Tu amor me ha dado la vida y después me la ha quitado, hoy creo que te siento inhumanamente lejos. Tan viva y tan muerta a la vez, y que mi renacer dependa solo de tus besos... solo soy una yonki del dolor, o de tu cariño, o de tu amor, o de las benzos que me han recetado para que deje de pensar en ti, o de... soy solo una yonki. Déjalo en eso.
Aún sabiendo que no debo quiero deshacerme en ti, vaciarme en ti. Sigo pendiente de un meteorito que jamás caerá sobre mi planeta, de un destello que tu luz jamás será capaz de regalarme. Culpándome por lo que hice y hasta por lo que no y lamentándome un día detrás de otro porque solo tengo sed de tu saliva, de tus palabras, de ti, y lo demás... son solo derivados de la morfina que no le van a quitar el mono a esta jodida heroinomana. Dispuesta a matar por un tiro. Dispuesta a morir de sobredosis.
Algunas veces me abrazas al dormir y siento que solo puedo despertar del sueño, pero cuando no estás... me gusta llamarlo apología al terrorismo. Calculo cada milímetro de esa sonrisa forzada de la que presumes y, a cada minuto que paso fuera, le tengo más miedo al mar. Me repito que puedo sin ti pero solo es otro falso posado del que vacilar cuando me doy cuenta de que todas las batallas están perdidas, y tú, perdido. Y yo... esperando el "te quiero" que no va a llegar, el beso que me hará despertar, la duda que resuelves con tu simple presencia... pero los relojes están todos rotos desde el día que me dijiste que no debía seguir luchando.
Quizás sí que no debo. Estoy viviendo una ilusión que yo misma he fabricado con metal en lugar de algodón para que el golpe duela más todavía, siempre lo hago todo del revés. Amándote hasta no saber ni qué significa amarte y entregándome al ruido de saber que no vas a volver, que ya no vas a volver, como gritos desesperados a esa persona que nunca podré llegar a ser, o los dedos con los que ya no tocaré más la cima de esa montaña, o el algoritmo que me separó de esas manos que me recubrían de sentido de existir y ahora buscan otros tactos que le sean más agradables que este negro áspero al que nadie se puede llegar a acostumbrar jamás. Que a las espinas uno no se acostumbra... jamás. Es como mis sueños rotos cuando a ti te gustaba andar siempre descalzo por casa, dolerte por dolerme y que me duelas hasta ahogar en ese futuro absurdo que ni me incluye, ni pretende, solo aprieta más la cuerda y me aleja lo suficiente como para que contemple como todo se derrumba... y me derrumbo yo entonces.
Y la verdad, siendo sinceros. Espero que nunca ames como yo te amo. Espero que no te duelan como tú me dueles, o quizás si, para que entiendas que es doler. Espero despertar algún día y que me beses en los labios y me digas "hoy sí", pero vaya, que hoy no. Ni mañana. Ni aunque te escribiera diez mil poemas y cien mil canciones de amor, porque cariño... te sienta demasiado bien no tenerme cerca aunque me siente tan mal perderte. Como si de un día para otro una estrella fugaz hubiese boicoteado el plan maestro. Como si el arquitecto del universo no quisiera esto realmente, pero tú que me subiste al cielo probablemente tengas más potestad que ese hijo de puta que se hace llamar Dios. Y eso que yo solo le pedía que me dejara descansar en paz... pero ni en mis peores guerras.
Te sonrío porque para eso ya me lloro yo encima, así por fin me limpio del pecado de arrastrarte hasta mi infierno y no saber cómo volver. Camino con las cruces a la espalda y al final son más de las que consigo ver, me pesas tú o me pesa el alma... y no sé si soy yo o es que el aire que sale de tu nariz es cada vez más dulce, aunque a veces también me huela a derrota. Me muerdo los labios hasta que sangren mientras cruzo los dedos: hoy si. Pero hoy no. Ni mañana.
El amor es solo odio y el odio es solo amor, y al final me disfrazo de los dos. Vuelvo a mi sitio, donde sabes que estaré, a esperarte mientras me convenzo de que no vas a volver. De que somos como Oniria e Insomnia. De que ya no puede ser.
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