miércoles, 26 de julio de 2017

Día 62: Ojalá (y otros desperfectos)

Todos los caminos llevan a ninguna parte.

Te abrazo como si fuera la ultima vez que pudiera hacerlo y rezo para que no lo sea. Te huelo, te siento dormido a mi lado y el mundo se para... pero el tiempo no. Rezo por qué nunca suene la alarma que me separe esta mañana de ti y sé que eso es jugar con la improbabilidad, pero siempre he sido de apostar fuerte y ir de all in aunque fuera de farol. Tu respiración es el mantra perfecto. Tu forma de moverte sin ser consciente de tus movimientos. Cuando me abrazas fuerte y me siento en el séptimo cielo... donde nadie más que tú y yo hemos podido llegar. Ese que nadie más que tú y yo hemos tocado, rozándolo primero con las yemas de los dedos para después quedarnos a vivir en él un tiempo. Hasta que me desterraste.

Te miro. Te hago una foto. Y ahora entiendo más la palabra perfección. Me nublo como el cielo en días grises como este cada vez que pienso que tus labios ya no me darán de beber... y todo a mi alrededor se nubla. Quiero acariciarte la espalda, que se te ponga la piel de gallina y notes mi ser en cada trazo. Quiero besarte el cuello y despertarte siendo uno. Quiero apartarte el pelo y decirte al oído que te amo.

Pero no puedo.

domingo, 23 de julio de 2017

Día 60.3: Olvido nº 1

Hoy tengo que sincerarme conmigo misma. Asumir que soy la única que añora un pasado que no llegó a existir. Creer en el reemplazo, creerme un objeto de fácil sustitución. Viendo la misma película que protagonicé hace cinco años siendo otro personaje más en ella, sin interés ni relevancia, sin una sola frase en el guión. Ese personaje al que todos terminaran odiando al final. Y hoy es el final.

A veces tengo tantos sentimientos enclaustrados que siento estar al borde de explotar.
Amor. Odio. Envidia. Celos. Miedo. Rabia. Tristeza. Culpa.
Y a veces hasta exploto.

Hoy tengo que sincerarme, decidir entre el bien y el mal y dejar que mi instinto haga el resto. Confiarme mi vida y ahogarme en la tuya, Vivir en el malestar, para que el pueda dejar de vivir en mi. Y olvidar tus caricias. Sobretodo, olvidar tus caricias. Olvidar esos labios que me piden guerra a gritos. Olvidar esos ojos abduciendo mi cerebro en cada pestañeo. Olvidar esta impaciencia que me hace esperarte mientras me muerdo las uñas y pienso en como hacer para estar más guapa cuando llegues... que consigas ver a otra persona en mi, quizás. Pero no. Hoy tengo que sincerarme y olvidarte.

Y olvidarte.

O recordar que nunca más voy a beber de tu boca, que ya no habrá más cielo, que tu olor se difuminara entre el olor de otra y dejarás de pensar en mi mientras la follas. Una vez. Y otra. Y otra. Mientras te corres en su boca. Una vez. Y otra. Y otra. Hasta olvidarme. Hasta que yo me vea recordando que ya nunca más tus manos harán de guía por mi cuerpo, que tus ojos cambiaron de órbita. Que tus orgamos ya no serán más nuestros, ni los míos más tuyos. Que me perdí entre tanta mierda. Te perdí por tanta mierda. Por esperar a que pasara algo. Por no entender. Por no vivir.

Solo
soy
esta
mierda.

Incapaz de olvidarte.

Día 60.2: Hielo

Una vez una psicóloga, en uno de esos intentos de parecer inteligente, me dijo que la mejor solución para cortar el bucle de mi cabecita de raíz era morder hielo. Pues bien, hay un pequeño problema:

No me dejas morderte.

Se lo dije y se reía a carcajadas.

Pero a mi no me hace ni puta gracia.

Día 60.1: Miedo

Tengo miedo
solo sé
que tengo miedo.

Escribo un:
"te necesito"
y lo borro sin haberlo enviado
porque tengo miedo.

Cobarde
o racional
llámalo X.

Pero
yo lo llamo miedo.
A quererte. A desearte.
A que el pedestal donde te puse
esté demasiado alto.
Miedo al miedo,
a chocar en pleno vuelo
con tu hambre
y no saber aletargarla
como merecerías.

Tengo miedo,
escribo y borro.

Me paraliza el miedo.

Día 60: Stranger in a room




La soledad se me acerca, impertinente. Enciende las luces de toda la casa para que cuando me despierte piense que sigues aquí. Apunta a perder y acierta justo en el centro de la diana. Me apago como cuando se funde una bombilla, avisando con un leve parpadeo y después muriendo entre destellos de (no) luz, y vuelvo a llorar bajo el agua fría de la ducha en donde hace unos días te desprendiste de mi olor. Es difícil apartarme cuando en cada curva de mi cuerpo tengo escrito tu nombre. No hay camino en donde no hayas dejado tus huellas, ni pensamiento del que no desvíes mi atención, ni palabra que pueda pronunciar sin bañarme de nuevo en tu recuerdo. En tus ojos. En el mar. Cinco kilómetros que casi parecen cinco-mil cuando pronuncias mi nombre desde lejos. Y lo escucho porque eres tú. Y te escucho porque soy yo.

