Tengo tantas cosas que callarme
que no sé ni por donde podríamos empezar.
Todavía tengo tus orgasmos guardados
en el cajón en donde guardo mis poemas
bajo llave, para que no se te ocurra abrir.
Y ahí va este agosto acercándose, diciéndome
''no lo has conseguido''
y está bien. No lo he conseguido.
Esta vez tiene razón.
Pero yo solita me torturo.
No te necesito.
Esa forma de acercarse, como con miedo a despertarme,
aunque no estuviera ni dormida.
La forma de asentir pero sin querer que adivinase
que era aquello que escondía.
La verdad.
Un día la vi de frente
y el gusano dentro mío se retorcía
como si lo estuviesen aplastando
lentamente. Hasta dolerme.
Sin control.
Contigo el mundo era más mundo.
Más humano. Y yo más capaz.
Solo pienso:
''si no ha venido conmigo
será porque así está bien,
será porque bastará".
Yo sola ya me torturo.
No te necesito más.
Vi tus ojos como platos cuando viste mis cortes
y tu los míos saliendose de tu mar.
La sangre seca con tu nombre. Con el mío.
Con las noches que ya nunca volverán.
Los ojos rojos. Inhalo. Me miro.
Te miro y lloro. Y ¿que más da?
Es verano.
Pero echo de menos tu calor
y paso frío por las noches desde que te has ido.
Pero ¿que más da?...
Si ya no te necesito.
Es veneno.
Como el que escupo cuando pierdo la razón.
Como quererte. Como sentir. Como tu voz.
Y baño en él mis cicatrices
para que abran las heridas o las curen ya del todo.
Para que me maten en vida
o me respondan al "¿como?".
No existe. No existes.
Y a veces
hasta dudo de si hemos llegado a hacerlo
alguna vez.
Es verano pero echo de menos tu calor.
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