jueves, 27 de julio de 2017

Día 63.2: Olvido nº 2

Indagar dentro de mi. Encontrar esa ciudad fantasma. Caminar por las calles oliendo a apocalipsis. Llover encima tuyo, para que me recuerdes. Ser nube. Ser mar. Ser sol. Ser montaña. Ser pájaro. Y metal. Horizonte y viento frío. Comerme mi propio corazón, antes de que todos estos sentimientos decidan que ya es el momento de que vomite; y así es como llené todas las paredes del cuarto de sangre, de amor y odio y de despedidas a medias que nunca sabré olvidar. Soy aire, a veces cristal. Tormenta de verano e hija de Lucifer.

Saldré de aquí, me lo prometo.

En algún momento dejaré de seguir esas huellas que me llevan a pecar. Dejaré de mirarte los labios como si algún día de estos fueras a decidir besarme, como antes y como nunca nadie lo hará. Pero algo me dice "despierta, has de empezar a olvidar". Alguien me apunta y me dice "o olvidas o morirás". Me pone el cuchillo en el cuello y repite "olvídate o morirás".

Y sigo llorando como esa niña el día que nadie recordó que era su cumpleaños.
Como el día en el que se le escapó el globo.
O como cuando fue la policía a casa y volaron ceniceros.
Pero seguía esperando a que el amor la hiciera libre.

Realidades alternativas (escondidas en tus ojos).

Saldré de aquí.

Atrapada en la paradoja de que cuanto más duela más viva me sentiré. En un lago plagado de caimanes con la cara de todos los errores que cometí en el pasado. Abrazándolo de puntillas, para no despertarlo. Atrapada en el nunca que es todo. En el todo que es la nada. En ti, en definitiva. Solo tienes que imaginar esa vez que te doliste tanto que deseaste no existir... y multiplicarla por infinito. Solo tienes que mirar mis ojos para entender el vacío que crece a medida que asumo el destrozo, mi propio desastre. Con las piernas bañadas de sangre. El odio bañado de negro. El amor teñido del color de tus ojos cuando les alumbra el solecito de las nueve de la mañana y la prisa del que sabe que le quedan solo dos suspiros de vida. La excusa bañada en excusas, que se convierte en una excusa más para que asuma ese no. No puedo no echarte de menos. Así que decidí arrancarme los ojos.

Ponle mi nombre al odio. Ponle mi cara cuando te sientas explotar. Yo haré lo mismo. Para siempre, como restos de lejía en la ropa, mientras mi mundo se tuerce y ninguna voz se parece a la tuya, ningunos ojitos se parecen a los tuyos. No hay calor que se parezca al que desprendes ni aura más dorada que la que veo en esos días en los que todavía consigo verte. Tú eres mi Santo Grial.

Pero me lo prometo, saldré de aquí, solo me queda esperar a que el cielo deje de estar nublado para que sepa bien por donde echar a volar. Hacía donde estoy yo. Las coordenadas exactas de tu cuerpo. Solo me queda encontrarme entre escombros. Encontrar el valor que determina la crisis. Dibujarte y tacharlo después. Como si fuera a solucionar algo.

Le estoy aullando a tu dios a ver si me escucha y nos cambia el destino.
Aunque ya sé que nacemos para morir.

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