Eres esas páginas que nunca quise tachar
y también las que ensucié con tinta
cuando me vi estando de más, cuando me veo
que estoy de más...
pero tú; tú eres
esa oportunidad que perdí por no querer mirar al frente,
la pieza perdida del puzzle.
Soy consciente, demasiado quizás
de quien (no) soy
y también de quien jamás seré,
soy cómplice
de las nubes que me llueven
y también del sol que no saldrá aunque le suplique
hasta verme llorándole al cosmos
para que el ácido de mis lágrimas me recuerde
por fin
donde he estado todo este tiempo.
Traigo el alma apagada,
los ojos negros
y la cruz encima,
el odio me rodea, la rabia acorralándome,
tú allí sentado sin mirar
sin querer mirar.
Te escribo un día, y otro día, y otro día
para no decirte nada
en resumen,
repetir el cuento y cerrar el libro
porque no acabará bien
aunque quiera autoengañarme
(para variar)
duele más cuanto más asumo.
Me gustarían muchas cosas
pero no se puede tener todo
y tú eres todo.
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