jodida iglesia. En esa perfección convertida en caricia. En ese precipicio que eres y al que decidí saltar aún con el miedo a caerme. Y hoy estoy abajo, y sigo viva aunque huela a muerte, limpiándome los arañazos con mi saliva y sin cobertura para llamar a una ambulancia. Quiero que me hagas el amor, no que me lo sigas deshaciendo... pero este pulso no lo gano yo.
El recuerdo está intacto aunque me duelen las manos de intentar doblarlo para que dejara de intoxicarme con tu risa. La culpa a un lado, intentando hacerse notar y llamando mi atención a toda costa. Mis ojos rojos, rotos... como papel de periódico mojado. Mi sonrisa escéptica, de plástico. Mis gritos insonorizados. El margen de error al borde del colapso. El mismo sitio en donde me dijiste adiós. El mismo adiós que ya me habías dicho semanas antes.
"Que quizás si vuelvo, vuelves tú" - me digo
"Que dejes de engañarte" - replico
Y entonces veo que ya no hay posible vía de escape. Ni salida de emergencia.
Ni paz para alguien tan cobarde como yo.
Eres como una cascada en medio del bosque, descontrolada. El mejor paisaje que podrás ver jamás. El peligro en tus rocas, pero lo eterno de ver como el agua las golpea sin remordimiento. La calma en la orilla, el como se enturbia creando fractales impredecibles en cuanto te acercas. Y ojalá tu sonrisa en un llavero como souvenir de que sí, hubo un día en el que estuve allí. Ese día en el que besé su arena y caminé en sus aguas. Cuando saltaba, corriendo, sin importarme lo fría que pudiera estar.
Asumí muchas culpas y después, simplemente, miré hacia otro lado. Como si eso fuera a hacer que desapareciera. Lo curioso es que a tu lado todo desaparecía. Y ahora me enfrento a mi miedo, así, cara a cara. Me mira con cara de malo y se piensa que me va a intimidar. Y un poco sí que lo hace. Quizás más de lo que me gustaría. A veces es él quien sujeta los mandos y yo me dejo ser nada, porque siendo nada es más simple no existir. Así que sí, si te soy sincera, a veces no existo.
Adicta a mirarte y en plena desintoxicación, con la aguja en la mano y el pensamiento apuntándome. Y yo sin poder evitarlo empiezo a entender a todos esos locos que hablaban del séptimo cielo.
Me rescato de mi, otra noche más.
Me ata las cuerdas a la espalda, mientras me dice: "tú puedes con esto".
Yo solo pienso: "¿quien es el gilipollas que te ha dicho a ti que pueda?".
Y ahora es cuando las mariposas empiezan a distorsionarme la realidad. Las mariposas que ya no son mariposas, si no abejas reina llenándome el cuerpo de ese zumbido inestable, de esos "venid a rescatarme". Pero de verdad, callaos ya. No va a venir nadie. Nadie. Tal vez en algún momento de todo esto estuvimos a tiempo, estuve a tiempo, o tal vez no. Pero levanto la cabeza y sigo buscándote en otras caras. En otros labios. En otros cuerpos. El problema es que mi imaginación es prácticamente nula y no te encuentro en ninguno de ellos. Las miro pensando "nunca estaréis a su altura". Y en cada primer beso pienso en esa jodida iglesia. En esa perfección convertida en caricia. En ese precipicio que eres y al que decidí saltar aún con el miedo a caerme. Y hoy estoy abajo, y sigo viva aunque huela a muerte, limpiándome los arañazos con mi saliva y sin cobertura para llamar a una ambulancia. Quiero que me hagas el amor, no que me lo sigas deshaciendo... pero este pulso no lo gano yo.
El recuerdo está intacto aunque me duelen las manos de intentar doblarlo para que dejara de intoxicarme con tu risa. La culpa a un lado, intentando hacerse notar y llamando mi atención a toda costa. Mis ojos rojos, rotos... como papel de periódico mojado. Mi sonrisa escéptica, de plástico. Mis gritos insonorizados. El margen de error al borde del colapso. El mismo sitio en donde me dijiste adiós. El mismo adiós que ya me habías dicho semanas antes.
"Que quizás si vuelvo, vuelves tú" - me digo
"Que dejes de engañarte" - replico
Y entonces veo que ya no hay posible vía de escape. Ni salida de emergencia.
Ni paz para alguien tan cobarde como yo.