Ya no hay gato para este ratón.

Dispuesta a caerme si te voy a encontrar en el fondo. Pero creo que hoy nos limitaremos a ser ceniza, excusas encima de excusas que con el tiempo han creado un muro prácticamente inquebrantable que no voy a poder saltar. Del que no vas a querer salir. Nos limitaremos a ser extraños. Me limitaré a esta decadencia de saber que nunca más te voy a encontrar, y que si lo hago probablemente no te reconozca ya. Pero te lo juro, que con tu saliva mis heridas se curaban mejor. Que después de que dieras tu primera calada los porros me sabían mejor. Que me has matado de amor en cada orgasmo y me has resucitado después, enseñándome lo maravilloso que podía llegar a ser vivir y sonreírte al mismo tiempo. Pero hoy me rindo a la caída aún sabiendo que ya no están tus brazos para sostenerme, que esta vez dolerá. Que no hay red que soporte todo este peso.

Me entrego a la vida.
Me entrego a la muerte.
Me desnudo ante ti.
Desapareces.
Desaparezco.

Acaricio el muro por si es la última vez que puedo tocarte, rodeándolo tantas veces como me permita el día. Me trago mis palabras antes de que me traguen ellas a mi, ya sabes bien que cuando se encienden van a mecha suelta y no entienden de escrúpulos. Intento escaparme de mi, y en esa extraña distopía todos mis yos me dan la razón, aún sabiendo que no tengo posibilidades, soy yo contra la banca (y la banca siempre gana). Que voy a contarte yo a estas alturas. Seguiré pensando que los que están equivocados son ellos, y aunque no merezca tu risa seguiré deseándola cada noche al acostarme... seguirá faltandome cada mañana al despertar. Esas mañanas en las que me doy cuenta de que me dormí sin darme cuenta, cerrando los ojos cuando huelo tu lado de la cama y creyéndome mi sueño. No voy a ser yo quien diga que están equivocados, pero están equivocados. O quizás soy yo quien se equivoca. Quizás en lugar de sentarme a esperar debería sentarme y olvidar lo que algún día quise recordar para siempre. Pero vuelvo a tumbarme en tu lado mientras miro el reloj. Parado. Mientras siento tu olor... y me evado, respiro, y me voy de mi, y vuelvo a ti. Y al cerrar los ojos, por un segundo, vuelvo a sentirme alguien.

Ojalá vuelvas algún día a sacarme de esta pesadilla.

Ojalá pudiera alegrarme de que seas feliz.

sábado, 22 de julio de 2017

Día 59.5: Llámame

Prometo dejar el cadaver más bonito que hayas visto nunca. Prometo ser el desastre natural más hermoso que hayas presenciado jamás. Pero no puedo prometer que vaya a olvidarte, que no te vaya a echar de menos como la arena de mi playa echaría de menos a tus veintidós mares. Seca, estremeciéndome al recordar que fuimos lo más grande en el universo... aunque solo fuera un ratito.

Quiéreme, solo puedo pedirte que me quieras, que me ames de forma incondicional... como hiciste alguna vez. Quiéreme. Piensa en mí cuando necesites el calor de unos brazos que sepan apreciar la totalidad de tu ser, piensa en mí cuando te corras en otras manos, piensa en mí. Quiéreme. Injustamente, pero quiéreme. Sin merecerlo, pero quiéreme. Con rabia, con deseo, con odio y hasta con amor. Quiéreme como te quiero yo, hasta que te produzca angustia olvidarme. Hasta que te produzca esta misma angustia... no me olvides.

Vive. Sonríe. Disfruta. Replica. Discute. Baila. Folla. Escupe. Vomita. Drogate. Bebe hasta perder el conocimiento. Cúlpame. Ríete hasta ahogarte. Descúbrete. Defínete. Dibújate. Canta. Escribe. Pincha. Observa el mundo. Cambia de prisma dos mil veces. Sé feliz. Mírate a contraluz y deléitate con tu silueta. Mírate al espejo y ríete de quién dijo que no podrías con todo. Come. Gasta. Habla. Ama. Odia. Confía. Aprende. Encuéntrate. Pero ven a buscarme luego. Recuérdame como tú constante. Recuérdame dentro de diez años, de quince, de veinte, cuando necesites que recoja tus pedazos del suelo. Llámame cuando estés solo y no soportes el frío.

Vuelve.
Cuando sea.
Pero vuelve.

Ese día sentí un calambre, como un golpe de electricidad, como si tu ser fuera puro magnetismo, y supe que iba a ser la única vez, la última vez que sentiría algo así. Recuerdo cada detalle cómo si alguien lo hubiese ilustrado para nosotros. Y sabía que iba a ser la última vez.

Ese día vi en tus ojos el final. Y supe que era el final.

Pero esto me queda grande.

Tú
me quedas grande.