Me masturbaré imaginando otras manos, auto convenciéndome de que me van a tocar mejor que las tuyas y con el recuerdo clavado de tus labios en cada milímetro de lo que soy, de lo que he sido, pero ya no de lo que seré. Terminaré corriéndome obligándome a no pensarte mientras recuerdo tu mirada dándole un sentido a todo. No asumiré que formas parte de mi pasado hasta que no abra los ojos y vuelva a acordarme de que te has ido, porque me duele como si alguien hurgara en mi pecho con la daga que tengo clavada desde que decidiste que ya no habría más nosotros.
Pero vaya mierda de beso de despedida.
He pensado demasiadas veces en cómo parecerme más a ella, o en cómo parecerme menos a mi. Pero nada ha funcionado, soy como un juguete roto. Con fecha de caducidad. No entiendo en qué momento me creí ese para siempre. También me culpo por eso.
Solo espero que el cambio sea a mejor.
Porque si algún día decides volver me habré marchado para siempre.
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