Eres como una cascada en medio del bosque, descontrolada. El mejor paisaje que podrás ver jamás. El peligro en tus rocas, pero lo eterno de ver como el agua las golpea sin remordimiento. La calma en la orilla, el como se enturbia creando fractales impredecibles en cuanto te acercas. Y ojalá tu sonrisa en un llavero como souvenir de que sí, hubo un día en el que estuve allí. Ese día en el que besé su arena y caminé en sus aguas. Cuando saltaba, corriendo, sin importarme lo fría que pudiera estar.
Asumí muchas culpas y después, simplemente, miré hacia otro lado. Como si eso fuera a hacer que desapareciera. Lo curioso es que a tu lado todo desaparecía. Y ahora me enfrento a mi miedo, así, cara a cara. Me mira con cara de malo y se piensa que me va a intimidar. Y un poco sí que lo hace. Quizás más de lo que me gustaría. A veces es él quien sujeta los mandos y yo me dejo ser nada, porque siendo nada es más simple no existir. Así que sí, si te soy sincera, a veces no existo.
Adicta a mirarte y en plena desintoxicación, con la aguja en la mano y el pensamiento apuntándome. Y yo sin poder evitarlo empiezo a entender a todos esos locos que hablaban del séptimo cielo.
Me rescato de mi, otra noche más.
jueves, 20 de julio de 2017
Día 57: Puta yonki
Tu amor me ha dado la vida y después me la ha quitado, hoy creo que te siento inhumanamente lejos. Tan viva y tan muerta a la vez, y que mi renacer dependa solo de tus besos... solo soy una yonki del dolor, o de tu cariño, o de tu amor, o de las benzos que me han recetado para que deje de pensar en ti, o de... soy solo una yonki. Déjalo en eso.
Aún sabiendo que no debo quiero deshacerme en ti, vaciarme en ti. Sigo pendiente de un meteorito que jamás caerá sobre mi planeta, de un destello que tu luz jamás será capaz de regalarme. Culpándome por lo que hice y hasta por lo que no y lamentándome un día detrás de otro porque solo tengo sed de tu saliva, de tus palabras, de ti, y lo demás... son solo derivados de la morfina que no le van a quitar el mono a esta jodida heroinomana. Dispuesta a matar por un tiro. Dispuesta a morir de sobredosis.
Algunas veces me abrazas al dormir y siento que solo puedo despertar del sueño, pero cuando no estás... me gusta llamarlo apología al terrorismo. Calculo cada milímetro de esa sonrisa forzada de la que presumes y, a cada minuto que paso fuera, le tengo más miedo al mar. Me repito que puedo sin ti pero solo es otro falso posado del que vacilar cuando me doy cuenta de que todas las batallas están perdidas, y tú, perdido. Y yo... esperando el "te quiero" que no va a llegar, el beso que me hará despertar, la duda que resuelves con tu simple presencia... pero los relojes están todos rotos desde el día que me dijiste que no debía seguir luchando.
Quizás sí que no debo. Estoy viviendo una ilusión que yo misma he fabricado con metal en lugar de algodón para que el golpe duela más todavía, siempre lo hago todo del revés. Amándote hasta no saber ni qué significa amarte y entregándome al ruido de saber que no vas a volver, que ya no vas a volver, como gritos desesperados a esa persona que nunca podré llegar a ser, o los dedos con los que ya no tocaré más la cima de esa montaña, o el algoritmo que me separó de esas manos que me recubrían de sentido de existir y ahora buscan otros tactos que le sean más agradables que este negro áspero al que nadie se puede llegar a acostumbrar jamás. Que a las espinas uno no se acostumbra... jamás. Es como mis sueños rotos cuando a ti te gustaba andar siempre descalzo por casa, dolerte por dolerme y que me duelas hasta ahogar en ese futuro absurdo que ni me incluye, ni pretende, solo aprieta más la cuerda y me aleja lo suficiente como para que contemple como todo se derrumba... y me derrumbo yo entonces.
Y la verdad, siendo sinceros. Espero que nunca ames como yo te amo. Espero que no te duelan como tú me dueles, o quizás si, para que entiendas que es doler. Espero despertar algún día y que me beses en los labios y me digas "hoy sí", pero vaya, que hoy no. Ni mañana. Ni aunque te escribiera diez mil poemas y cien mil canciones de amor, porque cariño... te sienta demasiado bien no tenerme cerca aunque me siente tan mal perderte. Como si de un día para otro una estrella fugaz hubiese boicoteado el plan maestro. Como si el arquitecto del universo no quisiera esto realmente, pero tú que me subiste al cielo probablemente tengas más potestad que ese hijo de puta que se hace llamar Dios. Y eso que yo solo le pedía que me dejara descansar en paz... pero ni en mis peores guerras.
