Prometo dejar el cadaver más bonito que hayas visto nunca. Prometo ser el desastre natural más hermoso que hayas presenciado jamás. Pero no puedo prometer que vaya a olvidarte, que no te vaya a echar de menos como la arena de mi playa echaría de menos a tus veintidós mares. Seca, estremeciéndome al recordar que fuimos lo más grande en el universo... aunque solo fuera un ratito.
Quiéreme, solo puedo pedirte que me quieras, que me ames de forma incondicional... como hiciste alguna vez. Quiéreme. Piensa en mí cuando necesites el calor de unos brazos que sepan apreciar la totalidad de tu ser, piensa en mí cuando te corras en otras manos, piensa en mí. Quiéreme. Injustamente, pero quiéreme. Sin merecerlo, pero quiéreme. Con rabia, con deseo, con odio y hasta con amor. Quiéreme como te quiero yo, hasta que te produzca angustia olvidarme. Hasta que te produzca esta misma angustia... no me olvides.
Vive. Sonríe. Disfruta. Replica. Discute. Baila. Folla. Escupe. Vomita. Drogate. Bebe hasta perder el conocimiento. Cúlpame. Ríete hasta ahogarte. Descúbrete. Defínete. Dibújate. Canta. Escribe. Pincha. Observa el mundo. Cambia de prisma dos mil veces. Sé feliz. Mírate a contraluz y deléitate con tu silueta. Mírate al espejo y ríete de quién dijo que no podrías con todo. Come. Gasta. Habla. Ama. Odia. Confía. Aprende. Encuéntrate. Pero ven a buscarme luego. Recuérdame como tú constante. Recuérdame dentro de diez años, de quince, de veinte, cuando necesites que recoja tus pedazos del suelo. Llámame cuando estés solo y no soportes el frío.
Vuelve.
Cuando sea.
Pero vuelve.
Ese día sentí un calambre, como un golpe de electricidad, como si tu ser fuera puro magnetismo, y supe que iba a ser la única vez, la última vez que sentiría algo así. Recuerdo cada detalle cómo si alguien lo hubiese ilustrado para nosotros. Y sabía que iba a ser la última vez.
Ese día vi en tus ojos el final. Y supe que era el final.
Pero esto me queda grande.
Tú
me quedas grande.
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