Te sonrío porque para eso ya me lloro yo encima, así por fin me limpio del pecado de arrastrarte hasta mi infierno y no saber cómo volver. Camino con las cruces a la espalda y al final son más de las que consigo ver, me pesas tú o me pesa el alma... y no sé si soy yo o es que el aire que sale de tu nariz es cada vez más dulce, aunque a veces también me huela a derrota. Me muerdo los labios hasta que sangren mientras cruzo los dedos: hoy si. Pero hoy no. Ni mañana.
El amor es solo odio y el odio es solo amor, y al final me disfrazo de los dos. Vuelvo a mi sitio, donde sabes que estaré, a esperarte mientras me convenzo de que no vas a volver. De que somos como Oniria e Insomnia. De que ya no puede ser.
Aún sabiendo que no debo quiero deshacerme en ti, vaciarme en ti. Sigo pendiente de un meteorito que jamás caerá sobre mi planeta, de un destello que tu luz jamás será capaz de regalarme. Culpándome por lo que hice y hasta por lo que no y lamentándome un día detrás de otro porque solo tengo sed de tu saliva, de tus palabras, de ti, y lo demás... son solo derivados de la morfina que no le van a quitar el mono a esta jodida heroinomana. Dispuesta a matar por un tiro. Dispuesta a morir de sobredosis.
Algunas veces me abrazas al dormir y siento que solo puedo despertar del sueño, pero cuando no estás... me gusta llamarlo apología al terrorismo. Calculo cada milímetro de esa sonrisa forzada de la que presumes y, a cada minuto que paso fuera, le tengo más miedo al mar. Me repito que puedo sin ti pero solo es otro falso posado del que vacilar cuando me doy cuenta de que todas las batallas están perdidas, y tú, perdido. Y yo... esperando el "te quiero" que no va a llegar, el beso que me hará despertar, la duda que resuelves con tu simple presencia... pero los relojes están todos rotos desde el día que me dijiste que no debía seguir luchando.
Quizás sí que no debo. Estoy viviendo una ilusión que yo misma he fabricado con metal en lugar de algodón para que el golpe duela más todavía, siempre lo hago todo del revés. Amándote hasta no saber ni qué significa amarte y entregándome al ruido de saber que no vas a volver, que ya no vas a volver, como gritos desesperados a esa persona que nunca podré llegar a ser, o los dedos con los que ya no tocaré más la cima de esa montaña, o el algoritmo que me separó de esas manos que me recubrían de sentido de existir y ahora buscan otros tactos que le sean más agradables que este negro áspero al que nadie se puede llegar a acostumbrar jamás. Que a las espinas uno no se acostumbra... jamás. Es como mis sueños rotos cuando a ti te gustaba andar siempre descalzo por casa, dolerte por dolerme y que me duelas hasta ahogar en ese futuro absurdo que ni me incluye, ni pretende, solo aprieta más la cuerda y me aleja lo suficiente como para que contemple como todo se derrumba... y me derrumbo yo entonces.
Y la verdad, siendo sinceros. Espero que nunca ames como yo te amo. Espero que no te duelan como tú me dueles, o quizás si, para que entiendas que es doler. Espero despertar algún día y que me beses en los labios y me digas "hoy sí", pero vaya, que hoy no. Ni mañana. Ni aunque te escribiera diez mil poemas y cien mil canciones de amor, porque cariño... te sienta demasiado bien no tenerme cerca aunque me siente tan mal perderte. Como si de un día para otro una estrella fugaz hubiese boicoteado el plan maestro. Como si el arquitecto del universo no quisiera esto realmente, pero tú que me subiste al cielo probablemente tengas más potestad que ese hijo de puta que se hace llamar Dios. Y eso que yo solo le pedía que me dejara descansar en paz... pero ni en mis peores guerras.
Te sonrío porque para eso ya me lloro yo encima, así por fin me limpio del pecado de arrastrarte hasta mi infierno y no saber cómo volver. Camino con las cruces a la espalda y al final son más de las que consigo ver, me pesas tú o me pesa el alma... y no sé si soy yo o es que el aire que sale de tu nariz es cada vez más dulce, aunque a veces también me huela a derrota. Me muerdo los labios hasta que sangren mientras cruzo los dedos: hoy si. Pero hoy no. Ni mañana.
El amor es solo odio y el odio es solo amor, y al final me disfrazo de los dos. Vuelvo a mi sitio, donde sabes que estaré, a esperarte mientras me convenzo de que no vas a volver. De que somos como Oniria e Insomnia. De que ya no puede ser.
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